La concentración del kirchnerismo en la Plaza Congreso el domingo pasado, terminó de delinear un escenario preelectoral con más de un antecedente en la historia argentina, reflejando la persistencia de antinomias que, en teoría, deberían haberse moderado en consonancia con la crisis de la tradicional matriz política bipartidista.En la sesión de inauguración del nuevo período de sesiones del parlamento nacional, la presidenta Cristina Kirchner, se despachó con un vibrante discurso político de tres horas en el que repasó en tono triunfalista los ítems más significativos de su gestión, y volvió a lanzar dardos envenenados contra el “Partido Judicial”; pese a -o a propósito de- la presencia del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti. El anuncio más trascendente, probablemente, de la jornada, la re estatización de Ferrocarriles Argentinos, pasó prácticamente desapercibido en una sesión que se concibió como una puesta en escena de un momento histórico -el de la última visita de Cristina como presidenta al Congreso- y que le permitió a la Presidenta salirse más de una vez del formato de informe presidencial al Poder Legislativo y manifestarse en franco tono de arenga político-electoral.Si bien algunos diputados de la oposición agregaron leña al fuego al interrumpir la disertación presidencial con carteles alusivos al atentado a la Amia; se entiende que el duro alegato de la primer mandataria, incluyendo las palabras fuertes que pronunció respecto a sectores de la Justicia, y a la historia negra de la investigación del atentado a la mutual israelita; estaban previstas por la propia lógica de los hechos. La réplica de Lorenzetti, que llegó dos días después con la presentación pública del año judicial transitó por una reflexión pausada de las relaciones que deben imperar entre los Poderes del Estado y una atinada advertencia: “debemos preservar la democracia, es demasiado importante para dejarla en manos del odio. Esto es lo que ocurrió en el pasado”. En una indirecta alusión al discurso de la presidenta, el titular de la Corte se animó a incursionar en la política al señalar que hay que “cambiar la forma de gobernar” y reemplazar el híperpresidencialismo por “un sistema desde abajo a la democracia deliberativa”.Esta parte en la que reclamó madurez en las relaciones entre los poderes del Estado; que mereció el inesperado elogio de la Procuradora Alejandra Gils Carbó; se resintió sólamente en el párrafo en que – en el afán de refutar las acusaciones de Cristina- el magistrado aseguró que el atentado de 1972 a la Embajada de Israel en Buenos Aires es “cosa juzgada”; expresión con la que pretendió defender la fallida investigación del caso en manos de la Corte, y de la que a posteriori tuvo que retractarse. Competitividad en la miraFuera de las tensiones entre el Gobierno y la Justicia, y de la guerra de pericias en el Caso Nisman, temas que presionan insistentemente sobre la agenda pública; tensiones menos espectaculares pero no menos preocupantes se propagaron en la semana al conocerse la devaluación del 25% del Real brasileño. En medio de la revaluación del dólar en el escenario global, la moneda brasileña se ubicó en la semana en la cotización más baja desde 2004, a 3,05 por dólar, debido a las reacciones que genera el programa de ajuste fiscal de Dilma Rousseff y los cambios en el escenario mundial. La devaluación, acompañada de una nueva suba de la tasa de interés en Brasil genera una lógica preocupación en el sector privado exportador local, que se ve afectado por el retraso cambiario y reclama una devaluación competitiva. En Misiones, con más de un 30% de exportaciones al mercado brasileño, la nueva situación impactaría con especial fuerza; según señaló el economista Gerardo Alonso Schwarz, quien observó que “nuestros productos se encarecen 10% cada año en dólares, mientras los productos brasileños tuvieron un abaratamiento de casi 18%”.Peronistas sin brújulaEn el contexto del momento de definiciones en materia electoral, llamó la atención el abrupto pedido de renuncia a Juan Carlos Mazzón, este viernes, un histórico operador que ocupaba el cargo de coordinador general de Asuntos Políticos Institucionales de la Unidad Presidente desde 2003. Las versiones