SAN PEDRO (Enviados especiales). Si la inversión de más de 200 millones de pesos se hubiese realizado para mostrar los hermosos paisajes que tiene nuestra provincia, hubiese sido dinero bien gastado. Pero no, no era esa la finalidad. La nueva ruta provincial 27 aún no se encuentra habilitada de manera oficial. Se espera, para ese día, la presencia de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. Mientras, no hay nada que impida su ingreso ni que a través de ella se llegue hasta el límite del país, justo donde, a un río de distancia, comienza la República Federativa del Brasil. Esta nueva arteria se inicia en Palmera Boca, empalme ruta nacional 14, hasta el Puente Comandante Rosales sobre el arroyo Pepirí-Guazú. Está a un par de kilómetros de la ciudad de San Pedro y desde allí se inician un poco más de 43 kilómetros que terminan sobre el puente. Del otro lado: Brasil. Igual, el objetivo inicial de la obra es algo mucho más amplio que construir una nueva ruta: “ La provincial 27 es una ruta vital para el proceso de integración regional e internacional y estratégica para consolidar el corredor Bi-Oceánico entre puertos ubicados sobre el océano Pacífico en Chile y Atlántico en territorio brasileño. También contribuye a mejorar las condiciones de circulación para el tránsito terrestre pesado, circunstancia que potenciará el eje comercial Buenos Aires – San Pablo”, informó al inicio de las obras la Dirección Provincial de Vialidad. Otra de las posibilidades, de gran interés para todos los misioneros, es que por esa ruta, se puede llegar de manera más directa a las playas del sur de Brasil, en vez de subir hasta Bernardo de Irigoyen para cruzar por el paso habilitado con Dionisio Cerqueira.Sin embargo, tal como constató PRIMERA EDICIÓN, ninguna de estas dos opciones se encuentran habilitadas: ni ir hasta las playas ni el cruce de camiones. Entonces, la inversión realizada, no sirve más que para mostrar las monumentales bondades de la tierra misionera. Ni tránsito pesado ni turismoLa zona, previa al cruce de la carpeta asfáltica, era de tierra y virgen por el lado que se lo mire. Es más, la última estación de servicios para abastecerse del líquido vital para el automóvil, se encuentra en San Vicente, a la vera de la ruta 14. Luego, son 66 kilómetros hasta San Pedro, adonde habría que meterse ciudad adentro para conseguir algo de combustible. Luego, son 43 kilómetros hasta Brasil. Además, no hay ningún tipo de señal para celulares una vez que se ingresa a la ruta 27. “Sólo emergencias” es la inscripción que se lee en las pantallas de los dispositivos móviles. Tampoco señales de tránsito que indiquen a cuánta distancia se está de Brasil, quizás porque todavía no se encuentra habilitada “oficialmente”.A medio camino de una ruta con muchas curvas, la arteria se encuentra cerrada con barriles y carteles que indican que hay Control de Gendarmería, siempre del lado argentino. Una vez subida una cuesta de tierra, se llega a un amplio tinglado que oficia de aduana, incluso tiene la inscripción de “Paso fronterizo San Pedro – San Miguel Do Oeste”. Allí hay dos casillas, una de Migraciones y otra de Gendarmería. En dicho lugar se puede (y debe) realizar la salida del país de la manera correspondiente. Hasta ahí, todo normal. En ese puesto de Migraciones trabajan en turnos rotativos cinco empleados. Cruzan por ese lugar alrededor de cien autos por día y suele pasar que, de regreso al país tras las vacaciones, es el mismo GPS es el que lleva a la gente por esta nueva ruta. En ese momento, los encargados de Migraciones deben hacerles saber que tienen que realizar la salida de Brasil por donde corresponde o les cabe la posibilidad de una multa, en el mejor de los casos. “No podemos controlar u obligar a la gente a que no mienta cuando le preguntamos sobre su destino. Tienen que tomar conciencia de que no deben pasar si no tienen los papeles, porque, Dios no permita, si les pasa algo en Brasil, están allí de manera ilegal, con todo lo que eso significa”, indica uno de los trabajadores de Migraciones apostados en el lugar. Tras pasar por ese paso fronterizo, se deben seguir un par de kilómetros más hasta llegar al puente Comandante Rosales, que surca el Pepirí – Guazú. Del otro lado, una estructura edilicia donde se encuentra personal del CIDASC, un ente del estado brasilero que se encarga de controlar el tránsito de animales, vegetales y productos agropecuarios. Autos particulares que van a hacer compras o de paseo, pueden llegar, sin necesidad de hacer papeles de ingreso al país vecino, hasta San Miguel Do Oeste, una de las ciudades más importantes de la zona, ubicada a treinta kilómetros de la frontera. Sólo hasta ahí se puede ir porque es lo