POSADAS. ¿Se sabrá alguna vez quiénes son y dónde están “Sansón” y “El Rosarino”? Una respuesta afirmativa parece hoy, once años después, depender pura y exclusivamente de un milagro. Sin embargo, en las últimas horas la familia Barruffaldi finalmente encontró algo de alivio. Christian Marcelo Pacheco (41) y Damián Antonio Méndez (51) se transformaron ayer en los primeros responsables que la Justicia encontró por el salvaje crimen de “Kuki”.Para el Tribunal Penal 2 de Posadas quedó acreditado que ambos “entregaron” a la víctima a los dos autores materiales, de los que solamente trascendieron apodos. Por eso, Pacheco y Méndez recibieron quince años de prisión por el delito de “partícipes necesarios de homicidio en ocasión de robo”.Así quedó resuelto en la tarde de ayer en la sala de audiencias de calle San Martín al 1.400, según pudo atestiguar PRIMERA EDICIÓN. Desde allí, los dos condenados salieron esposados y con destino a la prisión en la que cumplirán esa condena. Hubo lágrimas. De angustia para sus allegados y de alivio para los familiares de la víctima.La indagatoria a PachecoLa jornada final se desarrolló desde temprano con el escaso aporte que brindaron los seis testigos citados, entre clientes del complejo deportivo de Barruffaldi y conocidos de Méndez.Sin embargo, antes de que se decretara el cierre de la ronda testimonial, el tribunal ordenó la presencia de Pacheco en la sala -había pedido permanecer durante todo el debate en una sala contigüa- para la lectura de las dos indagatorias a las que fue sometido a lo largo del proceso.La primera data del miércoles 3 de septiembre de 2003, horas después de su detención, en la que reside la principal prueba en la que el fiscal Rolando Oliva apoyó su alegato.En aquella oportunidad Pacheco dijo que conocía de vista a Méndez del barrio Tiro Federal -donde ambos vivían- y terminó de sellar esa amistad cuando el destino los hizo coincidir en un gimnasio del centro posadeño.Desde entonces, al descubrir que era asiduo concurrente al complejo de canchas de padel de Barruffaldi, Méndez comenzó a preguntar por “Kuki”. “Ese es el viejo que trabajaba en la Aduana. Ese tiene ‘filo’. Hay que romperle la cabeza”, cuenta Pacheco que le dijo el otro imputado en la causa.El indagado reconoció en ese momento que le había dicho que sí, que Barruffaldi tenía dinero, y que posteriormente le brindó otros datos, como que vivía sólo o que su esposa se encontraba de viaje en Rosario para visitar a sus hijos.Fue así que una tarde finalmente Méndez lo invitó a su casa. “Había dos personas sentadas de espaldas en la sala de su casa mirando la tele. Uno era rubiecito y tenía un crucifijo negro. No llegué a verles las caras, pero tenían acento aporteñado. Ahí volvió a preguntarme si el viejo tenía plata, me señaló a esas dos personas y me dijo que esa era la gente para hacer el laburo”, relató en aquel momento Pacheco. Esos eran “Sansón” y “El Rosarino”, nada más y nada menos. Pacheco recordó en aquella indagatoria que esa reunión había sido 3 o 4 semanas antes del crimen. Y que el lunes 30 de junio de 2003, cuando se enteró de que “Kuki” había fallecido, se sintió muy mal.Fue al otro día que volvió a cruzarse con Méndez, quien entonces le confesó: “la jugada salió mal, se les fue la mano, pero ellos ya están lejos. Quedate tranquilo que yo sé que vos lo querías al viejo, sólo querías que le roben y nada más”.Pacheco reconoció además que en una de las noches siguientes al hecho recibió una llamada al teléfono de su casa en la que desde el otro lado de la línea lo amenazaban. “Tené cuidado y no digas nada”, asegura haber escuchado esa vez.ArgumentosNo obstante, después de esa confesión, en abril de 2004, Pacheco regresó al Juzgado de Instrucción y aseguró que aquella indagatoria había sido vertida bajo presiones. “En la Brigada me amenazaron y golpearon. Me presionaron para que dijera lo que querían escuchar. Todo lo que dije es mentira”, sentenció en esa presentación.El fiscal Oliva retomó la primera indagatoria para apoyar su alegato, al asegurar que fue realizada en un Juzgado, ante un funcionario judicial y con la presencia de un abogado defensor.“No eran simples datos los de Pacheco. Fue una pieza indispensable. Y Méndez determinó directamente a los autores. Méndez es instigador, determinador del robo. Y sin Pacheco no se hubiese podido cometer el hecho de la manera en que se ejecutó”, sentenció el funcionario, quien entonces pidió una condena de 17 años de prisión para ambos. Acto seguido fue el turno para la letrada Celina Silveira Márquez, representante de Méndez. “No conocía a Barruffaldi, nunca fue a su club y nunca jugó al padel. Era vecino de Pacheco y sólo por eso llega su nombre al expediente. Y esa indagatoria no fue corroborada de ninguna manera, por lo que no hay prueba que lo vincule con el hecho”. Con ese argumento es que la defensora oficial pidió la absolución del imputado. Finalmente fue el turno del abogado de Pacheco, Pablo Luján, quien