Buscar una vida mejor fue, es y será uno de los retos más importantes de la humanidad, que encontró una respuesta en la migración, una expresión valiente ante la adversidad. En la actualidad la globalización, los avances en las comunicaciones y el transporte incrementaron en gran medida el número de personas que tienen el deseo y la capacidad de mudarse a otros lugares. En diciembre de 2000, la Asamblea General de la ONU, ante el aumento de los flujos migratorios en el mundo, proclamó el Día Internacional del Migrante al 18 de diciembre (resolución 55/93). Diez años atrás, la Asamblea ya había adoptado la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares (resolución 45/158). PRIMERA EDICIÓN recogió cuatro historias de hombres y mujeres llenos de coraje, que dejaron su tierra y se lanzaron a la aventura de buscar otro destino.Claudia Sakautzki es obereña, sus treinta y pico de años encierran una vida de lucha y carencias que su espíritu de superación le obligó a enfrentar y, con el corazón agradecido, pero sin olvidar sus raíces, su esencia, comienza a contar su historia.“En 2004, estando en Argentina, pasaron una serie de cosas, una de ellas era no tener un puesto de trabajo seguro, el no tener estudios lo hacía todo aún más difícil, veía que mi marido trabajaba, trabajaba y no nos alcanzaba el dinero, no podíamos pagar las cuentas, prácticamente no nos alcanzaba para comer, teníamos un hijo de cuatro años y entendía que no podía darle un futuro.Un día que fui a una heladería, cerca de la costanera, cuando recién se comenzaba a construir, cerca del puente, tenía 23 ó 24 años, a pedir trabajo y me dijeron que era vieja para trabajar allí, me quedé anonadada, con veinte años era vieja, no lo podía creer. Poco después entré en una empresa que se llamaba Mercosur, me pagaban 150 pesos, era nada, fue una vida de miserias, trabajaba todo el día en la frutería que teníamos con Nacho, mi marido, y no llegábamos a fin de mes, entonces tomé la decisión de viajar a España”.Obviamente no fue fácil, “antes de empezar este largo trayecto tuve que hablar con mi marido, le dije que no iba a perder mi vida, ni la suya, tampoco el futuro de nuestro hijo, que había tomado una decisión y que si me quería tenía que venir conmigo, no le gustó la idea, tuvimos discusiones muy fuertes pero estuvo a mi lado. No tenía pasaporte, tuve que viajar a Buenos Aires, porque en Misiones el trámite tardaba un montón, tomé el tren y demoró treinta horas en ir y otras treinta en volver, fue un caos, pero Nacho me acompañó y para mí eso fue importante”.Había que llegar a España, entonces “nos internamos en la chacra durante meses a cortar pino para vender y recaudar el dinero para el pasaje, fue una película lo que vivimos, pero finalmente reuní el dinero. La situación más difícil de mi vida y por la que no quiero volver a pasar fue el momento en que iba a subir al avión y vi a mi hijo mirándome, entendí que quizás no lo volvería a ver, que no sabía qué iba a ser de mí, qué me iba a pasar, aunque le había prometido a él y su papá que en tres meses estarían conmigo allá. Sólo Dios sabe lo que sufrí en ese momento”, relató Claudia con un nudo en la garganta.Y continúa su historia: “El viaje fue muy duro, pero tuve suerte, me dejaron entrar, la persona conocida que me esperaba en el aeropuerto me dejó en una habitación en la que había chicas de varios países, una paraguaya, una boliviana, y ahí estaba, sin trabajo, sin tener para comer, no tenía un duro porque había llevado dólares, hasta que una compañera de esa pieza me llevó a un banco clandestino y los pude cambiar, perdí muchísimo dinero. No sabía que hacer, salía a caminar y me perdía, hasta que una chica me consiguió una entrevista de trabajo, así fue que me tomaron como acompañante de una señora, cama adentro, trabajaba de lunes a viernes, los viernes salía e iba a la pieza, pero no tenía para comer, he pasado hambre, tres días justos sin comer, sentía que mi vida no tenía sentido, no tenía a quién ver, deambulaba sola. Un fin de semana me encuentro con que me habían sub-alquilado la habitación, ya no tenía donde