POSADAS. 1965 era un año de grandes novedades para Laura Glombovsky (83) y Oscar Edelman (84). Llegaban junto a sus hijos Luis y Norma a esta ciudad para permanecer dos años mientras Oscar realizaba la instalación de los primeros teletipos para el Correo Central. Pasó el tiempo, se quedaron y echaron raíces. Oscar desde el periodismo, Laura con su trabajo en el ámbito de la salud (es técnica química) y luego como dramaturga y escritora, brindaron lo mejor de sí a la comunidad local.Cuentan con orgullo que ya tienen seis nietos y siete bisnietos, entre risas y emociones recordaron junto a PRIMERA EDICIÓN algunas de sus anécdotas. Entre ellas, las del mítico “Estor Bar” y vivencias muy queridas de su vida en la capital misionera, ciudad que eligieron para radicarse. Toda una vida “Nos conocimos en la Escuela Industrial, anexa a la Universidad de Santa Fe. Primero tuvimos que crecer, empezar a trabajar, casarnos (en 1954) y tuvimos nuestros hijos”, dijo Laura honrando “el amor eterno de este señor con que hemos cumplido ya 60 años de estar juntos”. Su casa en General Paz 2445 podría ser considerado un verdadero centro cultural. En la sala y las habitaciones hay centenares de libros de literatura y de arte además de revistas de algunas décadas atrás. También piezas de cerámica en que se adivinan rostros, manos y ojos que fueron creadas por Laura, quien tuvo esta actividad como uno de sus hobbies tras jubilarse a los 60 años. En la habitación donde tienen la computadora que como buenos escritores, usan habitualmente, hay un cuadro que plasma el entorno de la primera colonia judía en Argentina, la “Moises Ville”. “Es en Santa Fe -explicó Laura-. Ahí habían llegado los primeros judíos, alrededor de 1890. Entre ellos los Edelman. Años después, el abuelo de Oscar fue el que recibió a mi abuelo en su llegada”, contó Laura. Varios años más tarde, las familias volverían a cruzarse.Parte de esta historia, incluyendo el viaje en barco y la vida en Rusia, Laura la conoció a través de los relatos de su madre Ana Salzman -falleció a los 103 años en 2007- y la publicó en 2008 en una novela llamada “Los bisabuelos, según mamá”. A modo de reflexión sobre este oficio que ama, dijo que “es muy bueno, uno tiene que hacerlo, publicar. No pensar tanto en si irá bien o mal, yo lo que más hice fue gastar porque no gané plata con los libros, pero me dio tantas satisfacciones que valió la pena”. Las letras unen a este feliz matrimonio: “Es un trabajo constante porque una empieza, corrige, lee de nuevo, vuelve a corregir….nosotros tenemos la suerte de que a mí me corregía mucho Oscar, yo también le ayudaba a él en lo suyo (el periodismo)”, destacó Laura. Del laboratorio a la administración“Yo soy técnica química. (En Posadas) trabajé 15 años en laboratorio (privados y también en el Hospital Madariaga). Se me ocurrió estudiar, hacer cursos, un curso de estadística sanitaria y un año me mandaron a trabajar al leprosario (en el actual Hospital Carrillo). Estuve un año y volví al Madariaga donde, por pedido de “Pepe” Guccione (padre del diputado) pasé al área administrativa”, contó Laura.“Más tarde hice un curso de administración sanitaria. Luego me becaron en la facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires para hacer una carrera de Administración de Centros de Salud. Luego volví y fui directora adjunta del hospital”, señaló. Durante tres años (1984 a 1987) se desempeñó como directora de prensa del Instituto de Previsión Social (IPS). Luego fue secretaria del presidente del bloque radical. Periodista y viajero Oscar por su parte se recibió de Técnico industrial y electrónico, también se desempeñó como periodista radial en la radio LV2 “La Voz de la Libertad” de Córdoba. En 1965 el Correo Central donde trabajaba le encomendó radicarse por dos años en Posadas para instalar los teletipos, equipos con que se transmitían los mensajes de los telégrafos. “Cuando (Juan Carlos) Onganía fue presidente -junio de 1966- me echaron del correo. Nosotros decidimos quedarnos acá, Posadas es el lugar ideal y hoy estamos muy contentos de habernos quedado”, contó Oscar. Con su experiencia periodística accedió a Radio Provincia donde tuvo programas periodísticos. Además fue jefe de la Agencia de Noticias Télam y también trabajó en el Canal 2, el primer canal posadeño que era de circuito cerrado. “Durante varios años fue el único canal, hasta que abrió Canal 12 y el 2 se fundió”, contó. En 1978 y por 22 años hasta jubilarse se desempeñó como jefe de redacción