POSADAS. Vecinos de Villa Sarita, en el sector Norte de esta capital, evalúan armarse en defensa de su integridad física y adquirir un sistema propio de cámaras de vigilancia en las calles del tradicional barrio capitalino para procurarse por cuenta propia la seguridad que no les brinda el Estado. Así lo hicieron saber ayer en una reunión de autoconvocados en la que, con carteles, expresaron que son víctimas no sólo de la ola de “entraderas” y asaltos a mano armada, sino también de la peor sensación que puede tener un ciudadano: el miedo. Miedo de salir temprano a sacar la basura a los canastos; miedo de sentarse en la vereda bajo la sombra de los chivatos; miedo de abrir los negocios después de las ocho de la noche, de caminar por las centenarias callecitas en plena siesta o de quedarse solos en las casas. Es lo que sienten los habitantes de esta zona de la ciudad, al punto que hay quienes, después de un violento asalto, abandonaron sus casas y eligieron vivir en un hotel, al menos hasta que “alguien haga algo y el Estado aparezca”. “Basta de inseguridad”, “queremos vivir tranquilos”, “no queremos que nos maten” fueron sólo algunas de las frases que sonaron ayer más a pedido desesperado que a consignas. La veintena de vecinos anunció que seguirán reuniéndose periódicamente y continuarán avanzando en las medidas que, por ahora, sólo están en estudio. Parecen opciones extremas, pero cuando comienzan a puntualizar los hechos de los que fueron víctimas, es inevitable la empatía. Rehenes en sus casas Norma Blanco, una de las vecinas del antiguo barrio posadeño, explicó por qué decidieron reunirse bajo la misma sombra de los chivatos en la que antes era usual tomar un matecito a la hora en la que cae el sol. “Ahora nadie sale a la vereda, somos rehenes. De cinco casas en esta cuadra, robaron en tres, las desmantelaron. Ese es el promedio en el barrio”, puntualizó. La comerciante y sus vecinos no sólo describieron la inseguridad con números, sino con casos y situaciones, que son los que -en definitiva- afectan las vidas de la gente y las trastoca para siempre.Es lo que le pasó a una conocida oftalmóloga que vivía en la esquina de Nicomedes Castro y Sargento Cabral y que en diciembre pasado fue víctima de un asalto estando en su casa. Los delincuentes fueron extremadamente violentos con ella, al punto que la amenazaron con arrancarle las uñas con pinzas en caso de que no les entregara todo lo que pedían. “Ella prefiere hoy vivir en un hotel. El trauma que vivió es tremendo”, relataron sus vecinos.Tanto o más fuerte es la historia de Juan Lenz, un almacenero de la misma cuadra a quien asaltaron a mano armada en su negocio a las nueve de la noche. “Sentir que te encañonan con un arma es una sensación que no le deseo a nadie. Me pusieron el arma en la sien frente a mi mujer y los clientes. En ese segundo no sabés si estás en los últimos minutos de tu vida, si el tipo dispara… es terrible. Yo tenía a mano una botella de plástico y hasta pensé en pegarle con eso, fijate qué loco”, cuenta. A partir de la experiencia, Juan cambió su rutina: cierra más temprano, se pasa el día en la vereda vigilando que no vuelvan a parar los asaltantes en moto y es uno de los que evalúa comprarse un arma. No hay horas que sean más seguras que otras en los barrios Villa Sarita y Aguacates, por eso la presencia policial en la zona -en la que también viven funcionarios con su propia custodia policial a modo de adicional- no alcanza. “Sabemos que no podemos tener un policía en cada casa, pero también entendemos que tiene que haber tareas de inteligencia para saber los movimientos de los delincuentes. No son delitos importados, como dijeron por lo de El Soberbio, los asaltantes son de acá, o como mucho, con un acento aporteñado”, finalizaron. ImpunidadLa movilización de ayer en Villa Sarita no se originó sólo en los hechos de inseguridad, sino en la sensación de impotencia posterior debido a la falta de resultados por parte de la Policía. Una de las víctimas de un atraco a mano armada incluso entregó a la fuerza los videos de las cámaras de vigilancia de su propiedad, en las que aparecían claramente los asaltantes. “Uno de la Brigada incluso reconoció a uno de los tipos, me dijo el nombre y todo, pero nadie fue preso. Sigue andando con la misma moto y con total impunidad”, dijo.





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