dormir, entonces esta amiga que me ayudó a conseguir el trabajo me llevaba a la casa donde ella trabajaba, también cuidando a una señora mayor que estaba un poco sorda, allí, escondida, dormía y comía”. Los primeros tres meses pasaron y Claudia pudo cumplir con su promesa, su marido y su hijo viajaron para estar los tres juntos, sin embargo todo resultaba cuesta arriba. El no tener documentación no sólo los condenaba a ser perseguidos por la Policía, sino que además los exponía a trabajos que luego no eran remunerados. Pero todo mejoró después de cuatro años, cuando consiguieron los papeles. “Después de sufrir bastante conseguimos estabilizarnos, ojalá nuestro país pudiera tener algo de lo que tiene España, la seguridad, la economía, la salud pública, la educación. Pude estudiar, me pude recibir, de vivir en una misma habitación con seis chicas a tener un buen departamento, luego una casa, pude viajar, recorrer el mundo le doy a mi hijo lo que quiero, tengo lo que quiero, pero hay otras cosas, la familia, los amigos, tus costumbres, Navidad, aquí las navidades son frías, no existe eso de rodearse de los vecinos, en el patio, aquí la gente no confía, aquí la gente se reúne en los bares a tomar su café y no te invita a la casa y yo no quiero esta vida para mí. Quiero volver pero si quiero llevar mi coche no puedo porque los impuestos son tan altos que sobrepasan hasta un 100% el valor del auto, estoy luchando por eso, tengo la esperanza de que esto cambie con el nuevo Gobierno, ojalá esto cambie y quienes estamos fuera podamos volver”, deseó Claudia.Valeria Scherf también se animó a dejar la tierra colorada y buscar un nuevo rumbo para su vida, aunque su historia fue completamente distinta. “En 2006 había sido seleccionada por la organización americana Visiting International Faculty (VIF Program) para ir a vivir y trabajar en Estados Unidos. Tuve la suerte de que el programa nos daba todo: visa, pasajes pagos, trabajo, seguro médico, un equipo humano para ayudarnos a conseguir un lugar donde vivir, tres días de preparación en un hotel para aprender donde nos estableceríamos, el sistema escolar en el que trabajaríamos y con las leyes de tránsito de dicho país, para manejarnos en forma segura en nuestro nuevo lugar. "Al principio no estaba muy interesa en ir. Tenía tanto trabajo como profesora de inglés en la escuela de Comercio de Jardín América y en el Ipesmi de esa localidad como en Eldorado, pero mis amigos y colegas me apoyaron para dar ese paso, me hicieron ver lo afortunada que era al tener esa posibil
idad. Decidí ir y tomarlo como un regalo que me daba Dios o la vida, luego de perder a mis padres en un accidente de tránsito. ¿Y la verdad? Gracias a Dios por mis amigos que me empujaron y que me animé a hacerlo. "Fue una experiencia hermosísima, conocí e hice amistades con docentes de países como Alemania, España, Costa Rica, México, Colombia, Australia, Rumania, Nueva Zelanda, Inglaterra, Sudáfrica, entre otros. También con otros docentes de Argentina, que eran de Mendoza, Chaco y Buenos Aires. Todavía me acuerdo de cuando me dejaron en Charlotte, Carolina del Norte, la segunda ciudad más grande del sudeste de Estados Unidos, como las rodillas me temblaban. Desde 1995 viví en Jardín América, muy pequeña comparada con Charlotte. Respiré hondo y recordé las palabras que nos dijeron en los tres días de preparación en Raleigh, Carolina del Norte: ’Failure is not an option here – Fracasar no es una opción acá’. "Un mes después de llegar a Charlotte, yendo a la escuela un lunes a la mañana, tuve un accidente con el auto. Por suerte estaba bien, pero mi automóvil estaba muy dañado. Acá sin un auto no se puede hacer nada, ya que las distancias son grandes de un lugar al otro. Por suerte, Anushka, una docente de la India que había venido como representante de Nueva Zelanda y trabajaba conmigo en la misma escuela, me ayudó llevándome y trayéndome al trabajo hasta que mi auto estaba arreglado. Cuando me pasó el accidente lloré, lloré mucho y fue la única vez que deseé no haber venido. Susan, la señora americana con la que vivía me dijo: ’Valeria, las