POSADAS. Aunque con menos años vividos, Lara Hassan es como el personaje de Forrest Gump, pero bien misionera. Esta joven tiene síndrome de Down y, desde pequeña, asiste a escuelas comunes. De hecho, hizo toda la primaria y el primer año del secundario en su adorado Instituto Concordia de Oberá y, la semana pasada, fue elegida escolta de la Bandera Misionera del Colegio del Carmen de esta ciudad donde acaba de pasar al último año del secundario. Multifacética y muy divertida, Lara habló con PRIMERA EDICIÓN sobre algunas de las cosas que disfrutó mucho en los últimos años como haber sido seleccionada por el Instituto Concordia en el equipo que viajó a Brasil para competir en la Olimpíada de Colegios Luteranos. Lara integró el equipo de natación y ¡regresó con una medalla!.Según confió su mamá, Alejandra, “Lara aprendió a nadar antes que a caminar, siempre le gustó mucho el agua”. Otra cosa que esta joven adora es la actuación y participó en varias obras de teatro junto al grupo del programa de Posadas Inclusiva, “el día de mañana quiero ser masajista y actriz”, anunció sin rodeos. Como a la mayoría de las adolescentes, a Lara le gusta salir con sus amigas. “¡Me encanta salir, divertirme e ir al boliche!”, admitió entre risas bajo la mirada cariñosa y atenta de sus padres Alejandra y Pablo. Como no podía ser de otro modo, formó parte del cuerpo de baile en la fiesta de la estudiantina posadeña. “También me gusta mucho remar, hago canotaje desde el año pasado, todos los miércoles”, indicó la joven. Poco después confió que ella pidió a sus padres que la llevaran al Programa “Integrarte” de Posadas Inclusiva, porque nunca había compartido nada con chicos que tuvieran alguna discapacidad. “Amo estar con ellos, me siento muy feliz de compartir con otros chicos como yo”, relató. La importancia del entorno Como es de esperarse, esta joven no está sola en la vida. “Como todos los padres, queremos que nuestros hijos sean perfectos y sanitos. Por eso, cuando nos enteramos que Lara tenía Down nos asustamos un poco pero eso desapareció tan rápido como vino. Siempre tuvimos el apoyo de nuestras familias… no sólo hemos sido bendecidos con los hijos que tenemos (tres varones de 21, 10 y Lucas, que está por cumplir 5; y Lara de 20) sino también con los amigos y las personas que fuimos conociendo en estos años”, confió Alejandra. “La estimulación hace la diferencia, a mi hija no le alcanza el día, va al psicólogo, al psicopedagogo, al fonoaudiólogo, a inglés, al teatro, a canotaje… en contraste con cuantos niños que, como era más común antes, eran dejados de lado como una plantita si tenían Down. La única diferencia es que los padres debemos aceptar que nuestros hijos con Down tienen sus tiempos pero, cada uno a su ritmo, pueden lograr todo lo que se propongan”. A diferencia de la experiencia por la que pasan muchos papás con hijos que tienen síndrome de Down, los de Lara nunca tuvieron que sufrir las excusas de una institución educativa para inscribirla como alumna. “Nunca nos pasó, estamos muy agradecidos con las dos escuelas que la recibieron como estudiante y con todo el equipo docente y profesional detrás de cada institución. Seguramente es muy importante el hecho que Lara asistió siempre a clases con una maestra integradora cuyo trabajo consiste en adecuar los contenidos curriculares para poder trabajarlos con mi hija”, indicó. Mudanza y nuevos compañerosDespués de vivir 17 años en Oberá, la familia Hassan volvió a instalarse en Posadas hace cuatro años. “Mi hijo mayor acababa de terminar el secundario y se fue a estudiar en la universidad. Los otros eran muy chiquitos. Pero para Lara fue un cambio difícil. Dejó atrás a sus compañeros de escuela con los que estaba desde el Nivel Inicial y, de golpe, entró a una nueva escuela y, por supuesto, no conocía a nadie”. Un año después, apareció en su vida Sara Ledesma, su actual maestra integradora (ver recuadro “No es fácil aceptar las diferencias”). “Me costó mucho adaptarme, pero Sara me ayudó mucho. Ella me trata bien y me dice que tengo que esforzarme mucho y estudiar más. ¡Me tiene cortita!”, bromeó. Su maestra integradora no sólo la guió en el proceso de aprendizaje sino también fue decisiva en la construcción del vínculo entre Lara y sus nuevos compañeros, los mismos que días atrás la votaron entre las mejores compañeras. En la actualidad, Lara cursa algunas materias sin el apoyo de su maestra integradora. “Psicología, por ejemplo, me encanta y entiendo todo lo que dice el profesor sin que tenga que ayudarme Sara. A veces también curso sola Geografía”, detalló.En la entrevista con PRIMERA EDICIÓN, Lara tiene la palabra. Sus padres la escuchan y esperan pacientes el momento de hablar. Y no le temen al futuro. “Para los adolescentes, no es fácil aceptar las diferencias”POSADAS. Sara Ledesma es una persona importante en la vida de Lara. Asiste a clases todos los días con ella, es su maestra integradora. En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Sara recordó que “siempre comentaba con mi esposo las cosas diarias de nuestro trabajo y un día me contó de una nena que necesitaba una maestra integradora. Un día me decidí y contacté a la mamá de Lara. Empecé a trabajar con ella cuando estaba en segundo año de la secundaria, en el Colegio del Carmen. Las expectativas no eran muchas porque ella venía con muy bajas notas y otras cositas, pero me propuse ayudarla para que pueda salir adelante. La traté de estimular lo más posible, de motivarla de diferentes maneras”. Según recordó “el primer contacto con Lara fue espectacular, tuvimos una conexión muy fuerte desde que nos conocimos. Una, porque ella es una personita muy encantadora y otra porque a mí me apasiona la educación especial, la inclusión de niños a la escuela común”. Integrar contenidos y alumnos El trabajo de Sara, según sus propias palabras, es traducir lo que el profesor está explicando a toda la clase a un vocabulario que pueda comprender Lara. “Debo explicarle de una manera más práctic
a y sencilla, con dibujitos, esquemas o algún otro recurso para que pueda entender lo que el profesor está explicando a todos los alumnos. Mi trabajo es en paralelo al profesor”, detalló. Pero la tarea de esta maestra integradora no termina en el nivel aúlico, “no es solamente la adaptación y adecuación de contenidos, sino también la interrelación con los compañeros, porque los adolescentes están pasando una etapa muy difícil donde no es fácil aceptar las diferencias. En el caso del curso de Lara hubo algún que otro conflicto, sin embargo, yo les hablaba a los compañeros de Lara sobre cómo comprenderla, tratarla, y a su vez a ella le enseñaba a no ser agresiva, que no sea hosca con los otros alumnos de su curso. Por suerte esa parte se superó”. Los conflictos, parte de la vida“Todos queremos que los otros nos acepten de una, al primer contacto, pero eso no pasó con Lara. Sin embargo, hoy el resultado es excelente, incluso hay que destacar que el grupo de estudiantes reconoce que Lara les enseñó muchas cosas. El día que ella fue electa entre los mejores compañeros, una de las chicas me dijo que querían agradecerme porque les enseñé cómo tratar a Lara y a su vez a ella cómo manejarse con sus compañeros. Escuchar eso por parte de chicos de 16 años es muy gratificante, para mí fue la recompensa más grande”, contó emocionada la maestra integradora.




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