POSADAS. “Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado a irrevocable muerte. Puede producir brillantes individualidades aisladas, rasgos de pasión de ingenio y hasta de género, y serán como relámpagos que acrecentará más y más la lobreguez de la noche”, escribió Marcelino Menéndez Pelayo y, sin duda, aquellos vestigios que supieron dejar quienes creyeron y lucharon en pos del progreso no son ni más ni menos que una forma de conocer el pasado de la ciudad. Un ejemplo evidente en la capital misionera es el “trencito” que duerme en la plazoleta de la avenida Mitre, en cercanías del puente internacional y frente al sindicato de Luz y Fuerza, que, según el cartel (actualmente en el piso) debía velar por su integridad, y que el pasado jueves 25, en horas de la tarde, sufrió un foco de incendio, tras un hecho de vandalismo que mediante el rápido accionar de los Bomberos no pasó a mayores.La locomotora perteneció a la maderera Heller, instalada en la península homónima en 1943, con maquinaria de última generación, otorgándole un importante impulso a la zona, y era utilizada para transportar los rollos que bajaban en jangadas por el río.La planta cerró a principios de la década del 70 y, tiempo después, la familia donó esta locomotora de trocha angosta al Municipio para que forme “parte de la memoria colectiva de la comunidad. Un legado que no es más que “una prueba para el ser humano de la importancia de la noción del tiempo, de hechos que perduran, la conciencia del pasado que se hace presente”, como explica la definición de “patrimonio cultural” de la Unesco.Sin embargo, aunque en 2005 esta organización de las Naciones Unidas manifestó que “el patrimonio bajo todas sus formas debe ser preservado, puesto en valor y trasmitido a las generaciones futuras en tanto dé testimonio de la experiencia y de las aspiraciones humanas, a fines de nutrir la creatividad en todos los campos del quehacer e instaurar un verdadero diálogo entre las culturas”, esta locomotora a vapor sufre los embates, no sólo de las condiciones climáticas y el vandalismo propio de la ignorancia del pueblo, sino también la ausencia de la “mirada” de las autoridades, que deberían velar por su integridad.Estos ferrocarriles tuvieron su origen en Francia, en 1873, cuando su creador, el ingeniero agrónomo Paul Decauville, basándose en las necesidades agrícolas de su industria azucarera del sur de París, utilizó barras de hierro ligeras, que colocó sobre travesaños, también de hierro, y que ensambló hasta lograr un camino de fierro de la longitud requerida, al cual le montaba pequeñas góndolas que jalaba mediante tracción animal. Actualmente existen en todo el mundo vestigios de este tipo de máquinas. Incluso, en algunos países, los trabajos de rescate y catalogación que emprendieron diversas instituciones impulsaron la creación de museos especializados, que tienen como meta recuperar este tipo de material, considerado hoy como patrimonio histórico y cultural.Sin ir más lejos, en agosto pasado, la Municipalidad de Resistencia, en Chaco, concretó la recuperación de las dos locomotoras “Decauville” de trocha angosta, de sesenta centímetros, que quedaron como testigos de aquel tendido donde circulaba el Ferrocarril Santa Fe, que llegó primero a la localidad de La Sabana en 1882 y años más tarde unió a la capital chaqueña con el sur de Argentina.“Estas locomotoras, que tienen tanto peso en el desarrollo de nuestra historia, estaban deterioradas, pero ahora las pusimos en condiciones para que los más chicos puedan apreciarlas y al mismo tiempo aprender sobre su pasado”, indicó el jefe de gabinete local, Leandro Zdero.Analía Colazo, hija del exjefe de Zona Fluvial Posadas, Sixto Ramón Colazo, lleva una lucha tenaz por la recuperación de los ferryboats y las locomotoras (La Posadeña y La Misionerita, ubicadas en el cuarto tramo de la costanera fueron restauradas en octubre pasado, mediante un proyecto de la Asociación Misionera de Pilotos y Navegantes de Rally) que “no lucen como parte de la historia de la provincia sino que están en el olvido”, explicó a PRIMERA EDICIÓN, mientras que el “trencito” de la avenida Mitre está a cargo del municipio. Colazo detalló que “intenté conseguir permiso para restaurarla, la corrosión hizo estragos, hoy en día resulta nauseabundo acercarse, orinan sobre su estructura, eso fermenta y fue corroyéndola. El año pasado llevé a un técnico, tengo todo para restaurarla, pero no me dieron el ok”.Y agregó que “me donaron tanto la madera como la pintura, presenté el proyecto pero el ministro de Turismo, Sergio Dobrusin, extravió la carpeta. En el Concejo Deliberante le dejé una copia a (Christian) Humada, pero tampoco tuve respuestas. Tengo los insumos y el conocimiento para ponerla en valor, sólo me resta la aprobación para comenzar a trabajar”.Los responsables son muchos: después de todo, hay que “ser conscientes de lo ocurrido y de donde se viene, puede ayudar a vislumbrar hacia dónde se va”.





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