informales sostienen que Mazzón habría caído en desgracia por no haber dado lugar a dirigentes de La Cámpora en el armado de las listas electorales en Mendoza; y por sus manejos a favor del sciolismo. Lo cierto es que el “Chueco” era una pieza fundamental en el armado electoral y en la articulación de las relaciones entre los gobernadores, en especial los peronistas, y el gobierno nacional. La salida intempestiva y sin explicaciones sorprendió a todo le mundo y dejó al descubierto, nuevamente, las ambivalencias profundas de la relación de Cristina con la dirigencia peronista tradicional, tanto como las tensiones que genera en el “kirchnerismo puro” el posicionamiento de Daniel Scioli en el tablero de las futuras PASO oficialistas. También en la semana, por orden de Cristina y, según se dice, con participación del Papa Francisco, Julián Domínguez habría decidido abdicar de su postulación a la presidencia y se presentaría como candidato a gobernador de Buenos Aires. En el frente opositor, el paso al costado de Hermes Binner, cediendo su candidatura a presidente por UNEN a Margarita Stolbizer, sería un gesto hacia la próxima reunión del radicalismo en Gualeguaychú; el 14 del corriente; donde la Convención Nacional debe decidir el frente electoral que integrará. Stolbizer, se cree, podría aportar a hacer prevalecer la postura de los sectores del radicalismo que no comulgan con el acuerdo con el macrismo que impulsa el senador Ernesto Sánz. El radicalismo de la provincia de Buenos Aires, en este marco, estaría más dispuesto a mantenerse dentro del FaUNEN, junto al cobismo que salió fortalecido de los recientes comicios en Mendoza. La perspectiva de un acuerdo con Macri pone al radicalismo en un dilema complejo en el que muchos creen que el partido radical empeñaría su poder territorial y la identidad que lo caracteriza. Crisis de fondo El crítico momento interno del radicalismo nacional no es ajeno a las tensiones crecientes que se vienen suscitando desde el año pasado en la UCR misionera, donde esta semana, inesperadamente, estalló un escándalo de proporciones a partir d
e la denuncia de la diputada María Losada (Vanguardia Radical) contra su par Germán Bordón por “violencia de género”.La denuncia se refiere a expresiones de contenido sexual que Bordón profirió extemporáneamente en una reunión de bloque en vísperas del período parlamentario del año pasado; y que de acuerdo a lo manifestado por Losada, no trascendieron entonces debido a que la legisladora prefirió callar para no afectar al partido. La diputada cambió de actitud cuando, primero el 10 de diciembre pasado el ex titular del bloque “Chiquitín” Molina, impuso a Bordón como nuevo presidente de bloque, a pesar de que la votación había resultado en empate entre Bordón y la propia Losada; y, segundo, cuando en las últimas semanas quedó en evidencia la intención del Comité Provincia de expulsar a Losada y a Hugo Escalada. Ambos fueron citados a mediados de febrero por el Tribunal de Conducta partidario, presidido por Gloria Llamosas, luego de que su titular, Mabel Marelli, diera un paso al costado. La reunión del Comité Provincia en la que se pretendía prohibir a Losada y Escalada el uso de símbolos partidarios, curiosamente sin que se haya expedido el Tribunal, fue la gota que colmó el vaso y llevó a la legisladora a hacer pública la “actitud misógina y violenta” de Bordón en un escrito elevado al Tribunal de Etica nacional. La respuesta de Bordón, negando el hecho y soslayando una consideración estricta del planteo formulado por la legisladora, contrastó con la postura afirmativa de Molina, que no negó el hecho, pero intentó restarle trascendencia. Poniendo la mira en todo el proceso interno, es evidente que la conducción partidaria en manos de Hernán Damiani, y según se dice bajo la conducción en las sombras de “Cacho” Barrios Arrechea; evitó en todo momento un diálogo constructivo con el navarrismo, a quien venció por muy pocos votos en las internas; presionando una fractura. Probablemente, se buscó silenciar, desde un principio, a quienes no se aviniesen a una anticipada, aunque inconfesa, estrategia frentista y, por ello, las tensiones no hacen más que crecer.




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