POSADAS. El caso estremeció en la misma proporción que indignó a la sociedad posadeña, por varios motivos: porque se trataba de una violación, porque la víctima era un adolescente de 16 años con retraso madurativo, porque el supuesto autor era un suboficial mayor de la Policía de Misiones y porque el hecho, al final de cuentas, ocurrió en un destacamento de la fuerza de seguridad provincial.El lamentable y a la vez repudiable episodio ocurrió -según consta en actas- en marzo de 2010, pero trascendió a la opinión pública a través de un informe publicado en exclusiva por PRIMERA EDICIÓN en mayo de ese año. A esa altura de los acontecimientos, la orden de la cúpula policial era que si el hecho trascendía, que fuera por acción de la Justicia y no de la Policía. No pensaban denunciar a su camarada, por más aberrante que fuera el caso.Por fortuna, el juez de Instrucción 3 de Posadas, Fernando Luis Verón, tomó las riendas del caso y condujo la investigación hasta el procesamiento del uniformado y la elevación de la causa a la instancia de juicio oral y público.Justamente, ahora PRIMERA EDICIÓN pudo confirmar que el suboficial mayor, identificado como Juan Carlos Alvez, será juzgado el 28 y el 29 de abril próximos en el Tribunal Penal 1 de Posadas, situado en la calle La Rioja 470, casi Rivadavia.Si bien resta poco menos de dos meses para el debate, trascendió la posibilidad de que el acusado pueda pedir la celebración de un juicio abreviado, para lo que previamente, como condición inexcusable, deberá confesar o reconocer su responsabilidad penal. Aunque no sea más que una eventualidad, no es una idea descabellada. El andamiaje probatorio en su contra posee una solidez de titanio. Además del testimonio de la propia víctima, recepcionada a través de Cámara Gesell, que impresionó hasta a los más experimentados, hay otros testigos, como el camarada que precedió al suboficial en la guardia, quien lo vio llegar con el chico al destacamento policial ubicado en barrio Kennedy.El policía saliente le habría dicho que no podía haber niños en el lugar, a lo que Alvez le habría respondido: “Es mi sobrino, ya vienen a buscarlo”. Lo peor ocurriría después. Pero no sólo los testimonios serían decisivos: la Justicia también tiene una prueba de ADN contra el uniformado. Al parecer, hallaron su patrón genético en rastros de semen encontrados en el calzoncillo del adolescente de 16 años.Una versión de la historia indica que Alvez querría evitar el escarnio público que significa exponerse a un juicio oral, no para él, sino para su familia. Historia escalofriante Los investigadores rearmaron el andamiaje de piezas y determinaron que la víctima -un adolescente de 16 años- era ferviente simpatizante de la música chamamecera. Aquella jornada de marzo de 2010, viajó hasta la sede céntrica de Canal 12 porque creyó que desde allí se transmitiría el tradicional festival litoraleño, según las fuentes consultadas. Sin embargo, al llegar le dijeron que no, que se realizaría en un local bailable ubicado frente a la exTortosa, sobre la ruta nacional 12.El joven fue hasta ese lugar y comprobó que era cierto. Allí, justamente, conoció al policía Juan Carlos Alvez, quien realizaba servicio adicional de vigilancia.Terminado todo, el suboficial habría invitado al menor a comer a su casa. Así, ambos partieron rumbo, en realidad, al destacamento del barrio Kennedy, en el coche del uniformado.Alvez iniciaba en esa dependencia su guardia. El camarada saliente le advirtió que ahí no podía haber niños y se fue. Días después se enteraría de lo que había ocurrido.




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