PUERTO ESPERANZA. Tras la detención de un pastor evangélico y dos de sus cómplices por violar a una menor en Nochebuena, otro caso de similares características aunque muchísimo más grave sacude a esta localidad del Alto Paraná misionero. Esta vez fueron dos hermanas adolescentes quienes radicaron una denuncia por secuestro y violación contra tres jóvenes del pueblo, uno de los cuales es suboficial de la Policía de Misiones y actualmente se encuentra prófugo.El episodio tuvo lugar en la madrugada del sábado 20 de diciembre -es decir, hace nueve días- pero pese a la gravísima denuncia que involucra a un miembro de la fuerza, desde la Jefatura de la Policía provincial no se informó absolutamente nada, siquiera aún a sabiendas de que las adolescentes de 16 y 17 años permanecían internadas anoche en el hospital Samic de Eldorado con múltiples lesiones.La denuncia ya fue elevada al Juzgado de Instrucción 3 de la Tercera Circunscripción Judicial, con asiento en Puerto Iguazú, desde donde se ordenó la detención de los tres involucrados. El paradero de todos es aún un misterio.Según pudo saber PRIMERA EDICIÓN en base a sus fuentes, la pesadilla para las menores se inició alrededor de la 1 del sábado 20 de diciembre en una de las veredas laterales de la terminal de ómnibus de Puerto Esperanza, punto de encuentro para el esparcimiento de los habitantes de la zona.Hasta ese lugar habían llegado minutos antes las dos víctimas junto a un primo y otros integrantes de un equipo de fútbol de salón que se había coronado campeón local en el polideportivo municipal, distante unas diez cuadras.Siempre según la denuncia penal, en determinado momento la mayor de las hermanas se dirigió al baño de la estación, sin saber que allí comenzaría su pesadilla. En el pasillo que va hacia los sanitarios fue interceptada por dos jóvenes ajenos al grupo que celebraba.“No grites porque te matamos”, le dijo uno de los degenerados, mientras el otro le apoyaba una navaja en la espalda. La trasladaron hasta un automóvil azul en el que le taparon los ojos con una venda y la llevaron a un descampado, donde finalmente abusaron de ella. Allí mismo la dejaron abandonada.La menor pudo recuperarse y corrió hasta una ruta cercana, en la que fue auxiliada por un motociclista. Regresó a su casa recién cerca de las 5. Entonces comprendió que aquella pesadilla era compartida: su hermana menor había vivido prácticamente lo mismo.En la misma denuncia consta el relato de esa chica, de 16 años, quien contó que cerca de la 1 y aún en la terminal comenzó a buscar a su hermana mayor, al notar que había desaparecido de la zona.Fue entonces que se topó con el suboficial de la Policía provincial, al parecer vestido de civil, quien se ofreció para llevarla hasta donde estaba su familiar. “Ella está en la plaza, subí a la moto que te llevo”, fue -palabras más, palabras menos- el ofrecimiento del efectivo.La pequeña confió en el joven. Después de todo, se trataba de un servidor público. Nunca imaginó que ese encargado de velar por su bien sería capaz de cometer algo así. Mucho menos, tratándose de un vecino. Pero se equivocó.La moto pasó la plaza y la menor comenzó a sospechar. Al notar que su víctima intentaba arrojarse, el policía aceleró directamente hasta una vivienda desconocida, donde la violó. La menor logró escapar minutos después del abuso, pero en el camino fue interceptada nuevamente por el uniformado, quien tras amenazarla de muerte para que no contara nada, la abandonó en la plaza del barrio Las Mercedes.De regreso a casa, las hermanas contaron lo sucedido y fueron junto a su madre a radicar la correspondiente denuncia ante la Comisaría de la Mujer de Esperanza. Allegados contaron que la atención en ese lugar fue pésima, al punto que no recibieron asistencia psicológica. Tampoco médica, por lo que recién el último viernes fueron trasladadas al hospital Samic de Eldorado gracias a la gestión de autoridades locales y de la Secretaría de Acceso a la Justicia (ver “Una atención…”).Las dos víctimas permanecían internadas anoche con lesiones físicas de consideración. También psicológicas: ninguna podía conciliar aún el sueño. Una atención pésimaAllegados a las menores aseguraron que en la Comisaría de la Mujer de Esperanza la atención fue pésima y quienes tomaban la denuncia hasta tuvieron una reacción insólita.“¿Y ustedes qué hacían ahí a esa hora?”, les recriminó la policía a cargo de recepcionar el relato de las pequeñas, como si ellas fueran culpables y no víctimas.Después, increíblemente, las menores fueron enviadas de vuelta a casa, sin asistencia psicológica y luego de una revisación mínima. Seis días después, gracias a la intervención de la Comuna local y de la Secretaría de Acceso a la Justicia, llegaron al Samic. “Esto pudo haber sido otro caso Liani”El crimen de Liani Itatí Piñeyro (18), hallada sin vida en un trillo del barrio Esperanza II de Puerto Esperanza a las 5.30 del jueves 12 de julio de 2012, sin dudas marcó un antes y un después para el pueblo y, en general, para la sociedad misionera.“La podían haber matado, esto pudo haber sido otro caso Liani”, le dijo a PRIMERA EDICIÓN un allegado a la familia de las hermanas víctimas de abuso, al trazar un paralelismo con la pesadilla que vivieron las menores.Esa persona, quien pidió reserva de identidad ante el temor de sufrir represalias, contó que las adolescentes perdieron a su padre el año pasado “producto de un infarto” y que el principal sustento de ambas y de sus otras dos hermanas es el trabajo de su madre como empleada doméstica.Luego de revelar el maltrato y abandono que sufrieron las pequeñas en la Comisaría de la Mujer de Esperanza, el entrevistado aseguró que familiares del uniformado que permanece prófugo se acercaron a la madre de las pequeñas y le “ofrecieron 15 mil pesos para que retiraran la denuncia”.Al contrario de lo sucedido en esa dependencia, el allegado dijo que la atención en la comisaría del pueblo fue completamente distinta y allí las víctimas y su progenitora “recibieron algo de contención” por parte de los propios encargados de la seccional.Por último, la fuente ratificó que “dieron muchas vueltas” para que las menores reciban
atención médica, pero que finalmente lograron que se cumpla con ese derecho gracias a la comunal local y a la Secretaría de Acceso a la Justicia.





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