POSADAS. No importa qué tan alto esté el sol, ni qué cantidad de grados marque el termómetro, Rubén Mariño tiene una actividad que realiza todos los mediodías en Posadas: andar en bicicleta. No necesita mucho más este hombre de 64 años y padre de cuatro hijos que vive a la vera de la Alicia Moreau de Justo (ex 213): hizo de este hábito su pasión.Rubén es conocido en el ambiente “bicicletero”. No sólo corre en torneo que se le presente, sino que también es dueño de Bicicletería Itatí, uno de los talleres más conocidos de la zona. Su historia sobre la bici comenzó hace 36 años y es un “estilo de vida”. “Me subí a una invitado por los hermanos Faubre y Julio Luconi. Hasta ese día yo era un jugador de fútbol, pero empecé con problemas en una rodilla, tuve que operarme y no pude volver a jugar. Así fue que comencé con este deporte y fue lo mejor para mí: dejé de fumar, porque hay que cuidarse mucho. Además te juntás con gente que no fuma, no toma y eso ayuda a tener salud. Yo, con 64 años me siento bien, bien (sic)”, le cuenta a PRIMERA EDICIÓN dentro de su taller, donde se siente “como en casa”. Está casado con Lydia Pereyra hace 39 años. “Todos los mediodías sale a entrenar, en ruta y en circuito, alrededor de una hora y media aproximadamente”, comenta su señora sobre la pasión de su marido. Según dicen los que saben, el ciclismo templa el espíritu y fortalece al ser humano. Mariño lo reconoce: “Para la salud es lo mejor el ciclismo: agudiza la visión y la mente”. La devoción por la Virgen de ItatíMariño y su familia tienen una fe ciega en la Virgencita correntina. Así se llama la bicicletería y también una de sus nietas. “Teníamos a la imagen. Rubén trabajaba como albañil y prometió que si lograba poner una bicicletería, la iba a llamar ‘Itatí’ en su honor. Cuando pudo, lo hizo. Es más, tengo una nieta que se llama así también”, relata Lydia. Son unos de los miles que todos los 8 de diciembre llegan hasta la basílica de Itatí a agradecer bendiciones y cumplir promesas subidos a una bicicleta. Lo hacen desde hace 34 años. “Vamos siempre, el año pasado yo estaba cansada y pensé que no llegaba, pero llegué. Todos los años uno tiene la duda de si va a ir o no. Pero después, cuando llega la época, siempre saca ganas de donde no tiene y va. Es una emoción muy grande, yo siempre que llego, lloro. Vas un año y al siguiente cuando llega la fecha querés ir, esperás ansioso ese momento”, asegura Lydia y confirma una sensación que inunda al llegar a la casa de los Mariño -lugar donde también está la bicicletería- “el ciclismo une a la familia. Nuestros cuatro hijos van a Itatí, e incluso los nietos quieren empezar a ir aunque no los dejamos todavía porque son chiquitos. Sólo a nuestra nieta más grande de diez años la vamos a dejar hacer los nueve kilómetros desde la entrada de Itatí hasta la Basílica este año”, sostiene orgullosa. Rubén ahora sumó otro recorrido obligatorio. Fue cuando se inició la peregrinación en bicicleta a Loreto: fue uno de los primeros en llegar. Un ciclista condecoradoAl ingresar al salón que oficia como taller en el frente de su casa, inundan los estantes todo tipo de trofeos: los hay grandes, medianos y pequeños. Están adornados con banderas argentinas y de Misiones y se multiplican a medida que la mirada recorre las paredes. El hombre, que en su próximo cumpleaños soplará 65 velitas, compite en Posadas, Virasoro, Santo Tomé, Apóstoles y en todo el litoral. Lo hace en tradicionales carreras que son fechas puntables de un campeonato zonal de la Asociación Misionera de Ciclismo. Fue campeón provincial en el 2013 y repitió el torneo en el 2014 en la categoría Master D: “Los que estamos de 60 para arriba, ya pasamos a la D”, se ríe. Pese a que para él ésto es un modo de vida, reconoce que no tiene la difusión que merece, “Es una actividad de la que se habla muy poco. La gente se entera de las competencias porque se comunican entre ellos, pero somos muchos los que buscamos en los medios y no encontramos nada. Yo escucho radio todo el día y se habla de otros deportes, pero del ciclismo no. Entonces, hay padres que ni saben que tienen esta posibilidad para sus hijos, o que tenemos una hermosa pista en el Parque de la Ciudad o lugares callejeros como la Costanera, o el by pass de San Isidro, que es un lugar hermoso para pedalear”, se lamenta.Para terminar, esboza el mismo reclamo que todo aquel que utiliza bicicletas: el problema con los conductores de autos. “Los vehículos no cuidan al ciclista, no hay respeto por las señales de tránsito en las calles y avenidas. Tampoco hay lugares adecuados en la ciudad para andar. Si bien hay bicisendas, la mayoría está mal construida. En la misma ex213 ni siquiera sirven para caminar”.Más allá de todos estos contratiempos, nada impide que Rubén se suba a su bici todos los mediodías y haga su recorrido habitual como parte de su entrenamiento. Lo despeja de los problemas cotidianos y prepara para lo que vendrá. No necesita más este padre de familia: subido a una bicicleta, tiene todo lo que quiere.





Discussion about this post