POSADAS. Inocencia Leiva, de 53 años, hace más de un año reclama justicia por la muerte de su hijo, Alejandro Cabrera, quien se desempeñaba en el ambiente gastronómico como mozo en los principales restaurantes del centro posadeño. Su madre dialogó con PRIMERA EDICIÓN y contó que su hijo siempre trabajó y se destacó por su honradez y buen trato con las personas, y que por eso se ganó el cariño de clientes, colegas y propietarios de los lugares donde le tocó desempeñarse. Recordó que incluso a su velorio en Puerto Esperanza viajaron muchas personas de Posadas para brindarle el último adiós.Cabrera fue asesinado en la madrugada del 24 de noviembre de 2013 a la salida de un boliche en Puerto Esperanza, en un confuso episodio.Inocencia viajó hasta la capital de la provincia para manifestar que la causa tuvo “muchas irregularidades” durante la investigación policial.En su momento afirmó que sintió “impotencia” cuando le comunicaron que el homicidio de su hijo fue caratulado como “homicidio con exceso en la legítima defensa”. “A mi hijo lo asesinaron y después quisieron esconder el arma homicida, que fue encontrada en la misma vivienda de quien hoy es el principal sospechoso”, protestó. Agregó también que el responsable del crimen estuvo detenido sólo seis meses y “ahora se pasea por el barrio tranquilamente, como si nada”, dijo indignada.Por otra parte, contó que en su momento “no pudo declarar una testigo clave en la causa” y que esa persona “se siente intimidada. No entiendo por qué el abogado no solicitó que sea citada por la Justicia para que declare”. Para colmo, en la necesidad de buscar justicia, Inocencia manifestó que fue estafada por personas que “prometieron llevar adelante el caso y lo único que consiguieron fue entorpecer la causa, favoreciendo al único sospechoso”, sostuvo. Con una mirada apesadumbrada, admitió que “tiene que haber un milagro para que yo vuelva a creer en la Justicia, la verdad es que no sé si se va a hacer Justicia, yo pienso que sí, pero lo veo muy difícil. Miro mucho lo que está pasando, no sólo acá en la provincia, sino a través de la televisión lo que ocurre en otros lados, y veo que no hay justicia”. A pesar de las dificultades que se presentan, insistió en que “tenemos la posibilidad que comience el juicio oral, vamos a ver cuándo”. Estrechez económicaTambién se refirió a las dificultades económicas que atraviesa la familia, de escasos recursos, por lo cual le resultó muy difícil afrontar los gastos que demanda un proceso judicial, sobre todo los servicios de un abogado que las asesore con distintas cuestiones. “Se nos hace difícil andar de aquí para allá con el caso, menos mal que una amiga consiguió un vale de nafta para viajar, si no, no sé cómo hacíamos”, reconoció. Desde la muerte de su hijo, todo fue más difícil, no sólo para ella, sino para todos sus parientes: “Muchos meses teníamos que comer garrón y reviro, porque la poca plata que teníamos la debíamos gastar en abogados”, quienes en muchos casos “nos estafaron”, manifestó.Recordó los innumerables viajes que realizaron y el esfuerzo que significó conseguir dinero para el pasaje y así viajar para saber cómo estaba la causa.“Mi hijo nos ayudaba con lo que ganaba, él era uno de nuestros sostenes en la casa. A pesar de tener un hijo en Posadas, nunca se olvidó de su familia en Esperanza. Hasta el mismo patrón donde él trabajaba me dijo: ‘Señora, quiero decirle que su hijo la amaba, siempre hablaba de usted’”, expresó. Sin embargo, para Inocencia la pesadilla no terminó allí, porque no sólo tiene que afrontar lo que conlleva un proceso judicial, que hace revivir cada día la muerte de un hijo, sino que además en varias oportunidades se cruzó en plena vía pública con el principal sospechoso del crimen. “Me encontré cara a cara con el asesino de mi hijo en la terminal de Esperanza y se me acercó, como queriendo hablarme. Dónde se ha visto eso. Inmediatamente le solicité que se retire, fue una situación verdaderamente dolorosa para mí, es como si tengo que revivir lo que le pasó a mi familia en todo este tiempo”, exclamó. Incluso su hija de 24 años radicó una denuncia cuando se topó con el imputado en la calle: “De repente se cruzó con él y esta persona se le acercó y con un tono irónico la saludó. Mi familia y yo vivimos una verdadera pesadilla”, puntualizó. Fue de paseo y halló la muerteAlejandro Cabrera era oriundo de Puerto Esperanza y trabajaba en un conocido bar del microcentro posadeño. El 24 de noviembre del 2013 viajó un fin de semana aprovechando sus días de descanso para regresar a su ciudad y visitar a familiares y amigos. En la madrugada de ese día, a la salida de un local nocturno del pueblo, mantuvo un altercado con un joven de 21 años llamado Eduardo. Al parecer, el pleito entre ambos continuó minutos después sobre la calle Honduras. En ese lugar, el acusado habría extraído de entre sus prendas un cuchillo con el que amenazó de muerte a Cabrera. Y lamentablemente cumplió con la advertencia: en determinado momento le clavó el cuchillo en el cuello y lo degolló. La víctima murió desangrada minutos después. Se supo que los pesquisas hallaron en el domicilio del principal sospechoso una hoja de cuchillo de cocina, tipo serrucho. Aparte encontraron su respectivo mango (marca Tramontina). A Alejandro Cabrera lo conocían sus seres queridos como “Junior” o “Bahiano”. El crimen generó conmoción no solamente en su seno familiar, sino también entre quienes compartían oficio en el corazón de la capital provincial.





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