SAN VICENTE. El trabajo en la excantera de esta ciudad no es para cualquiera, pero así y todo Adalberto Olivera (58) ya lleva 28 años ininterrumpidos viviendo del oficio de picapedrero. De hecho, es una de las pocas personas que todavía se dedica a romper piedras con fuego y maza.A lo largo de ese tiempo, el hombre fue víctima de dos accidentes graves e inclusive estuvo en riesgo su vida. Le quedan como testimonio de tanto esfuerzo las cicatrices y las roturas óseas en ambas piernas. Sus hijos lo siguen en su profesión, tal vez la más vieja del mundo.Adalberto sigue realizándola en la actualidad. Aun con los adelantos mecánicos y la maquinaria pesada existente, para preparar las piedras para la construcción o los empedrados, se las arregla con fuego, una maza y una barreta de hierro.Es un trabajo bastante complicado y “hay que agarrarle la vuelta. No sirve golpear fuerte, sino que hay que saber dónde golpear la piedra”, explicó el hombre en charla con PRIMERA EDICIÓN, que lo entrevistó para homenajear, en su figura, a tantos otros miles de trabajadores que mañana celebrarán su día. Conocido como “el pedrero”, Adalberto vive sobre la ruta nacional 14, al lado del barrio Hermoso. La excantera municipal está a unos 700 metros de su domicilio. Junto a sus hijos, va todos los días a romper grandes bloques y bochas para poder vivir.“Trabajo con mis hijos unas ocho horas por día y sacamos una carga o un poco más por jornada. Rompemos las piedras con herramientas comunes y las cargamos a mano en el camión. Es todo un trabajo manual. La verdad, no sé si hay otros que hagan lo mismo. Hoy las canteras preparan toneladas de piedras con maquinarias; con mi familia preparamos una carga de camión, que serían siete toneladas en un día o un poco mas”, contó Olivera.“No hace falta darle con fuerza a la piedra: le hacemos fuego alrededor con gomas de autos viejas y la calentamos bien, luego se enfría y la piedra se debilita. Con darle golpes secos, hace que se quiebre con facilidad”, explicó sobre la forma de trabajo. “En invierno, cuando la calentamos mucho, el frío de la noche hace que la piedra se rompa sola. Con 28 años trabajando rompiendo piedras, uno ya conoce cómo golpear y dónde para que se rompa mejor”, agregó.Pese a lo complicado o hasta lo estigmatizado de su profesión, Olivera se siente muy contento: “Yo hago esto porque me gusta. Vine de Aristóbulo del Valle a trabajar como pedrero con la empresa que hacía el asfalto, la empresa se fundió y me quedé sacando piedras a mano. Hago este trabajo porque me gusta. Es muy duro, pero uno se acostumbra”. “Hace poco hice los trámites para sacar una jubilación o una pensión, pero no creo que vaya a dejar de trabajar si tengo un sueldo, sólo que no voy a dedicar tanto tiempo a esto. El físico de uno ya no es el mismo y no me rinde como antes. Mis hijos dicen que van a seguir”, aseguró.




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