RIAD, Arabia Saudita (Agencias y diarios digitales). El rey Salman se comprometió a mantener la actual política exterior y de energía del principal productor de petróleo del mundo, apenas unas horas después de anunciar la muerte de Abdalá y su propia ascensión al trono. Incluso con esa vocación de continuidad, los retos son extraordinarios. Además de la incertidumbre generada por el desplome del crudo en los últimos meses, el nuevo monarca tiene que afrontar el desafío del grupo Estado Islámico (EI) que se ha hecho fuerte en Irak y Siria, y ha declarado querer derrocar a los Al Saud.“Continuaremos, con la ayuda de Dios, manteniendo las políticas correctas que este país ha seguido desde su fundación por el difunto rey Abdelaziz”, manifestó Salman durante su primer discurso televisado al país como nuevo rey.Sin embargo, el Reino del Desierto afronta una situación regional cambiante. Por un lado, Estados Unidos se ha acercado a su mayor rival regional, Irán, con motivo de las negociaciones nucleares. La posibilidad de que ambos alcancen un acuerdo ha desatado las alarmas en Riad que se ha sentido abandonado por su aliado histórico y dado algunos pasos para garantizar su seguridad de forma independiente.Por otro, los temblores causados por la primavera árabe han puesto patas arriba la zona. El propio monarca lo ha reconocido al afirmar que “las naciones árabes e islámicas necesitan con urgencia solidaridad y cohesión”.Algunos países se sumieron en el caos, como Siria, Libia o Yemen, mientras en otros, como Egipto o Túnez, el inicial avance islamista alertó lo suficientemente a la familia real como para financiar un movimiento contrarrevolucionario. Riad ha sido un apoyo crucial para el actual presidente egipcio, Abdel Fattah al Sisi, y también para la oposición al régimen de Bachar el Asad en Siria. Pero frente a la tradicional diplomacia de chequera, los saudíes se han visto arrastrados a una intervención más directa.Tal fue el caso ante el avance del EI en Irak y Siria, ante el cual la monarquía no ha tenido más remedio que unirse a la coalición liderada por Estados Unidos para bombardear a los yihadistas. A la vez, ese apoyo puede volverse contra ella dentro del país, donde un sector de la población está más cercano a la rigidez ideológica de los islamistas fanáticos que al liberalismo americano.Salman, un hombre con fama de pragmático, debe pues gestionar la influencia del Irán chií en Irak, Siria, Yemen y Bahréin, una guerra abierta en los tres primeros, la amenaza yihadista del autoproclamado Califato y las agitadas relaciones con Washington. Todo ello en un momento en que la caída del precio del petróleo (casi un 60% desde el pasado junio) empieza a hacer mella en las arcas saudíes, ante la decisión de no reducir la producción para mantener la cuota de mercado.La sensibilidad de ese mercado se hizo evidente con la subida del crudo en los mercados asiáticos nada más conocerse la noticia de la muerte de Abdalá. Horas después, tras el mensaje de continuidad de Salman, el petróleo abría a la baja en Nueva York.Prueba del peso geopolítico de Arabia en la región y el mundo fue la presencia Jefes de Estado y dignatarios de todo el mundo ayer en Riad para presentar sus condolencias al nuevo rey de Arabia Saudí, Salman, después de la muerte de su medio hermano Abdalá, que reinó durante una década.El presidente estadounidense, Barack Obama, decidió acortar una estancia en India, adonde llegará el domingo, para viajar a Arabia Saudí, anunció ayer la Casa Blanca.Obama y su esposa Michelle viajarán a Riad el martes para dar el pésame “en nombre del pueblo estadounidense” al nuevo monarca saudí, Salman.El presidente francés François Hollande, el primer ministro británico David Cameron, el príncipe Carlos de Inglaterra, el rey Felipe de España y el ministro iraní de Relaciones Exteriores, Mohammad Javad Zarif, están entre los líderes que acudieron desde ayer a la capital saudí.El ministro de Exteriores iraní también llegó ayer a Riad para presentar sus condolencias, en una visita poco común para un responsable de la República islámica shií al gran rival regional suní.Varios dirigentes musulmanes ya asistieron el viernes al funeral y al entierro de Abdalá, una ceremonia sencilla en la mezquita Imán Turki de Riad. Posteriormente se sumó a la ceremonia el presidente palestino Mahmoud Abbas.Aliado cercano de WashingtonAliado de los occidentales en la lucha contra los yihadistas pero criticado por su política en materia de derechos humanos, Abdalá, de unos 90 años, falleció el viernes en el hospital donde ingresó el 31 diciembre por una neumonía.Desde que subió al trono en 2005, el monarca fue un aliado clave de Estados Unidos entre los países árabes. Arabia Saudí se sumó el año pasado a la coalición liderada por Washington para llevar a cabo bombardeos aéreos contra el grupo Estado Islámico.Obama había sido uno de los primeros en rendir homenaje a un “valioso amigo” y a un dirigente “sincero”. Su homólogo ruso, Vladimir Putin, lo recordó como un “político prudente”.Pero Abdalá también decepcionó las expectativas de los reformadores, en especial, en el ámbito de la libertad de expresión o el lugar de la mujer en la sociedad.Amnistía Internacional denunció un reinado “insensible a los derechos humanos” y acusó a Occidente de encubrir esta política a causa del liderazgo del reino en el sector de los hidrocarburos y de su apoyo en la lucha contra los yihadistas.Unas horas después de la entronización de Salman, cientos de saudíes acudieron a jurar “obediencia y fidelidad” a su nuevo soberano y al príncipe heredero Muqrin en un palacio real de Riad, tal como exige la tradición.En su primer discurso, Salman, de 79 años y con problemas de salud, declaró que no habrá cambios en la política de este reino ultraconservador suní del Golfo, primer exportador mundial de petróleo, peso pesado de Oriente Medio.“Permaneceremos, con la fuerza de Dios, en la senda recta que este Estado ha seguido desde su creación por el rey Abdelaziz Ben Saud y sus hijos después”, afirmó el nuevo monarcaLas primeras decisiones de Salman fueron nombrar a Mohamed Ben Nayef como futuro príncipe heredero, segundo en el orden sucesorio después de Muqrin, y nombrar ministro de Defensa a uno de sus hijos, Mohamed Ben Salman.Tras las palabras del nuevo soberano sobre la cont
inuidad en la política del principal productor de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), los precios del crudo cayeron el viernes hasta un nivel inédito desde hace casi seis años en Nueva York.Arabia defiende con firmeza el mantenimiento de la producción de la Opep a su nivel actual, aun a riesgo de que se aceleren esta caída de precios del crudo (-50% desde junio).El poderoso ministro de petróleo, Ali Al Naimi permanecerá en el cargo.El monarca fallecido, que oficialmente reinó una década pero manejó las riendas del poder durante diez años más tras el ataque cerebral de su hermanastro Fahd en 1995, ejerció una gran influencia en la política regional.Sin embargo, defraudó a los reformistas, sobre todo en materia de libertad de expresión y de los derechos de las mujeres, que siguen sin poder conducir vehículos.Arabia Saudita, un país fundado en 1932 en la región donde nació el islam en 622, alberga los dos principales lugares santos musulmanes, La Meca y Medina.





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