POSADAS. A diez mil kilómetros de Roma, en Candelaria, la antigua capital de Misiones, transcurre la historia de un hombre que resume e interpela la propia historia de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Luis Edmundo Benedit (52) consagró su vida a esta institución como sacerdote ordenado, pero como cientos de curas, se enamoró y formó una familia. Sólo que, en lugar de ser hipócrita, de llevar una doble vida y ocultárselo a la sociedad, decidió hacerse cargo de su parte humana y exponer lo que le pasaba ante el clero para iniciar una vida de laico con esa mujer, que al final fue madre de sus cuatro hijos. Pero la diócesis de Posadas nunca resolvió su situación: ni dejó de ser sacerdote, ni pudo ser laico, quedó en un “limbo”. Hoy, viudo de la madre de sus hijos, con la vocación sacerdotal intacta y un fuerte compromiso para con aquellas personas que no siempre encuentran refugio en las estructuras más retrógradas de la Iglesia (los divorciados, los concubinos, las madres solteras, los homosexuales) se siente un “muerto civil”: es que mediante una carta formal del Obispado fue amenazado, “lapidado públicamente” y excomulgado por el obispo Juan Rubén Martínez, el mismo que “prefirió esconder mi situación cuando le pedí ayuda, el mismo que prefirió ocultarlo debajo de la alfombra”. Hoy decidió romper el silencio y salir al mundo a relatar el infierno que le toca vivir desde que la Diócesis ordenó que se haga público el “escrache” hacia su persona desde los púlpitos, acusándolo ante la comunidad de “apóstata” y de cometer “el pecado del cisma” por haberse acercado a la Iglesia Apostólica Americana, con las consecuencias que implica tal defenestración en un “pueblo chico” como Candelaria, y el daño sobre sus relaciones personales y las de sus hijos. Por ahora, va a intentar que organismos que defienden los derechos humanos y combaten la discriminación pongan la mirada sobre este caso, que según él, no es el único. Pero su meta principal es llegar al mismísimo Papa Francisco, que promueve justamente lo contrario: el ecumenismo, el perdón, la inclusión, y que hasta se mostró partidario de volver a discutir el celibato de los sacerdotes. ¿Siempre supiste que querías ser sacerdote? Desde los seis, siete años… la vocación sacerdotal se siente como el único destino posible, nace del corazón, es más fuerte que uno… me fui a estudiar al seminario de Tucumán a los 21 años, recomendado por el Obispo Jorge Kemerer. Estuve siete años y medio allá y me consagré acá, en la Capilla Sagrada Familia. ¿Cuándo se cruzaron en tu vida dos conceptos supuestamente tan antagónicos como la vocación sacerdotal y el amor por una mujer? Fue en el 96, yo estaba en la parroquia San Antonio de Oberá con el padre Victor Arenhardt… Cuando me pasó me asusté, me asusté mucho. No podía conciliar el sueño, lo viví como una época tormentosa, me costó mucho… Me acuerdo que ponía el televisor hasta tarde para no pensar, rezaba mucho… llegó un momento en el que me dije, “no, esto no va más, no puedo más”, cargué todas mis cosas en el auto y me vine a Posadas a hablar con el Obispo.¿Querías escaparte de la situación?No, no. Quería hacerme cargo. No quería ser hipócrita. En ese momento estaba monseñor Delgado y ya se habían empezado a correr rumores y versiones. Monseñor sacó un comunicado diciendo que yo me había ido a Buenos Aires pero yo estaba acá, en Posadas. Le planteé que estaba enamorado pero nunca me dio elementos para poder enfrentar mi situación. Recuerdo que mientras estaba hablando con él recibió una llamada y me pasó el teléfono, del otro lado había un hombre llorando… era el padre Arenhardt, que lloraba y me decía lo mucho que la iglesia me necesitaba, lo valioso que era para el sacerdocio, para la gente. Hasta hoy me emociono cuando me acuerdo.¿Y cómo quedó tu estado? Quedé en un limbo. Después de que lo planteé formalmente nunca se me informó nada, nunca me mandaron una notificación, quedó “así”. Al tiempo, la que iba a ser mi señora se viene también a Posadas. Nos casamos por civil. Ella era muy religiosa y quería casarse por iglesia. Volví a la Diócesis y ya entonces estaba Juan Rubén Martínez… le planteé que necesitaba resolver mi situación.¿Y cuál fue la respuesta? Me preguntó cuantos años tenía: “tengo 39” le dije. Y me contestó que era “imposible” que me dieran la reducción al estado laical porque estaban dando esa venia recién a los 40 años… y me largó así. De nuevo salí sin una respuesta. Viví siete años con mi señora y tuvimos cuatro hijos, hasta que ella falleció en el 2003. No pude cumplir su pedido. Te quedaste viudo, con tu situación sacerdotal indefinida y con cuatro chicos…Sí, con dos nenes y dos nenas. Eran muy chiquitos, me quedé con un bebé de un año y otro de dos… hoy tienen entre 17 y 13 años. La pérdida de la mamá fue muy dura. De pronto era un hombre a cargo de cuatro chiquitos, tuve que salir adelante. ¿Qué hiciste para mantener a tu familia en todo ese tiempo? Hice de todo, trabajé en lo que