POSADAS. Siete docentes de Villa Cabello crearon hace un año y medio un grupo de teatro negro para poder juntar fondos y colaborar con las necesidades más urgentes de las escuelas donde trabajan y de sus alumnos. Así, en vez de rifas o la tradicional venta de pastelitos, empanadas o pollos, estos educadores afilaron sus habilidades creativas y se abocaron al teatro negro, un tipo de representación escénica muda que tiene lugar en un escenario negro a oscuras, con una iluminación estratégica que da lugar a un fantástico juego de luz, sombras y sonido. Inquietos y solidarios, a pedido de la comisión de padres de la Escuela 730 este año aceptaron un nuevo desafío artístico a beneficio de ese establecimiento educativo: la creación del túnel del terror. Mientras que la selección argentina jugaba la final de la Copa América, los profesores de educación física Raúl Carbonell, Néstor Benítez, Romina Benítez, la profesora de artística y diseñadora gráfica Virginia González, la profesora de artística y folclore Angelina Vera; y la profesora de tecnología Silvia Fernández; junto a un equipo incondicional de amigos y colaboradores integrado por Erica Luna, Dina Aranda, Miguel Cristanchi, Miguel Carbonell, Regina Toledo y Santiago Benítez; daban los últimos toques a la escenografía, y a sus escalofriantes trajes y maquillajes. Todos los límites superados Estaba previsto que la actividad durara poco más de una hora, pero la cola de gente que se acercó para cruzar por el túnel del terror hizo que superaran las tres horas. “Participaron más de 350 chicos, jóvenes y también adultos. Incluso vinieron niños que no asisten a la escuela”, contó a PRIMERA EDICIÓN una de las organizadoras, la profe Silvia Fernández. El túnel del terror se extendía unos 40 metros y atravesaba un pasillo y una de las aulas de la escuela. “Fue muy divertido ver la reacción de la gente, algunos entraron en familia y veíamos el entusiasmo de chicos y grandes. Al inicio del túnel te recibían un viejo vestido de San la Muerte y la llorona… muchos se impresionaron con la llorona e incluso algunos salían despavoridos y tardaban un ratito para tomar coraje para volver a entrar”, contó Silvia. El túnel llevaba luego hasta una madre con su bebé en un cajón y un cementerio vacío donde las personas sentían roces de seres “del otro mundo”. Luego se encontraban con un tablero de ajedrez gigante y una loca que jugaba e interactuaba con el público. No faltó el payaso diabólico que, por supuesto, no se quedaba en su caja. El silencio regresaba de pronto con la imagen de una mecedora y una niña con sus juguetes. Pero todavía quedaba un trecho más de espanto con la mujer poseída por el diablo interpretada maravillosamente bien por Dina, una señora de 60 años que está a cargo de un kiosco escolar. Completaron los personajes del laberinto el lobizón y el hombre con la motosierra que generó tanto miedo que los chicos atropellaron parte de la escenografía en su intento de escape. Entusiasmo general La mayor parte del dinero recaudado fue destinado para el viaje de los alumnos de séptimo grado, de ambos turnos; y una parte para el grupo de teatro, llamado “Caras Negras” que les permite hacer frente a los gastos en materiales para las obras. “En los pasillos, los chicos nos decían: profe, valió la pena esperar. Fue una experiencia inolvidable para todos y nos sentimos muy agradecidos hacia la directora de la 730, Alicia Arriera, que siempre apoya los proyectos que presentamos los docentes en beneficio de la escuela”, destacó la educadora. Caras Negras Según contó Silvia, “Caras Negras fue creado por un grupo de profesores de distintas áreas dedicados y comprometidos con la educación por medio del arte. Utilizamos distintos recursos: juegos didácticos fabricados por nosotros, juegos recreativos y teatro negro. Nuestro principal proyecto tiene que ver sobre la Educación Alimentaria y contamos con la colaboración del licenciado en nutrición Miguel Cristanchi, quien no sólo nos asesora respecto al tema de la alimentación sino que también actuó en el túnel del terror”. Para el teatro negro, crearon una caja de cinco por seis metros, “no se ve a los actores, las historias se relatan con las luces ultravioletas y el sonido como principales recursos”, detalló.También cuentan con juegos didácticos “los utilizamos como recursos para jornadas especiales y están dirigidos a estimular diferentes habilidades y conocimiento de distintas áreas del conocimiento, como lengua, sociales y naturales”.





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