POSADAS. Ir al trabajo, al médico, al supermercado, a pasear, visitar amigos. Para todas las actividades diarias necesitamos trasladarnos a pie o en cualquier vehículo, desde una bicicleta a un auto o un colectivo. Pese a ser una actividad cotidiana, solemos reflexionar muy poco sobre la conducta vial, que evidentemente no goza de buena salud. Los choques y muertes en las rutas lo dejan en evidencia. Según la Red Provincial de Traslado provincial, “no hay un día en que haya cero víctimas por accidentes de autos en Misiones”. Esto significa que todos los días hay personas lesionadas o que fallecen a causa de los choques.En esta nueva edición de Sobrevivientes revisamos la cultura vial, el rol del Estado y las ONG de familiares de víctimas de tránsito de la mano de Pablo Wright, especialista de la Universidad de Buenos Aires y creador del programa “Cuerpos Metálicos” (Canal Encuentro).Existe una educación vial en las escuelas, un curso obligatorio antes de sacar el carnet de conducir, webs y programas sobre convivencia vial, pero aparentemente el tránsito está cada vez peor…A medida que vamos creciendo incorporamos saberes viales. Desde la antropología hablamos de “habitus vial”, un comportamiento heredado no en los genes sino aprendido, que uno incorpora sin tener conciencia y que a la vez va reproduciendo. Y es importante preguntarnos: ¿cómo aprendo a conducirme en la calle?, ¿qué valores me transmiten mis padres? Y ahí esta el tema, porque la cadena de transmisión de información es muy grande: la familia, empresas de transporte, un mercado automotriz que quiere vender autos, el Estado que tiene que actuar como agente de educación y de regulación, etcétera. Incorporamos hábitos sin reflexionar sobre sus consecuencias. ¿Cómo se puede hacer para que “tomemos conciencia”?Va a llevar mucho tiempo, porque implica un cambio cultural. Pero lo del cigarrillo -la Ley de Ambientes Libres de Humo- no llevó mucho tiempo, aunque es diferente, porque el retorno es más inmediato (en poco tiempo se pudo comprobar el descenso de afecciones pulmonares), pero en el tránsito es como más abstracto. Entonces, hay que transformarlo en inmediato. ¿Cómo? Trayendo a la conciencia la dimensión general de las conductas, las responsabilidades y riesgos, y que la política pública machaque desde la escuela primaria y que los padres participen en el proceso de transformación cultural. Hay muchas muertes viales todos los años. Lo importante es no quedar en la dimensión del dolor, eso nos tiene que interpelar como ciudadanos para que esto no vuelva a pasar. En eso el rol del Estado es fundamental.Hay organizaciones como Estrellas Amarillas o Luchemos por la Vida que trabajan para concientizar y prevenir nuevas muertes en tránsito. ¿Sirve lo que hacen? Estos grupos surgen porque hay un vacío del Estado, que no cumple sus funciones (generar conciencia, informar, diseñar campañas de prevención, etcétera). Son una reserva moral que de algún modo logra que estos temas permanezcan en la agenda política. El Estado debería ser el que asuma la responsabilidad y no delegarla, porque el deber cívico de los funcionarios es mejorar esta calidad de vida de los ciudadanos sin necesidad de que estas ONG se lo estén recordando. Pero mientras el Estado actúa en forma deficiente, estas ONG nos recuerdan que el problema sigue abierto.




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