surgía, hice de sodero, de colectivero y ejercí la docencia. Me fui a vivir con mis padres a Candelaria para que me ayuden con los chicos. Pedí una licencia para poder cuidar a mis hijos y con el tiempo volví a trabajar en la docencia, pero mi vocación sacerdotal nunca se fue. A los dos años del fallecimiento de mi esposa le mandé una carta al Obispo para decirle que quería volver a ejercer el sacerdocio… Le expliqué a Martínez que quería elevar mis papeles a Roma pero necesitaba su autorización para que mi abogado me representara. “Eso es cuestión mía, yo voy a llevar adelante tu vuelta”, me dijo. Fue la última vez que lo vi. Lo llamé varias veces preguntándole cómo iban mis papeles, pero nunca me dió una respuesta. Pasaron ocho años así.Y mientras, ¿qué pasó con tu vocación sacerdotal?Segu&a
mp;iacute;a tan fuerte como siempre. Me acerqué a la actividad cotidiana de la parroquia en Candelaria; mis hijos empezaron catequesis; fui encargado de catequesis familiar, de las charlas prebautismales, coordinador de la pastoral de laicos, secretario parroquial. Hacía exequias a los fallecidos, hacía celebración de la palabra en las colonias… inspirado por esta vocación, esperando que el Obispo me diga que finalmente podía volver, que me diera una capillita perdida allá lejos a donde poder ejercer el sacerdocio, pero nunca llegó esa respuesta. ¿Creés que el obispo se olvidó de tu caso? Yo creo que lo cajoneó. No creo que por castigarme, sino porque la iglesia no quiere que los sacerdotes vuelvan, porque creen que sería un mal antecedente. Yo creo que es un error, pero es lo que piensan. ¿Cómo te contactaste con la Iglesia Apostólica Americana? Hubo algunos roces en la parroquia por cuestiones pastorales que no vienen al caso… ese movimiento dentro de la parroquia provocó que un grupo de gente, especialmente los que estaban divorciados, los que convivían, los que no encontraban espacio, se fueran a esta otra iglesia. Esta gente se me acercó porque me veían mal, triste, y me invitaron a rezar con ellos. Con el tiempo el sacerdote de esa iglesia me dice “¿porqué razón no vas a ejercer si sos padre?” y lo acompañé a celebrar la misa. ¿Qué pasó desde entonces? Yo estaba acompañando en esa misa y se tomaron algunas fotos que se levantaron en las redes sociales, y esas fotos molestaron en la Diócesis.¿Eso generó la carta que recibiste?Sí, la carta del Obispo me llega el 30 de abril, hace un par de días. En ella me declaran la excomunión si no pido públicamente perdón, me acusan de apóstata, que es una acusación terrible porque es como ser hereje, no tener fe, no creer en Dios. También me acusan del pecado del cisma, que es la desunión, un atentado contra la iglesia, como que llevé fieles de la iglesia católica a esta nueva iglesia y eso es falso, totalmente falso. La carta me amenaza con que van a hacer pública mi situación y me dan 72 horas, pero no cumplieron. ¿Por qué decís que no cumplieron?En las misas de los días 25 y 26 de abril en Candelaria me defenestraron, lógicamente por orden del Obispo, sin saber lo que yo pensaba, sin darme derecho de defensa. Fue una lapidación pública. Me mataron. Haberte casado y tenido hijos, ¿en qué empeoró o mejoró tu vocación sacerdotal?El día que me casé, el día que viví el parto de mis hijos, comprendí en su total dimensión lo que es ser plenamente padre. En el seminario me enseñaron que no era necesario casarse y tener hijos para entender las cosas de la vida, pero yo les puedo decir que recién ahí entendí lo que significa en la vida de alguien; el bautismo, la formación en la fe, la protección de la familia, el amparo paterno.¿Pensás que vas a poder llamar la atención del Papa Francisco? Estamos muy lejos, mis medios económicos son escasos, pero estamos en un nuevo mundo y hoy la tecnología por ahí ayuda… Ojalá, es lo que espero. Tengo fe. ¿Qué respuesta esperás de la iglesia? Más allá del daño que ya me hicieron, espero se replanteen dos cosas: que han dejado de lado en la pastoral a los divorciados, los homosexuales, los acompañados, todos los que desechó la iglesia y que tienen que estar incluidos. Por otro lado creo en el celibato, porque tengo muchos amigos sacerdotes que son célibes y no quieren salir de esa condición, pero también creo que debe haber sacerdotes casados para que la iglesia sea más rica. Es muy triste mirar a medio hombre y no a un hombre entero. En cuanto a mí, me excomulgan. Y eso me produce un dolor enorme, me seca por dentro. Y después está la situación de mis hijos, imagínese lo que están viviendo con un padre al que tratan como un delincuente desde un púlpito. Me duele que haya gente hipócrita dentro de la institución que quiera ir para atrás y añore una iglesia totalmente distinta a la que plantea Francisco. En la antigua Grecia, uno de los castigos más graves era la muerte civil, el ostracismo. ¿Creés que el obispo Martínez te está sometiendo a lo mismo? Yo soy un muerto civil desde hace 17 años. Así me siento. Así me dejan.





Discussion about this post