POSADAS. Pasaron apenas diez días de la trágica muerte de Gladis Mabel González (27) y Yanina Claribel Galarza (20) y sus familias siguen consternadas. El dolor, las preguntas y el pedido de justicia se mantienen como el primer día, el sábado 7 de febrero pasado, cuando ambas murieron atropelladas por un auto fuera de control que venía a alta velocidad por la exruta 213 y Cabo de Hornos de esta ciudad. Amalia Dávalos (42), madre de Yanina, hace sólo unas pocas horas pudo vencer al nudo en su garganta y hablar. “Mi vida cambió de golpe, todo cambió… es muy difícil”, señaló a PRIMERA EDICIÓN quien quedó a cargo de un niño de tres años, hijo de Yanina. “Uno vive en la pobreza y le cuesta salir adelante, pero a pesar de todo yo me sentía feliz y pensaba que íbamos a estar siempre bien, pero ahora mi hija ya no está”, lamentó Amalia. Hoy la mujer reclama a los padres de Gladis y a la expareja de ésta, Marcelo Leguizamón, que le entreguen a sus dos nietos. Se trata de un niño de seis años y una nena de cuatro, fruto de la relación que mantuvo su hijo, Alejandro Galarza (25), con Gladis.Los dos pequeños y sus otros tres hermanos de siete, nueve y doce, que sí son hijos de Leguizamón, quedaron con éste y con los padres de Gladis. Y, pese al pedido de su padre y su abuela biológicos, no quieren entregarlos. Reclamo legítimo“El lunes -9 de febrero- me fui a la casa de ellos (por la familia de Gladis) a retirar a los chicos, como habíamos acordado cuando estuvimos en el cementerio, pero no me quisieron dar porque dicen que no se quieren separar de sus hermanitos porque lloran. Tampoco me dejaron verlos”, explicó Amalia a este matutino, indicando que el acuerdo era llevarlos a pasar el día y a la tarde devolverlos nuevamente a la casa de los González.Según su relato, esta familia le dijo que volviera el martes -10 de febrero- a buscarlos, pero tampoco se los entregaron porque -según Amalia- su abogado les había recomendado que no lo hicieran.Es por eso que la semana pasada Dávalos se fue a asesorar al Juzgado de Familia en el Superior Tribunal de Justicia. “Ahí me dieron un papel y me dijeron que vaya a la comisaría y les pida que me acompañen a buscar a mis nietos, pero yo no quiero llegar a ese extremo porque puede ser muy duro para los chicos vivir esa situación, se van a asustar. Por eso lo que pido es que esta familia me entregue a los chicos”, dijo. Destacó que “siempre tuvimos relación con los chicos, incluso vivieron con nosotros, y mi hijo siempre les pasaba para la comida y sus cosas”.Una gran preocupaciónAmalia vive en Puerto Esperanza con su hijo Alejandro. Ambos vinieron de urgencia al enterarse de la muerte de su hija Yanina y de Gladis, expareja de su hijo y desde entonces permanecen en Posadas en la casa de una hermana de Amalia en barrio San Onofre.“Estos niños necesitan estar tranquilos, tienen que estar bien, no les pueden faltar cosas. Ahora mis nietos están en casa ajena y nosotros no podemos saber si están bien, si les falta algo. No quiero que los usen para conseguir cosas”, indicó. Además señaló que “la hermana más grande -de doce años- es la que se ocupa de cuidar y bañar a los niños, y no Leguizamón o su abuela”. “Ahora Leguizamón está pidiendo ayuda a la comunidad y yo me pregunto: si la mamá (por Gladis) podía cuidar y mantener a los cinco chicos sin andar pidiendo, ¿por qué ellos tienen que salir a pedir?”, dijo. “Si no tienen cómo cuidarlos, con más razón tienen que darnos a mis nietos, para que nosotros nos hagamos cargo de cuidarlos y criarlos. Yo los voy a cuidar de que no le falte nada así tenga que limpiar baños ajenos toda mi vida”, manifestó señalando que siempre estuvieron en contacto con los niños y su madre.Resaltó que se quedarán en Posadas hasta recuperar a sus nietos porque quiere tener la seguridad de criarlos sin que les falte nada y ocuparse de llevarlos a la escuela una vez que inicien las clases. “Es un asesino”Amalia lamenta la situación con sus nietos porque, además de extrañarlos y preocuparse por saber cómo están, a todos les quita energías para seguir reclamando justicia tras la muerte de Yanina y Gladis.“Este tipo es un asesino, un asesino”, dijo con la voz entrecortada refiriéndose a Gonzalo Slámovits (32), quien atropelló a alta velocidad a las dos mujeres sobre la exruta 213 y Cabo de Hornos. “Y hoy está tranquilo en una cama del hospital descansando, hablando por teléfono y comiendo lo más bien”, dijo.El hombre hasta ayer continuaba internado en el Hospital Escuela de Agudos Ramón Madariaga de Posadas bajo custodia policial. Según el parte médico, sufrió una lesión dorsolumbar que en principio le provocó una disminución de fuerza de los miembros inferiores. Una mañana trágicaGladis y Yanina estaban a punto de abordar un taxi en la ruta 213 casi Cabo de Hornos la madrugada del sábado 7 de febrero. Slámovits manejaba un VW Golf rojo a alta velocidad cuando perdió el control, subió a la vereda y atropelló a ambas mujeres, que fallecieron en el acto.Las pericias confirmaron que conducía a una velocidad de entre 120 y 140 kilómetros por hora y se encontraba alcoholizado: tenía 1,13 gramos de alcohol por litro de sangre (el máximo permitido para manejar es de 0,5). Slámovits era empleado de la Dirección Nacional de Migraciones pero el jueves pasado se le rescindió el contrato, según confirmó el propio ministro del Interior, Florencio Randazzo, en su visita a Misiones.





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