POSADAS. En cada barrio capitalino hay por lo menos uno, si no dos, postes de luz en peligro de caerse. Un relevamiento fotográfico de PRIMERA EDICIÓN también mostró una llamativa cantidad de postes del tendido eléctrico semiderrumbados dentro y fuera del microcentro. La mayoría de ellos se encuentran “parchados” precariamente para que no se terminen de desplomar.Por los dichos de los vecinos consultados ante tal situación, se desprenden por lo menos dos causas que los dejaron en ese estado. La primera tiene que ver con razones ajenas a la prestataria: los intensos temporales de lluvia y viento hicieron que cediera la tierra de los pozos donde fueron colocados. La segunda es la desidia: se pudren en sus bases e inician su peligrosa caída por no tener mantenimiento.“Cuando pasan estas cosas, se tiene que reponer el poste entero; sin embargo, hay veces que desde la misma empresa se decide ‘parcharlos’, como una medida de contingencia en la emergencia, y después no se hace la reposición, que es lo que corresponde”, dijo a PRIMERA EDICIÓN Roque Gervasoni, empleado de Emsa y subgerente de planeamiento, quien se mostró en tono crítico con las “tercerizaciones que realiza la prestataria de energía provincial y que no están al servicio de los usuarios, porque dinero para hacer estas inversiones hay. El gran problema es que Emsa está tan politizada que para que te repongan un foco del alumbrado, la gestión la tenes que hacer por intermedio de un puntero”, disparó.Eso lo viven a diario los posadeños. Un ejemplo lo dio Elba Villalba, de la chacra 24, quien criticó que “si no tenés un amigo influyente, no te reponen ni un foco de la calle, olvidate de las soluciones tan básicas como esa. Entonces, ¿dónde quedamos los usuarios?”, se preguntó la mujer. Las cifras oficiales lo dejan claro: sólo en la capital provincial hay un registro de 9.000 reclamos por problemas con el tendido eléctrico y el alumbrado público. Un fotograma similar, de postes de Emsa semiderrumbados, puede verse por todos lados al costado de las rutas. Un ejemplo concreto es el de las rutas 105 y 1 camino a Apóstoles, que por mucho tiempo significaron un genuino peligro, porque estaban parchadas, atadas con alambre y cuñas de madera para evitar que se desplomen. “Eso es desidia y se resuelve con inversión. En Emsa no pueden decir que no se realizan estos trabajos porque no hay dinero, porque la recaudación es alta; es mínimo el porcentaje de lo que la empresa se queda sin cobrar, que no supera el 3% en las localidades del interior y el 10% en la capital. Si bien se están haciendo grandes gastos en obras en toda la provincia, lo que pasa es que son muchos años de olvido y no se arregla de un día para el otro”, analizó Gervasoni.




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