Dentro de la Religión Global que se llama Hipercultura Audiovisual de Masas, a mí, particularmente, me pasa lo que le pasaría a cualquiera que haya sobrevivido a la Operación Cóndor: “Sentirse culpable por estar vivo entre tantos compañeros muertos y desaparecidos”. VergüenzaBajo esta expresión más que poética, y también más que política, que podría ponerla en boca de Heriberta Menchú, Juan Gelman o Martín Almada, últimamente ya tengo vergüenza de no parecer en imagen y palabra al vecino, al compañero de trabajo, incluso al hermano de sangre. Ellos no se hartan de aconsejarme para que deje de tener visión y sueño, oído y gusto, lengua y tripas de poeta en medio de tanto clima prosaico. Y confieso que, de tanto oír esta clase de discursos, a veces me veo pidiendo perdón de rodillas y con lágrimas en las comisuras, por haber sido sincero, transparente y libre, durante gran parte de mi vida. Y entonces, mi pesadilla pasa cuando sueño que reniego del texto que dice:“Poeta es alguien que con espíritu soberano se rebela contra los bloques de piedra que pretenden cerrarle los pasos, por la íntima consigna de no morir con los brazos cruzados en su peregrinaje por el cauce de la honra y la libertad”. ¿Máquinas?A propósito, si algo aún no pueden materializar a través de la máquina, es la poesía. De pronto puede haber poética artificiosa pero nunca poesía artificial. Lógico, hablar de poesía implica refugiarse en un nicho espiritual de transparencia y misterio, de compromiso con la vida y la palabra. Por un lado, porque la escritura de poemas bien logrados corresponde a la más auténtica visión de la existencia desde el universo personal de cada ser para el ser. Y por otro, porque los poetas son los primeros y los últimos filósofos y maestros, escribas y pastores de la humanidad. Al principio fue el verso Es más, al principio los textos antiguos estaban estructurados en rítmicos versos a manera de crónicas, sabidurías y enseñanzas morales. Vale decir, la versión prosaica de la Biblia, El Corán, el Bagavat Gita, etcétera, ya correspondería a una etapa posterior a Platón, el primer prosista en la historia universal. Y no sólo eso, en La República o El Estado de Platón no hay lugar para los poetas. ¿Por qué? Pues los poetas ponen en boca de sus personajes mensajes que conspiran contra el misterio, la seguridad y la diplomacia de los dioses. De modo que ahora ¿vivimos no sólo de amor platónico sino dentro de un sistema platónico donde el peor demonio es aquel que escribe poemas contra el reino del mercado?En efecto, la desfiguración del poeta, a los ojos de las autoridades con aspiraciones mesiánicas o siervas, poco a poco ha venido entrando en la categoría de Política de Estado Platónico, de alguna forma para profanar la gracia trascendental del creador y sus obras, para dejarlo sin raíces ni sueños a merced de la mercadotecnia global. Más que para reflexionarAunque tal fenómeno no fuera exclusivo de Paraguay, la anécdota de Gilberto Ramírez Santacruz, podría servirnos más que para reflexionar. ¿Y qué le pasó? A este poeta natural de Ava’i, ante el ruego de “vos sos mi amigo, regalámelo tu libro”, no le quedó otra que entregar gratis el fruto de su sudor de siglos. Tiempo después, durante una visita a aquel prototipo de lector subdesarrollado e imbécil de feria, vio que su libro deshojado pendía de la papelera del baño. Ante tamaño destino que le dieron a su poemario, cerró los ojos, se palpó el corazón y tragando amarga saliva, se ingenió para la represalia. Hizo imprimir unos100 ejemplares de la misma obra pero en formato de Papel Higiénico color rosa bajo el título de “Poemas Desechables y Otros Baladíes”, advirtiendo, según mi versión, que: La poesía no sólo es lucero secular de la humanidad, sino esencialmente materia iniciática para alumbrar el alma e higienizar el culo del mundo. ¿Amén? Tory LubekaPeriodista, poeta, ensayista• Docente universitario.• Vivió cinco años en Córdoba, Argentina.Autor de ocho libros publicados. Nació en Itapé, Paraguay, en 1962. Estudió periodismo; ejerció el teatro y figura en antologías y revistas literarias de Argentina, Brasil y Perú. Ha vivido en Posadas en la década del 90, época en que fue colaborador de PRIMERA EDICIÓN. Residió por dos décadas en Asunción y un lustro en Córdoba. Actualmente reside nuevamente en su pueblo natal. Su más reciente trabajo es “Prensa y ficción de élites”, investigación sobre los sistemas de comunicación, obra utilizada como texto de apoyo en varias universidades de Paraguay.





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