POSADAS. El 4 de diciembre de 2010, el primer grupo de 25 payamédicos de esta ciudad vivía la ceremonia de “payarrecibimiento”, es decir, su graduación a partir de la cual estarían habilitados a visitar regularmente a los niños del Hospital Pediátrico y del Ramón Madariaga.En ese emotivo acto, realizado en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Unam, participaba la profesora de Plástica, Mónica Alejandra Acosta Rey (32). Las gemelas María Kaia y María Taís la acompañaban desde dentro de la panza, bajo la pollera turquesa de su traje de Payamédica.Diez días después, las pequeñas se abrían paso en el mundo. Se habían gestado casi en simultáneo con el grupo fundacional de payasos de hospital, que comenzó el curso en junio de 2010.Una familia muy felizCon casi cuatro años y medio las pequeñas Kaia y Taís integran la gran familia de Payamédicos que crece año a año con más voluntarios que se suman a este conmovedor proyecto creado en 2003 por el psiquiatra José Pellucci, en Buenos Aires.Sus tíos usan ropas de muchos colores y narices color naranja (antes eran rojas, pero por decisión de Payamédicos y para evitar que el color rojo sea asociado con sangre que en contextos hospitalarios es lo más común, desde 2015 son naranja). Semanalmente -los viernes y sábados- estos tíos y su mamá visitan a los niños internados en el Hospital Pediátrico “Dr Fernando Barreyro” de Posadas para proponer juegos y momentos breves pero intensos en que los niños y sus familiares puedan reírse, distenderse de la angustia y la tensión que implica el contexto hospitalario. El arte de cada díaEn casa de una profe de Plástica, que además de enseñar estas técnicas en la Escuela 663 de Fátima, se desafía pintando sus obras y presentándolas en muestras colectivas, los pinceles y marcadores están de parabienes. Y las “payamediquitas” hacen de las suyas.“Desde chiquitas siempre les incentivé que dibujen, pinten, con témpera, marcadores, que experimenten y por supuesto que eso implica mancharse las manos, la ropa, las paredes”, contó Mónica entre risas. En toda la crianza de las pequeñas e incluso en la construcción de su casa, su mamá, Mirta Mercedes Vallansot ha sido el pilar fundamental. Mónica lo destacó emocionada. Un trío muy activo Ahora que están más grandes, las niñas acompañan a su mamá en todas las actividades de los “payas”.Las “payamanualidades” en la costanera de Posadas fueron una de esas actividades. La propuesta, que es una marca registrada de los “payas” posadeños -la presentaron ante sus pares de todo el país en el Payacongre 2013 en Capital Federal- consiste en jornadas de libre expresión que realizaron en el Hospital Pediátrico, con particiación de los niños internados y sus familiares. En ese marco, realizan juguetes y dibujos utilizando insumos hospitalarios que fueron descartados (placas de radiografía, sachets de sueros, jeringas y tantos otros que, adecuadamente esterilizados son decorados con plasticola, papeles, mucho color y brillo). “La idea es que las familias participen y apunta a desdramatizar los elementos de hospital, dándoles otros sentidos, y a la vez poner en juego la creatividad y la imaginación”, explicaban en plena jornada de payamanualidades que también realizaron una tarde de domingo en la costanera.Aprender a valorar la vidaCada visita al Pediátrico es una ebullición de emociones, donde logran que florezcan risas y palabras de los pequeños que suelen estar muy tristes durante toda la semana. “Estas vivencias nos enseñan lo valioso que es la salud, lo valioso que es estar sano, y las capacidades que tenemos para crear y jugar”, dijo Mónica, quien recuerda con afecto a su maestra de teatro, Azucena Fontán. Esos valores también los intenta transmitir a sus hijas y a sus alumnitos de la 663, que son de contextos de muchas carencias, pero que encuentran en la institución educativa un espacio de contención, y en las clases de plástica, un momento de expresión y diversión.




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