que permite el TVF (Tránsito Vecinal Fronterizo), una distancia no mayor a 50 kilómetros. Pero no hay allí ni Aduana, ni Migraciones, ni siquiera un puesto de la Policía Federal. Sólo se encuentra una amable señorita que habilita el paso a los autos particulares. “Ya han venido muchas familias desde ciudades como Oberá y Leandro N. Alem que quieren ir hacia las playas”, asegura Suzamar da Silva Santiago, en diálogo con PRIMERA EDICIÓN. Ella está sola en ese paso y su casa está a escasos metros del lugar. “Ni bien llegan les informamos que no pueden ocupar esta ruta para ir hasta allí, que deben sí o sí ir hasta Dionisio Cerqueira y hacer la entrada al país allá”, insiste. Entonces, los autos argentinos que busquen vacacionar en esas tierras, deberán transitar otros 105 kilómetros hasta la frontera habilitada e ingresar a Brasil de manera legal, de lo contrario, “tendrían problemas. Si se van sin avisar hacia las playas y después de 600 kilómetros los para la Policía Federal y les pide papeles, lo más probable es que terminen siendo deportados a la Argentina”, insiste. Desde su humilde opinión, manifiesta que “poner Migraciones en esta frontera beneficiaría mucho a Brasil. La gente cruzaría por acá, compraría combustible en las estaciones de servicios y en los locales brasileros”, asegura con el característico acento. Sin embargo, subraya que “se pasan la pelota entre la Policía Federal y Migraciones y nadie viene”. De igual manera, no deja de ser más que la opinión de una ciudadana más de los millones que tiene el Brasil. No es tarea de ellos habilitar este paso. Es de aquellos que tienen funciones más importantes. “Del otro lado”La primera parada, una vez cruzado el puente, es Paraíso. Este pueblito pequeño de Brasil de cinco mil habitantes tiene as
faltadas sólo un trecho de treinta metros en las calles de ingreso a la localidad, el resto no son más que calles de tierra o adoquinado. Sin embargo, la sonrisa y amabilidad, tan característica de los brasileros, están a la orden del día. También los adornos navideños, tan cerca de las fiestas de fin de año. Allí espera el secretario de la Municipalidad que se niega a revelar su nombre y asegura que “se puede cruzar por acá hasta las playas, no hay necesidad de hacer Migraciones”. Raro, porque contradice todo lo escuchado hasta el momento. Luego, a 30 kilómetros de distancia, se encuentra San Miguel Do Oeste. Sólo hasta allí puede llegar un ciudadano argentino “de paseo”. Sergio Ríos, titular de Migraciones, Delegación Iguazú, ya había advertido sobre esta situación. En una nota publicada el 22 de noviembre por este Diario, el titular aseguraba que “no hay autoridad brasilera del otro lado, por ende ese cruce no se puede utilizar para ir a las playas o al interior de Brasil, sólo está permitido el cruce del tránsito vecinal fronterizo. Quien quiera, deberá ir hasta Bernardo de Irigoyen y cruzar por Dionisio Cerqueira, que es el único cruce habilitado para tal fin en esa zona”. Proyectos y algo más…En algún momento se había hablado sobre la construcción de un nuevo puente que reemplace al Comandante Rosales. Sucede que, al menos tres veces al año, como cuentan los lugareños, el agua del Pepirí-Guazú sube unos cuatro o cinco metros y rebalsa la estructura. Entonces, la intención es realizar uno nuevo arroyo arriba y poner allí todas las instalaciones necesarias para Migraciones y Aduana. Por el momento, esto no pasa de proyecto. Leonardo Stelatto, director de Vialidad Provincial, también le había asegurado a este Diario que la nueva arteria estaría lista para ser habilitada a mediados de este mes, 14 de diciembre para ser exactos. En aquella oportunidad, había dicho que “para la habilitación total de la nueva vía, aún restan ejecutar obras complementarias menores como: rotonda en empalme con la ruta nacional 14, señalización vertical, demarcación horizontal, colocación de barandas de seguridad y cartelería indicatoria”. Estos trabajos están en marcha, así lo pudo comprobar PRIMERA EDICIÓN.Todo parece indicar que no se terminará el 2014 sin que haya una nueva ruta provincial en Misiones. El problema surge cuando se piensa en la finalidad con la que se la hizo, y en los 287 millones de pesos invertidos desde octubre del 2009 hasta hoy. Dentro de la carpeta con los trazados de la ruta, con el presupuesto de su realización y con el plazo de entrega, deberían haber estado pautadas también las gestiones del Gobierno provincial para que le indique a su par brasilero sobre la importante necesidad de un puesto de Migraciones en el lugar. De lo contrario, es nada más que mucha plata para recorrer, un poco más, la hermosa selva misionera.




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