Al estilo de las “ventanas” que abrimos, una sobra otra, las dimensiones de nuestra vida coexisten, aflorando de diferentes maneras según las circunstancias.Todos tenemos heridas, situaciones con lo que coexistimos de manera tormentosa, recuerdos amargos, percepciones de la realidad que nos enojan o nos entristecen. Existen aquellas que creen que esa dimensión de lo doloroso o “feo” debiera imponerse y copar todo el ser como si abrirle la puerta a la mínima alegría fuera una traición al sufrimiento propio y ajeno. ¿Cómo podes disfrutar de ver la luna llena habiendo tantos niños con hambre en el mundo? ¿Cómo podes reírte de una película habiendo sufrido tamaña traición? ¿Cómo retomar la sensualidad tras sido violada?Las frases son reales; la tristeza nos impide la alegría.Nuestros dolores y tristezas no son lo único que nos define, y eso lo saben aquellos que, habiendo sufrido, coexisten con el penar y le suman a este la capacidad de la alegría o de abrirse a otras dimensiones vitales.Nos pueden pasar cosas tristes, pero el mundo no “es” triste.El mundo tan solo “es” de una manera tan neutra y objetiva que suele dar bronca.Solo con el tiempo nos damos cuenta de que eso nos ayuda a seguir, sin espantarnos.Somos como una radio con capacidad de sintonizar múltiples frecuencias, pero de una sola vez.Todas las frecuencias están allí. “Transmitiendo”, pero los dueños del dial, al menos en buena medida somos nosotros. La sintonía de nuestro penar nos impide que exista la frecuencia de la alegría.Todos lloramos lo nuestro. Pero sabemos que el dolor no es un pantano para siempre, que es un cruel compañero de ruta. Que el dolor y la tristeza sean puertas a tantas cosas fecundas es una gigantesca paradoja. Pero así son las cosas.HaikuLa mejor forma de no violar un secretoes no contarlo.Colabora: Aurora Bitó[email protected]




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