POSADAS. En la capital misionera se asiste a una relación contradictoria entre las personas y sus árboles; por lo menos con los más “viejos”, es decir, sus gigantes históricos. Si bien es cierto que, aunque los cambios puntuales en la ecología urbana datan -en esta ciudad- desde hace al menos dos décadas, en los últimos años fue muy notorio el arrasamiento de algunas especies históricas, de lento crecimiento, como por ejemplo los pinos araucaria (monumento natural provincial), los cuales son tan escasos que casi representan un valor patrimonial perdido en el microcentro capitalino. Tras una recorrida de PRIMERA EDICIÓN, en aquellos espacios públicos donde antes se podía disfrutar de estos gigantes, ahora es notable ver la transformación de los pulmones naturales en “plazas secas, sin pasto, excepto por un par de pequeños canteros y unas cuantas palmeras for export”, evaluó el biólogo del Conicet Matías Pandolfi, consultado por este diario al respecto. Desde el punto de vista del ingeniero forestal y docente de la Unam Julio Bernio, “el árbol es un ser vivo de increíble estabilidad. Estabilidad que representa historia y saber que sin árboles no hay salud”. “Cuando se los tala, por ahí lo sufren mucho más las familias cercanas a ese árbol, porque pudieron disfrutar de su sombra, jugar. Hay que volver a mirarlos, cuidarlos”, pidió el ingeniero. Desde su mirada, la profesora de Fisiología Vegetal de la UBA, Gabriela Amodeo, se mostró a favor de la protección de una “arquitectura de plazas donde se preserve a los árboles y en los casos que haya que sacarlos, lo ideal es reubicarlos”. Ecosistemas urbanosPor Matías PandolfiLic. y Doctor en Ciencias Biológicas (UBA)Es frecuente que, al hablar de ecología, de preservación de los ecosistemas o de conciencia ambiental, nos focalicemos principalmente en lo que respecta al cuidado de la flora y la fauna en sus ambientes naturales tales como bosques, playas, montes o selvas. Solemos olvidarnos así de las ciudades en las que muchos de nosotros vivimos y que conforman ecosistemas urbanos. Es necesario tomar en consideración que las ciudades que hoy conocemos han sido construidas sobre espacios naturales y este impacto debe reducirse aumentando la cantidad y calidad de los espacios verdes dentro de ellas. Y no hablo solamente de los espacios verdes como áreas de esparcimiento y socialización sino que también como elementos fundamentales para cuidar la salud. Un impactante estudio realizado en los Estados Unidos demostró que la reducción en la contaminación del aire por parte de los árboles salva 850 vidas y previene 670 mil casos de síntomas respiratorios agudos cada año. Sería interesante también, dentro de las ciudades argentinas, comparar la incidencia de enfermedades respiratorias en barrios sumamente desprovistos de espacios verdes, con otros en los que todavía persisten espacios verdes.Hay algunas cosas que podemos hacer para entusiasmarnos y mejorar nuestra ecología urbana: (1) Volver a organizarnos en los barrios sin desconfiar tanto los unos de los otros para informarnos y hacer valer nuestros derechos a un aire limpio y a la presencia de espacios verdes recreativos. (2) Asumir un compromiso con una postura crítica pero no estéril, poniéndonos a disposición para informar, asesorar y trabajar en estos temas. (3) Tener muy en claro que a través de acciones concretas podemos conseguir mejorar nuestra ciudad.




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