POSADAS. Ya pasó un mes y medio desde el último viaje de la Marylin en su tradicional recorrido entre Posadas y Encarnación (Paraguay), pero su propietario, Feliciano Luis Aldana, sigue levantándose a las cinco de la madrugada como en los tiempos en los que tenía que llegar primero al puerto de embarque para recibir a los pasajeros.Pasó un mes y medio y el teléfono de Aldana no sonó. Nadie lo llamó desde aquella mañana en que decidió dejar de pelear contra un poderoso que por segunda vez en su vida definió los hilos de su destino. Desde el Gobierno nadie le ofreció una mano, una ayuda que le posibilitara seguir adelante. Sin pena ni gloria, un símbolo del patrimonio cultural de los posadeños simplemente dejó de operar y su propietario evalúa vender la embarcación porque el mantenimiento es costoso y el silencio oficial no es buen presagio. Si tiene suerte, tal vez logre interesar a algún inversor que pueda pagar lo que vale en lo económico, aunque jamás encuentre quién pueda pagar lo que vale en lo emocional. Si desde el Gobierno siguen sin levantar el teléfono, el “Grupo Z” finalmente afianzará el monopolio del transporte internacionalizar de pasajeros entre Posadas y Encarnación mediante la operación exclusiva de colectivos y el tren, como si no le bastara el monopolio en el transporte metropolitano. A costas, claro está, de la tristeza de un hombre trabajador y de la memoria colectiva. Una pulseada desigual Feliciano Luis Aldana tiene una historia común con el apellido que ahora se quedó con la exclusividad del transporte de pasajeros en uno de los puntos fronterizos mas calientes de la Argentina: “La primera vez que Zbikoski apareció para complicarnos la vida fue cuando se habilitó el puente internacional. Yo era taxista en el puerto, muchos años trabajé ahí. Como nos quedamos sin pasajeros y sin trabajo porque todos cruzaban por el puente, con otros nueve compañeros formamos una cooperativa con personería jurídica y quisimos tramitar la concesión del servicio del colectivo internacional. Pero se lo dieron a Casimiro, y eso que teníamos derecho”, recuerda mientras la expresión se le ensombrece, como pasará de seguido a lo largo de la charla. La batalla (la de ayer, la de hoy) fue desigual, una pulseada que los trabajadores no pudieron sostener frente al “pulpo” del transporte. Decidió entonces invertir todos sus ahorros para reeditar el servicio de la histórica “lanchita” que tanto valor simbólico, cultural y práctico tuvo siempre para los vecinos de las dos ciudades. “Fui a Tigre y compré dos embarcaciones, una era la Marilyn. Las puse en condiciones, hice cientos de trámites para conseguir los permisos y así retomé parte de la historia. Al principio costó, pero después me elegían miles de posadeños, encarnacenos y turistas. Llegué a transportar hasta 5.000 personas en un solo día”, recuerda. Tras un período de gloria, el servicio volvió a tener un parate que duró exactamente 2.575 días: en 2009, la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) inundó el viejo puerto y el embarcadero. Durante esos casi cuatro años, el Grupo Z volvió a monopolizar el servicio con sus colectivos sobre el puente, mientras que las trabas burocráticas interminables amenazaban con quebrar el espíritu y las finanzas de Feliciano. “Cuatro años enteros pagué todos los sueldos enteritos al capitán y al personal, porque ellos no tenían la culpa… Eran empleados en blanco, buena gente, con experiencia… También me hice cargo del mantenimiento de la Marilyn. La gente pedía el servicio, así que en julio de 2013 arrancamos de nuevo a surcar el Paraná”, rememora. Pero ni la EBY ni el Gobierno provincial le reconocieron un sólo centavo a modo de resarcimiento, pese al reclamo judicial que entabló entonces.“Yo noté el cambio” El año pasado, un funcionario lo llamó a su casa casi disculpándose: “Va a salir el tren, te aviso para que vayas sabiendo”, le dijo. Nunca pensó que aquel anuncio sería el principio del fin: “Desde entonces todo cambió, me empezaron a complicar las cosas, me exigieron de todo, cosas que nunca antes pasaron; por ejemplo, el rol de Prefectura, que antes hacía una vez por día, ahora lo tenía que hacer antes de cada viaje, es decir, que de golpe tuve que hacer 25 roles diarios. Me achicaron el horario, me prohibieron pasar los fines de semana y los feriados, me negaron la posibilidad de contar con control migratorio y de aduanas. Pedí que me ayudaran, pedí que me permitieran trabajar, pero no me escucharon”, lamenta. Aldana tiene 76 años y sus hijos le piden que descanse, que no se amargue más. Desde hace un mes y medio no se arrima a la costa del Paraná, no puede soportarlo. La Marilyn descansa amarrada en el predio de la nueva Prefectura Naval, al final de la avenida Almafuerte. Tampoco conoce la nueva infraestructura del tren “Casimiro”, al que le facilitaron tantas cosas para que comenzara a operar al mismo tiempo que a él se las complicaban al extremo. Pese a los días que transcurrieron, su esposa “todavía llora cuando hablamos del tema”. Él, en cambio, espera… Oscuro acuerdo de operaciónComo contrapartida a las trabas y a la pérdida de pasajeros que padeció Aldana y a la nula asistencia con subsidios, las autoridades argentinas y paraguayas aceleraron y facilitaron la inversión y el papeleo previo para poner en marcha la concesión directa del tren internacional que explota Casimiro Zbikoski SA mediante un acuerdo de operación “experimental” con la firma Trenes Argentinos Operadora Ferroviaria (SOFSE), la empresa del Estado creada en 2008 para “estatizar” los servicios, pero que al final los terceriza en manos privadas, como en este caso. El negocio no es menor. Según datos dados a conocer por la Secretaría de Transportes de la Nación, el tren lleva y trae 7.000 pasajeros diarios (incluidos los fines de semana y feriados) a 18 pesos por cabeza, lo que les asegura una recaudación de 46 millones de pesos anuales. De ella, nadie informó qué tipo de canon abonan a la Provincia o a la Nación, ni cuánto reciben a modo de subsidios desde el Gobierno. Y pese a que el Estado le dio todo servido, el empresario se dio el gusto de pintar el nombre “Casimiro” en letras de molde en la formación, como para que quede claro quién manda.




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