pidió que la figura de homicidio en ocasión de robo sea excluída de la acusación. “Esta causa está teñida de un sinnúmero de irregularidades. No hay absolutamente nada en contra de mi pupilo procesal: los tipos penales por los que Pacheco llegó a juicio no se pudieron probar”, dijo el letrado, quien sobre aquella confesión de su defendido esgrimió que “la autoincriminación es un acto de defensa, no una prueba de cargo, y a su vez requiere de más elementos de carga”.Para el cierre quedaron las palabras finales de los imputados. Pacheco nuevamente se abstuvo, mientras que Méndez tomó la palabra y se declaró inocente (ver nota relacionada).CulpablesLos jueces Marcela Leiva, César Yaya y Fernando Verón pasaron a deliberar alrededor de las 12.30. Regresaron a la sala de debates cerca de las 13.45, momento en el que solicitaron que el fallo sea leído por secretaria.La lectura estuvo a cargo de la letrada Fabiana Rossi. Y entonces se supo. La condena de 15 años de prisión recayó primero sobre Pacheco. Después, sobre Méndez, al que en ese mismo acto se declaró reincidente en virtud d
e los antecedentes penales en su contra.Hubo lágrimas en la sala de calle San Martín. Los familiares de Méndez rompieron en llanto una vez conocida la sentencia. Y también los de Barruffaldi, que mientras los jueces se retiraban estallaron en aplausos. Luego fueron abrazos. “Se hizo justicia, eso era lo que veníamos buscando en estos once años”, lanzó uno de ellos, mientras Pacheco y Méndez eran retirados esposados hacia prisión. “Ahora ‘Kuki’ puede descansar en paz”Apenas conocido el fallo los familiares de Jorge Oscar “Kuki” Barruffaldi (57) estallaron en lágrimas y abrazos. La de ayer fue la primera respuesta que recibieron en once años.“Es lo que veníamos buscando. Ahora sentimos un poco de calma, porque creo que mi hermano está descansando en paz después de esto”, alcanzó a decir Roberto Barruffaldi antes de quebrarse.También emocionado estaba uno de los hijos de la víctima, Alejandro, quien viajó junto a Mónica, su hermana, desde Rosario para presenciar el debate.“Se hizo justicia”, fue lo único que pudo decir con un hilo de voz el joven, notablemente emocionado y con lágrimas en sus ojos.La lucha de los Barruffaldi lleva más de una década con distintos sinsabores. Y quien quizás sea uno de los más emblemáticos en esa pelea por alcanzar justicia es Jorge Demaría, cuñado de “Kuki”, quien fue entrevistado por PRIMERA EDICIÓN en más de una oportunidad.“Teníamos mucha expectativa y también miedo de que todo esto quedara en la nada. No teníamos la intención de que se condenara a gente inocente. Y la Justicia determinó que eran culpables”, sintentizó el hombre, también conmovido como el resto de sus familiares.No obstante, más allá del alivio, Demaría recordó que los autores materiales siguen sin aparecer, por lo que espera que esa situación se resuelva de alguna u otra manera para que la respuesta sea completa.“Ahora sólo queda esperar y saber que ‘Kuki’ puede descansar en paz”, cerró Jorge. Más allá, atrás suyo, sus familiares seguían fundidos en un abrazo interminable. “Yo no soy culpable,no tengo nada que ver”Antes de que se conociera el fallo el imputado Méndez hizo uso de las últimas palabras y se dirigió al tribunal. “Me consideró inocente, no tengo nada que ver. Estoy por ‘se dice que’. Pido que se haga justicia”, dijo antes de que los jueces pasaran a deliberar la sentencia.Los camaristas regresaron a los minutos y se conoció el fallo condenatorio. Enseguida efectivos del Servicio Penitenciario Provincial se hicieron cargo de su custodia y le pusieron las esposas. Después dejaron pasar a su hijo. Ambos se fundieron en un abrazo.Inmediatamente se despegó del joven, el condenado miró a los familiares de Barruffaldi. “A la familia, yo no soy el culpable”, alcanzó a decir antes de que los agentes del SPP lo llamaran a silencio. Fue retirado junto a Pacheco hasta el móvil que los trasladó a la unidad carcelaria en la que comenzará a cumplir la pena.El calvario para ellos comenzó unas pocas semanas después de que el cuerpo de Jorge “Kuki” Barruffaldi fuera hallado violentamente asesinado en la casa en la que habitaba, sobre avenida Rademacher al 3.400 de Posadas.Minutos después del mediodía familiares y amigos del precursor del padel llegaron hasta ese inmueble sorprendidos porque ese día no había abierto el complejo de canchas que tenía sobre avenida Uruguay casi Pasteur, que aún funciona.Al notar que la vivienda estaba cerrada, llamaron a un cerrajero. Y ya en el interior, descubrieron la pesadilla: “Kuki” estaba sobre un charco de sangre, maniatado de pies y manos, con trapos y una toalla en la garganta. La investigación se inició y llevó a la Policía hasta Pacheco y Méndez. Después se escucharon los apodos de “Sansón” y “El Rosarino”, aunque las identidades y paraderos de ambos siguen siendo un misterio aún hoy, once años después del crimen.




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