POSADAS. Mientras el Gobierno nacional se opone a actualizar la base imponible del impuesto a las Ganancias, el mismo se va distorsionando y causando serios perjuicios a los trabajadores que fueron recibiendo aumentos salariales. Ocurre tras dos años de no existir una actualización de las alícuotas que se aplican sobre los salarios de los trabajadores.Para Marcelo Capello y Alejandra Marconi, del Instituto de Estudios de la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de Fundación Mediterránea, “el Impuesto a las Ganancias en Argentina ha ido acumulando diversas y severas distorsiones en los últimos años, la mayoría de ellas asociadas al hecho de que, en un contexto inflacionario, no se permite una actualización anual automática por inflación de los parámetros que ayudan a definir el monto a pagar del impuesto”.¿Progresivo? ¿Redistributivo?Los investigadores del Ieral, en el informe al que accedió PRIMERA EDICIÓN, manifiestan que Ganancias es “un impuesto muy particular” y recordaron que en sus orígenes, el tributo estuvo pensando para funcionar de manera diferente a la actual. “El Impuesto a las Ganancias sobre personas físicas cumple un doble papel en un sistema fiscal: permite recaudar dinero para financiar las funciones del Estado, por un lado, y grava a los contribuyentes según su capacidad contributiva, por el otro. Esto último le da la característica de ‘progresivo’, es decir, el peso del impuesto sube a medida que aumenta el nivel de ingresos del contribuyente. Por esta razón se afirma que es un impuesto ‘redistributivo’, lo cual se realza si además el Estado utiliza su recaudación para financiar programas que benefician en mayor medida a las familias de menores ingresos”.Lo cierto es que hoy, poco o nada de esa premisa se cumple: “Se debe recordar que hasta 1991 la ley del impuesto preveía dicha actualización anual y automática utilizando con ese fin el índice de precios mayoristas. La inexistencia de ajuste entre 1991 y 2001 no causó mayores problemas porque la tasa de inflación local se acercaba a la internacional, pero desde 2002 resulta absolutamente necesario contar nuevamente con la posibilidad de ajustar por inflación el Impuesto a las Ganancias”, advirtieron.“Si bien en algunos de los últimos años se han realizado correcciones parciales de los mínimos no imponibles y deducciones permitidas en el impuesto, la escala que determina con qué alícuota se grava el salario no ha sufrido modificaciones. Así, los contribuyentes pagan alícuotas legales marginales que van del 9% al 35%”, revelaron Capello y Marconi.Ganancias 2015Si de distorsiones se trata, frente a la falta de actualización explicada, el Impuesto a las Ganancias se ha convertido ahora en un tributo muy particular, pues “si en 2015 se toma un trabajador al azar, lo más probable es que o no pague el impuesto (alícuota del 0%) o que directamente pague la alícuota máxima del 35%”, aseguraron.El informe cita como ejemplo que este año “sólo pagan ganancias los trabajadores que entre enero y agosto de 2013 obtenían salarios brutos mayores a los 15 mil pesos mensuales. Un trabajador que en 2013 tenía ingresos brutos mensuales apenas por arriba de ese monto (por ejemplo, $15.100 por mes) y obtuvo un aumento salarial del 32% en 2014 (como el promedio de los trabajadores formales) y otro del 30% en 2015, entonces en el actual año ya tributará Ganancias con la alícuota legal máxima del 35%, sea soltero o casado con dos hijos. Así las cosas, si en 2015 el impuesto sigue sin cambios respecto de sus parámetros nominales, el resto del año un trabajador soltero que en 2013 por poco margen caía entre los asalariados gravados y se le aplicaba entonces una alícuota marginal legal del 27%, en 2015 caerá en la alícuota legal máxima del 35%. En consecuencia, el peso neto efectivo del impuesto sobre su salario bruto habrá pasado del 6,4% en 2013 al 8,8% en 2014, y al 13,8% en 2015. Se le habrá duplicado la presión fiscal en dos años”.Otro ejemplo: “Para el caso de un trabajador casado con dos hijos que en 2013 caía también por poco margen entre los sujetos gravados, se le aplicaba en ese momento una alícuota legal del 19%, mientras que se le aplicará la alícuota del 35% en 2015. De modo que el fisco se llevaba un 1,4% de su salario bruto en 2013, luego un 4,2% en 2014 y será 9,5% del salario lo que se lleve en 2015 (si no se producen cambios en el impuesto en el resto del año)”.Conclusión: “Con el sistema actualmente utilizado, un trabajador con ingresos netos gravables de poco más de 120 mil pesos anuales ya cae en la alícuota legal del 35%, cuando debiera caer en una alícuota del 14% si la tabla del impuesto hubiese sido actualizada por inflación minorista cada año. Si esto último hubiese ocurrido, un trabajador pagaría la alícuota máxima del 35% sólo si sus ingresos netos gravables superasen el millón de pesos anuales”, remarcaron. Distorsiones que están a la vistaLejos de la equidad, “lo insólito es que asalariados con ingresos mensuales muy altos (por ejemplo, 100 mil pesos mensuales brutos), serán alcanzados también con la alícuota legal máxima del 35%, al igual que quien apenas supera los 25 mil de ingresos mensuales brutos (en el caso de trabajadores que en 2014 obtuvieron un incremento de salarios como el promedio, y otro de 30% en 2015)”.En el ejemplo Un salario bruto de alrededor de 100 mil pesos mensuales en 2015 paga en Ganancias actualmente una alícuota efectiva del 30,6%, mientras que pagaría 22,5% si la tabla se hubiese actualizado por inflación y 19% si también se hubiesen actualizado el resto de parámetros que definen el impuesto a pagar. “Como es claro, las distorsiones creadas en el impuesto en estos últimos años ya no permiten cumplir cabalmente con los objetivos de equidad vertical y horizontal, claves para maximizar el impacto redistributivo”, concluyeron.




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