POSADAS. “A La Salada se arriba en autobuses o en furgonetas a la madrugada. El sistema está organizado para que los puestos abran luego de la medianoche a fin de que los viajeros no perdamos tiempo ni dinero pernoctando en Buenos Aires, y así regresar a nuestros destinos lo antes posible”. Anabella Olivera (20) es posadeña y viaja desde hace un año en los populares tours de compras. Ella contó su experiencia a PRIMERA EDICIÓN para dar a conocer desde “adentro” cómo son estos viajes a la capital del país. Sea que los viajeros compren en La salada o en Flores, los horarios son muy inverosímiles para quienes no tienen conocimiento del manejo, pero están bien coordinados y permiten, entre una y otra feria, la compra sincronizada de prendas de vestir, que luego se revenderán al menudeo en los mercados metropolitanos, sea Candelaria o Garupá, o bien Encarnación (Paraguay). “Cuando tomé la decisión de viajar en un tour fue porque pensé que era fácil y atraída por las ventajas de comprar a precio económico para revender y sacar adelante a mi familia ”, explicó esta joven, madre soltera, quien lleva adelante su hogar con alguna soltura desde que se inició en este sistema informal de trabajo. Con las ganancias también afronta gastos de estudios, porque “tengo el proyecto de culminar mi carrera y darle un buen porvenir a mi hijo”, aseguró la joven, quien vislumbró esta posibilidad como una alternativa laboral que “hay veces que se requiere más que coraje. Sobre todo estar muy alerta”.Contó que las cifras generales de este mercado resultan sorprendentes: se extiende a lo largo de veinte hectáreas que transcurren paralelas al “muy contaminado” Riachuelo de Buenos Aires. “Cuando estás cerca ya lo sabés, por el olor que despide el río”, explicó la joven. “Al llegar te encontrás con un galpón inmenso, con más de 6.000 puestos de venta, y un dato para tener en cuenta que me dio una puestera: el valor del metro cuadrado comercial supera al de Puerto Madero, por ejemplo”.En su mayoría, los compradores que van allí provienen de ciudades del interior de Argentina y de países limítrofes para abastecer a sus pequeños negocios o puestos particulares en otros mercados similares. Refirió Anabella en otro orden: “Al principio parecía que era como un viaje normal, pero después de los primeros kilómetros de viaje te das cuenta de que no y que tenés que estar con todas las luces de alerta, porque pueden desaparecer tus bolsos, cosa que ha pasado. En un viaje anterior, a mí puntualmente me sacaron una bolsa con ropa masculina y prácticamente la travesía fue en vano, pero lo importante es que en Buenos Aires nunca pasó nada, que es un gran temor que tenemos todos. Estos tipos de transportes siempre están en la mira de los ladrones”.“Es complicado. Vas nerviosa y estresada porque no tenés que perder de vista tus cosas, todo el tiempo tenés que estar alerta, porque ha pasado que dentro del colectivo sos blanco de pequeños hurtos. No te podes dormir. La primera vez tuve la suerte de viajar con una persona experimentada que me abrió los ojos, incluso me contó algunas picardías a las que recurren algunas personas para robarte. Hay que tener más cuidado con algunas mujeres que de los hombres, ellas son las que aprovechan alguna distracción, simulan que están descompuestas y cuando te acercás a ayudar, te roban. Es algo que hacen a menudo mujeres mayores y muy bien vestidas; cuando te diste cuenta, ya no tenés la billetera. Hay de todo”, razonó la joven.Algunas cifrasEl promedio de edad de las personas que toman estos servicios, que corresponden a la clase pobres, se encuentra entre los 25 y los 60 años, en un 90% los compradores provienen de Paraguay y el volumen de dinero destinado a las compras suele superar los 20 mil pesos.Algunos de estos servicios tienen paradas en la terminal de ómnibus de Posadas o bien hay salidas desde La Saladita de Garupá. Según Olivera, en La Salada atrae la oferta de precios y en Flores la calidad de producción de las prendas. “Sí o sí tenes que ir a los dos lados, para traer un poco de cada cosa”. Para el viaje de ida y vuelta hay que disponer de unos 1.200 pesos, incluyendo un gasto mínimo de comida, porque en el tour no dan nada más que agua o algún jugo en el colectivo. Para “justificar” que la “odisea” tenga sentido hay que disponer de al menos 10 mil pesos.




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