del diario El Territorio. Durante el gobierno de Ricardo Barrios Arrechea (1983 a 1987) Oscar fue secretario de información pública.Algunos viajes memorablesJuntos como siempre han viajado por distintos países “por cuestiones laborales y con ella (Laura) de colada”, reseñó Oscar con picardía. Así viajaron a Chile donde él entrevistó a Salvador Allende (presidente de Chile entre 1970 y 1973) y a Raúl Castro (hermano menor y colaborador de Fidel Castro y presidente de Cuba desde 2008) para radio LV2. También fueron a Europa donde Oscar visitó los dos Berlines (Oriental y Occidental) atravesando el dramático muro de Berlín que seguía en pie separando física e ideológicamente a Alemania de la Posguerra. En esa ocasión, Laura aprovechó para viajar a Italia y conocer Florencia. Entre sus viajes también se destaca la inolvidable visita a Israel.La vida después de jubilarse“Cuando cumplí los 60 años presenté los papeles y me jubilé”, resaltó Laura mostrando su satisfacción por la decisión tomada porque desde entonces (1991) pudo disponer de sus tiempos para dedicarse a su familia, y también a la cerámica, a estudiar dramaturgia, publicar sus libros y desarrollar otras aficiones, como cultivar orquídeas.Escribía poesías desde niña y siguió cultivando este gusto por las letras que lo compartió en dos libros: “Poemas entrecasa” y “Poemas de Laura”, y en 2008, la novela “Los bisabuelos, según mamá”.Además escribi
ó diversas obras teatrales como “Después de todo” y “Mesa puesta”, además de las realizadas en el marco de Teatro por la Identidad, las cuales fueron publicadas en las antologías de este proyecto impulsado por Madres de Plaza de Mayo. Laura aprendió el arte de escribir textos para ser representados en teatros y espacios escénicos, es decir, escribir dramaturgia, con Jorge Drago y más tarde con Ricardo Alak, quienes venían una vez por mes a la provincia a compartir su experiencia. Algunos de sus compañeros de estos talleres fueron Raúl Novau, Olga Zamboni y Jorge Lavalle. Todos participaron de los festivales teatrales “De la idea a la puesta”. Su faceta como orquideófila también es de destacar ya que con el grupo Orquídeas Misiones -que fue el primero en su tipo en la ciudad- han generado el orquideario en el Jardín Botánico, que “hoy está abandonado, lamentablemente”, refirió Laura. Adelaida Alderete, Renee Belloni, Gisela Collman, la querida Maya, entre otras son las integrantes. Otras integrantes ya fallecieron o se radicaron en otras ciudades. “Somos dos de 83 (años). Las otras son ‘las chicas de 80’”, dijo Laura entre risas. “Es que como ocurre con los chicos, en la vejez también se nota cuando hay un año o dos de diferencia”, dijo con picardía. El mítico “Estor Bar”“Surgió en un Festival del Litoral. Nosotros nos quedábamos hasta tarde y luego no teníamos a dónde ir, entonces se nos ocurrió poner el bar”, recordaron. Lo llamaron Estor Bar y funcionó sobre calle Félix de Azara casi Sarmiento. “Duró más o menos seis meses, con suerte”, dijo Oscar. “Nos fundimos pero nos divertimos muchísimo”, agregó Laura. Una de las veladas de “Estor Bar” tuvo al folclorista César Isella a puro canto y guitarra, tras su actuación en el Festival del Litoral. “Se quedó tocando hasta las seis de la mañana, y nosotros teníamos que ir a trabajar”, contó Laura.“Éramos siete socios ‘Fuma’ Sánchez Bonifato, Tito Busse, Fito Palacio, Adhemar Bosco Demarchi, Juan Catalano, Tim Muñiagurria. Todos amigos y artistoides”, resumió la mujer en una risa compartida con Oscar. “No me acuerdo en qué año fue”, dijo él. “Fue en 1970, fue el año en que me gané el auto”, le señaló Laura y las risas siguieron mientras describía el Farlain, un “autazo” de gran porte que fue de gran utilidad para recorrer la ciudad de punta a punta en aquellos años.Una de las especialidades del bar eran los caldos en taza. Ponían un caldo en cubos en una taza y lo llenaban con agua caliente, directamente de la máquina de café. “Tuvo mucho éxito y como hacía frío, prendió bárbaramente”, dijo Oscar, quien también estaba a cargo de tirar los cafés – “tiraba muy bien”, destacó su esposa.Además (Adhemar) Bosco hacía tartas de cebolla y Laura preparaba también algunos platos. “Cocinábamos y vendíamos, pero al final nadie compraba, y todos comían y tomaban, así que nos fundimos”, recordaron con mucha alegría. Si bien no fue un éxito en lo económico, fue un gusto que quisieron darse y efectivamente, no se quedaron con las ganas.




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