SALTA. La presentación de “La razón blindada”, de Arístides Vargas, con dirección de Miguel De Amico, en la XXX Fiesta Nacional del Teatro que se celebra en Salta, marcó un punto alto dentro de un festival irregular en el que no todas las piezas ameritan un resumen crítico. Fernando Repetto y Gustavo Wilson son dos prisioneros -posiblemente políticos- que para liberarse de su encierro emprenden la aventura semanal de identificarse con Don Quijote y Sancho Panza y así salir a las carreteras de la imaginación.La obra viene representándose desde hace varios años -hubo incluso alguna versión femenina- y es otro ejemplo de esa especie de realismo mágico que el autor despliega en sus trabajos desde su exilio en 1976 y su estadía en tierras caribeñas y andinas.Un gran manejo de los diálogos, profundidad y humor aun en las situaciones más dramáticas ponen al prolífico Vargas, nacido en Córdoba y criado en Mendoza, en un sitial muy particular de la dramaturgia del continente.Lo que se cuenta no tiene sólo un andamiaje cervantino sino que forma parte confirmada de las actividades de los presos políticos en el continente, que para huir de las rejas que los retenían buscaban la libertad en esos juegos.De entrada, los nombres adquieren una cotidianeidad de oficina, De la Mancha y Panza, y si bien repiten algunos episodios originales de la novela lo hacen en forma proteica: los libros de caballería son sustituidos por otras fantasías y en el lenguaje no falta lo anacrónico.Lo que siempre es atractivo es la pugna entre razón (Panza) y la locura (De la Mancha) y cómo el texto conduce al espectador en favor de una y otra de acuerdo a los argumentos esgrimidos, en la medida en que los personajes son dos caras de uno, en lo que algunos llaman síntesis dialéctica.El asunto es que Vargas es un poeta y deja avanzar su texto de un modo ejemplar, servido por el director De Amico con efectividad, una escenografía mínima y dos actores de singular seducción.También de la cárcel habla “La Margarita”, de Tucumán, de Mario Ramírez y María José Stefani, con dirección de la segunda, que refleja los poemas que el uruguayo Mauricio Rosencof escribió en sus largos y terribles años en prisión durante la dictadura de su país.Rosencof es dramaturgo, novelista, poeta, periodista, director de Cultura de la Intendencia de Montevideo desde 2005 y a principios de los 70 fue dirigente del movimiento guerrillero Tupamaros, lo que le costó cárcel y torturas durante más de una década.





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