POSADAS. Mónica Azamé respiró hondo, se colocó los guantes y las botas y empezó a escurrir los siete centímetros de aguas servidas que ingresaron al comercio que posee sobre la avenida Santa Catalina, después de que se desbordaran las cloacas tras la intensa lluvia caída. Es la tercera vez en poco menos de un mes que debe repetir esta desagradable tarea, como otros tantos vecinos de la cuadra comprendida entre la avenida Chacabuco y calle Mendoza. Pero ella y otro vecino de apellido Medina llevan la peor parte, porque comercializan alimentos, con las consecuencias que ello implica.Apenas comenzó el problema, los damnificados confeccionaron una nota, la firmaron y la llevaron a la empresa Servicio de Aguas de Misiones SA (Samsa) pero hasta el momento no tuvieron respuesta alguna. No contestaron la misiva en forma escrita ni oral, tampoco se molestaron en interiorizarse sobre la cuestión.Azamé, que es propietaria de una heladería, contó que “estábamos de vacaciones cuando nos comentaron que se inundó todo, pero no pensamos que era cierto. El otro día había llovido apenas y pasó lo mismo. Hoy (por el martes) llovió por el lapso de una hora y el local quedó cubierto de aguas servidas. Hace un mes que venimos con este problema y necesitamos que nos solucionen el problema en forma urgente”.Añadió que “trabajamos con comida y nos está perjudicando terriblemente, y no sólo a nosotros sino a toda la cuadra. En nuestra ausencia los vecinos confeccionaron una nota dirigida a Samsa y la firmaron varios pobladores, pero todavía no hubo respuestas ni escritas ni verbales, tampoco vinieron a vernos”. “Hoy había unos siete centímetros de agua en el local, en los sanitarios. Queremos que alguien se acerque para que nos brinde una solución, porque la pérdida que nos está ocasionando es terrible”, insistió.La comerciante manifestó que los muebles “quedaron prácticamente en desuso porque están construidos en fenólico y es como la tercera vez que se inunda. Así como ahora se presenta el local, es imposible atender a la gente, porque además del mal aspecto, el olor es insoportable. Si no llegábamos para desconectar los equipos, se iban a quemar porque todos quedaron con la base dentro del agua”.Expresó su descontento porque “para nosotros son días perdidos. Mover todos los equipos y muebles nos lleva dos días de trabajo, además hay que sanitizar, la limpieza tiene que ser a fondo, en todas las esquinas, porque trabajamos con comida. Pedimos que al menos vengan a ver lo que nos sucede. Esto es totalmente insalubre”.Rubén Medina vive unas casas más abajo y es dueño de una rotisería, que permanece cerrada por las mismas condiciones. Siguiendo el panorama debajo de la lluvia, sostuvo que “desde que se hizo la obra del asfalto nuevo, encarada por la Dirección Provincial de Vialidad (DPV), comenzamos a tener este problema que en quince años que vivo acá nunca lo habíamos tenido”. Agregó que, además de la nota enviada, “la vecina de la esquina fue varias veces a Samsa para pedir que vengan a ver y nadie apareció porque no tienen interés pero queremos una solución”. Contó que la “cámara rebosa, por lo que tuve que hacer una conexión directamente a la alcantarilla porque sino también estaría inundado. No sé qué es lo que hay que hacer. O volvemos a lo de antes cuando teníamos el pozo negro o arreglamos las cloacas. Si tenemos las cloacas para que funcionen, hagamos las cosas bien. O suspendemos las cloacas y hacemos los pozos como antes”, sugirió, visiblemente ofuscado.Recordó que “no pasaba esto antes de la obra de repavimentación de la avenida Santa Catalina, antes funcionaba lo más bien. Ahora empieza a llover, se larga cualquier chaparrón y el agua sale para afuera, es un desastre”.“Tengo una rotisería y eso me perjudica. Nos exigen las normas de higiene y ¿qué hacemos con esto? Cuando hay tormenta me tengo que levantar de madrugada para destapar y evitar que el agua llegue dentro de mi casa. De lo contrario el patio se llena de agua de la cloaca”, señaló.





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