PUERTO IGUAZÚ. “A mi hermano lo mataron, pasa que no se investiga a fondo”. Dos años después, Antonio mantiene las sospechas sobre lo que sucedió con Andrés Estepa (50), su hermano, cuyo paradero y condición es un misterio desde que el miércoles 14 de agosto de 2013 desapareció en un monte de Puerto Esperanza, donde había ido a cazar.“Nunca bajamos los brazos, seguimos intentando buscar la verdad por nuestra cuenta. No creo que él esté con vida, a mi hermano lo mataron y si las autoridades apretaran más seguramente llegarían a los culpables”, reflexiona con dolor el hombre, en diálogo exclusivo con PRIMERA EDICIÓN, en un nuevo aniversario del misterio.“¿Cómo puede ser que mi sobrino llamó al número de Andrés y alguien lo atendió? Esa voz anónima le llegó a decir que estaba en Andresito. En esa pista tendrían que apretar los investigadores. Me parece y lo dije desde un principio, desde el momento mismo en que desapareció, que a mi hermano lo mataron los ‘ñandúes’”, afirma Antonio, en relación a los cuidadores privados del sector de monte en el que cazaba. La pista del teléfono celularJustamente una de las últimas pistas que siguió la Justicia fue esa llamada telefónica que mencionó el familiar de Andrés Estepa. Al respecto, hubo al menos dos allanamientos en los domicilios de las últimas personas que vieron al cazador en una zona de monte cerrado de Puerto Esperanza. Se trata de los “ñandúes” -como en la jerga se conoce a los hombres que patrullan y cuidan propiedades privadas para evitar intrusiones- que trabajaban para los propietarios del predio.En ese entonces la mayor expectativa se centró en Comandante Andresito, donde se domicilia uno de los hombres, porque el teléfono del cazador se activó en esa localidad. Allí se procedió al secuestro de dos celulares. Un aparato similar al que utilizaba Estepa fue hallado en el domicilio del “ñandú” que reside en Wanda, el mismo pueblo del hombre desaparecido hace ya dos años, pero las pericias hasta el momento no arrojaron resultados alentadores, más aún a sabiendas de que el chip del cazador no fue hallado. El tiempo transcurrió y pese a las sospechas de los familiares, no hubo manera de vincular a los cuidadores privados con el hecho.Un misterio sin resolverEl miércoles 14 de agosto de 2013 Estepa salió temprano de su casa del barrio San Cayetano de Wanda en compañía de un amigo que lo llevó hasta el Paraje Esperanza Centro, a unos 25 kilómetros del casco urbano de Esperanza, hacia el centro de la provincia.La idea de Estepa, criado en el monte, era aprovechar el día para cazar y regresar por la noche. Por eso quedaron en reencontrarse con ese amigo en horas de la tarde en el mismo punto donde se habían despedido por la mañana. Sin embargo, eso jamás sucedió.Como Estepa no aparecía, luego de buscarlo por algunos minutos el amigo decidió conducir hacia Wanda y dar aviso a uno de los hijos del cazador. La situación era inesperada. Pese a su conocimiento de la zona, Estepa sabía que no era conveniente pasar la noche en el monte.El hijo de Estepa no lo dudó un segundo y junto a familiares y amigos montó una búsqueda por la zona. Al otro día regresó por la mañana. Y también por la tarde. Sin resultados, dio entonces aviso a la Policía. Desde entonces el paradero de Estepa es un misterio. El “codo” en la imagenEl último rastro de Estepa se conoció días después de su desaparición, cuando se supo que dos “ñandúes” -como se conoce a los cuidadores de la empresa privada a la que pertenece ese sector de tierras- lo cruzaron en medio de un “sobrado”, una suerte de “balcón” improvisado instalado en los árboles cerca de los “saleros”, utilizados para atraer animales. Ante la Justicia, los “ñandúes” reconocieron haberse cruzado con Estepa. Aseguraron además que le pidieron amablemente que se retirara del lugar, a lo que, pese a resistirse, finalmente accedió. En medio de ese supuesto diálogo, los cuidadores le tomaron varias fotos. Esas imágenes son las últimas que se conocen del cazador. Al respecto, Antonio Estepa aseguró que la parte del codo que se observa en la esquina inferior izquierda corresponde a “una posición de encañonamiento”, en relación con la hipótesis que sindica a los “ñandúes” como los autores de una supuesta agresión.Por otra parte y con el paso del tiempo las autoridades de la investigación descartaron que la desaparición de Estepa se haya producido por un accidente o el ataque de algún animal.“Queda suponer que le pasó algo vinculado a un tercero”, le confió una fuente del caso en su momento a este diario. Es que, al decir de los investigadores que siguen la causa, el ataque fatal de un animal habría dejado rastros en la zona. Y de Estepa, nunca se encontró siquiera una prenda de vestir. Por eso su familia insiste en que el caso no se olvide y la investigación continúe hasta dar resultados. Nadie les quita la esperanza.





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