En un número reciente de la prestigiosa revista española Yoga Journal encontramos un artículo inquietante, que parece desentonar con la excelente información específica de todas sus entregas, porque se refiere a casos en que la práctica del Hatha Yoga es llevada a comportamientos extremos, hasta el punto de ser desaconsejada. Estos casos son expuestos por médicos, psicólogos, investigadores y educadores de diversas instituciones de los Estados Unidos, que se ocupan de problemas de imagen corporal, desórdenes alimenticios, ansiedad y depresión en adultos jóvenes.Es lo que le sucedió a una estudiante universitaria de Dallas, quien luego de sufrir una agresión sexual padecía ansiedad, depresión y estrés postraumático que la impulsaron a iniciar una dieta estricta, gimnasia intensiva y frecuentes “limpiezas” con zumos en su afán de “purificarse”. Hasta que descubrió el Yoga y se aferró a él como a un salvavidas, ya que la ayudaba a relajarse, fortalecerse y estimar su cuerpo nuevamente, además de integrar un grupo que la hacía sentirse segura. Pero se volvió compulsiva con la práctica mientras caía en una desnutrición severa, deshidratación y anorexia que pusieron en riesgo su vida y requirieron otros tratamientos.Por otra parte, como práctica saludable, el Hatha Yoga ayuda a muchas personas a recuperarse de dolencias físicas y emocionales si comprenden que deben ser amables y cuidadosas consigo mismas. Pero en el artículo de referencia se señala que en una cultura que celebra la delgadez, la hiper flexibilidad y la perfección de la imagen física externa -lo que puede implicar desórdenes alimenticios o problemas de imagen personal-, la esperanza de sanación física, emocional y espiritual, así como la búsqueda de respuestas, puede resultar en una distorsión del verdadero sentido de nuestra disciplina de conexión mente-cuerpo y autoconsciencia. Entonces encontramos un voluntarismo exagerado, con dura exigencia y autocrítica, hasta el punto de utilizar el Yoga como un programa más de ejercicio físico intenso, así como de emplear sus enseñanzas filosóficas sacadas de contexto para criticarse.Siempre refiriéndonos al artículo mencionado, un estudio de la Universidad de California revela que un 46% se recupera de la anorexia y la mitad de los pacientes vuelve a caer. Es por eso que un número creciente de especialistas consideran que es necesario recuperar la conciencia corporal, ya que estos pacientes pueden experimentar un déficit de lo que los neurocientíficos llaman CONSCIENCIA INTROCEPTIVA: la capacidad de SENTIR estados corporales internos como hambre y saciedad, sed, emociones, dolor, ritmo cardíaco –y agregamos circulación, vibraciones, postura y respiración -. Y según investigaciones de dicha Universidad, los practicantes de Yoga tenían más conciencia corporal y respuesta a las sensaciones que los no practicantes. Se comprendió así que las aplicaciones terapéuticas del Yoga pueden adaptarse para recuperar la consciencia introceptiva de los pacientes, así como la auto-aceptación y la alegría de vivir a partir de la conexión con la respiración y la sintonía con el cuerpo y la mente en el ahora. * Y este es el happy end de las inquietantes situaciones planteadas en el artículo que hemos considerado: algunas pacientes recuperadas se convirtieron en psicólogas clínicas y profesoras de Yoga. Namasté.Colabora: Ana Laborde Profesora de Yoga [email protected]. 4430623





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