cosas van a mejorar’. Y las cosas mejoraron. "Con una mente abierta, actitud positiva, trabajando mucho, dando lo mejor de mí y siempre confiando mucho en Dios, me volví parte de la escuela que trabajaba y de la ciudad hermosa en la que vivía. Me encariñé mucho con mis alumnos, mis colegas y mis nuevas amistades. Con mis amigos internacionales, los fines de semana organizamos viajes, fiestas, reuniones. Al ir a misa, me inserté aún más en mi comunidad, conociendo realmente a la gente americana. A los meses de estar acá, comencé mi primera maestría, conocí a muchos docentes internacionales e hice grandes amistades con otros docentes argentinos también. Con la segunda, todos mis compañeros eran americanos, y esa fue también una experiencia interesante al estar y compartir con ellos tantos momentos de clases y trabajos en grupo. "Sin darme cuenta, estaba enamorada de mi nueva vida en este nuevo país y agradezco a Dios por la gran posibilidad que me dio, al ser profesora de inglés, de realizar este sueño de vivir, trabajar y estudiar en un país de habla inglesa. Al estar en el exterior uno siempre sigue lo que pasa en la Argentina y uno es un poco un “embajador” de su país al transmitir y enseñar nuestras costumbres, cultura, recetas y llevar el mate siempre con uno. "Vivo en el exterior, pero siento que mi corazón es y siempre será muy argentino. Uno llora, sufre, celebra y ríe con las distintas noticias y sucesos que ocurren en Argentina. En los mundiales uno siempre lleva puesta la camiseta celeste y blanca, no importa donde uno esté (si uno tiene una reunión de trabajo, un curso de perfeccionamiento o atendiendo una clase). A los que tienen la oportunidad de viajar y vivir en el exterior, les digo que sí, háganlo. Es una experiencia única y hermosa. La vida es un regalo de Dios y la vida es eso: experiencias y momentos vividos y compartidos con otras personas. Eso es lo único que te llevas cuando te vas”. Argentina, también un destino Así como muchos argentinos buscaron traspasar las fronteras del país, muchos eligieron Argentina para construir sus sueños. Como Janaina Pedrosa, que abandonó las playas de sus Brasil natal para escribir una historia de amor en la tierra colorada.En Brasil se dice que “historia de amor no sube sierra”, explica Janaina e, inmediatamente, agrega que “el nuestro ya subió varios kilómetros. Es que conoció a su marido un verano, en la playa, donde se enamoraron y el flechazo sobrevivió la temporada y una más y más.“Decidimos que queríamos estar juntos y él fue a buscarme, no hubo tiempo para pensarlo mucho, llegó un viernes por la noche a buscarme y el lunes estábamos viajando, era algo que tenía que pasar, que debía ser así y no me arrepiento para nada”, señala.Hace catorce años que su vida está en Posadas, junto a su esposo y dos hijos, sin embargo, como todo comienzo, los primero días no fueron color de rosas, “me encanta Argentina, pero el principio fue difícil, por la convivencia, por estar lejos de la familia, mi mamá era también mi amiga y fue muy difícil tenerla lejos, pero es lo que imaginaba. El tiempo ayuda a superarlo todo, aunque la verdad que hasta ahora se extraña, aunque uno se acostumbra y lo volvería a hacer, me gusta la vida en Posadas, en Argentina”, dice Janaina.Mouhamed también eligió Misiones. Es de Senegal y asegura que desde pequeño soñaba con reunir el dinero para salir y luchar por un futuro, sabiendo que él podía.“Argentina es un lindo país, con buena gente, sobre todo, y eso es lo más importante. Cuando venía no pensaba en la gente, venía con mi propio sueño, con mi orgullo, decía en cualquier momento voy a estar en el mundo, yo sé que puedo. Tenemos una costumbre que aquí no conocen, en mi país, cuando se toma una decisión, por ejemplo, llegar a cualquier lado del mundo, se sabe que el camino es largo pero la vida sigue y puedes llegar a donde quieras”, y Mouhamed llegó a Misiones.Aquí, ya instalado, asegura que “lo único que me costó cuando llegué fue el idioma, me constó muchísimo, pero gracias a Dios sigo aprendiendo”.





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