POSADAS. En los alrededores de la Escuela Municipal de Tránsito y Educación Vial, situada en el Autódromo de ésta ciudad, el calor se torna insoportable. Pero a pesar de ser el día más cálido de la semana, una treintena de potenciales conductores sacrificó la siesta para asistir al curso que los llevará a obtener la licencia de conducir.En una sala un poco más confortable, con voz clara y firme, la instructora de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), accidentóloga pública nacional, Marta Sánchez, pide a los aspirantes que permanezcan atentos durante las tres horas que durará la charla.“Estamos muy contentos con nuestro trabajo. Siempre sucede que la gente viene muy molesta, muy enojada, porque es una gran incomodad llegar hasta el Autódromo, además de existir una visión cultural/social de ¿todo esto para una licencia? Pero, cuando regresa, se va muy convencida, conforme con lo que encuentra y se siente acompañada porque la misión que tenemos no es excluir ni lograr que una determinada cantidad de gente salga mal. Sino que se trata de incluir”, aseguró Sánchez tras concluir su labor diaria y evacuar todas las dudas que se pudieron haber generado durante el curso.Sánchez insistió en que “ésta tarea es inclusiva porque si tenemos la enorme posibilidad que el aspirante venga, no vamos a desperdiciar la oportunidad que aprenda lo básico. A nadie se le regala la nota, pero todos se van de acá, sabiendo. Por ahí no aprueba en la primera vez, pero en la segunda o en la tercera, sale bien y se va conforme, sólido, firme, confiado, que está sabiendo”, dijo gesticulando, como dando más énfasis a sus conceptos.A su entender, la funcionaria dijo que “regalar la licencia como antes se regalaba o se pagaba por ella, era simplemente hacer un gran daño a la persona que buscaba obtenerla porque interiormente sabía que desconocía aspectos importantes. Cuando viene acá y logra superar un escrito y un práctico con todas las exigencias, se siente realmente muy reconfortado, porque nadie le regala nada”.La profesional admitió que siempre se trabajó “en el trato con las personas, desde lo humano, desde el grupo. Vivimos en una sociedad muy violenta y el hecho que podamos decir ‘mi trabajo es que usted salga bien’, ‘mi trabajo es que usted aprenda’, cambia todo en la persona que se sienta a escuchar el curso. Se siente más acompañada. Tenemos una visión más amplia de lo que es el valor humano y del conocimiento técnico. Creo que eso es lo que hace que el trabajo diario sea muy reconfortante”, aseguró.Expertos que son inexpertosDesde el inicio de la Escuela de Tránsito y Educación Vial, en octubre de 2010, la instructora de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), Marta Sánchez, tuvo que exponerse a diversas situaciones, que a esta altura del partido, recuerda con una sonrisa. “Hay gente que se considera `experta´ y viene con el carnet cuando sabe que no puede conducir así. Hay otra que viene con la frase `yo manejo desde hace 20 años, y todo esto por una licencia´, pero con mucho agrado vemos que el 99% de esas personas, comprende y cambian su actitud. Entiende nuestra visión y el porqué hicimos lo que hicimos. Con el 1% no conciliamos posiciones y no volvió más”.Si bien hay mucho por hacer en la materia, Sánchez sugirió que “tenemos que ser realistas. Era casi inimaginable que existiera una Escuela como ésta en Posadas. Tenemos 40 mil habitantes y éramos uno de los pocos municipios que no tenía cursos ni exámenes. Haber podido resolverlo y sostenerlo, es grandioso”.El cartel de “Principiante”es una ayuda importanteEl cartel de “Principiante” en los automóviles de los nóveles conductores, se incorporó a partir de 2008 en la modificatoria que se hizo a la Ley Nacional de Tránsito. Deben utilizarlo durante seis meses porque exime en caso de colisiones menores, de no incurrir en infracciones muy graves. El espíritu de este cartel es lograr que los expertos ayuden o colaboren. Como, por lo general, a quienes se animan a agarrar el volante por primera vez les avergüenza su uso, Sánchez comentó una experiencia personal que le dio buenos resultados. “Tenía un Renault 9 y puse un cartel grande atrás y otro adelante, con la inscripción principiante. Estacionaba en el centro de Posadas y cuando volvía encontraba a los autos detenidos a una distancia más que prudencial, lo que hacía que pudiera salir con facilidad”, confió, al tiempo que insistió con que “hay que instalarlo”.Sánchez dijo que sus colegas que están en la calle “nos relatan que con los principiantes no tienen problemas para llevar adelante el control y la sanción, si fuera necesario. El que pasó por la escuela y comprendió las instancias que vienen después de un control, al entender que no es de vida o muerte, que solamente es un error, que puede ir a hacer un descargo, cambia también la actitud al momento del control”, relató, mientras observaba a quienes en la extensa playa realizaban temerosos las maniobras previas al examen. La AcademiaA partir del año pasado se comenzó con la formación de los inspectores de tránsito que ya están en plenas funciones. “Desde febrero hasta mayo se hizo un trabajo que resultó muy reconfortante. Fue una manera de retroalimentarse de la escuela a la práctica, y de la práctica a la escuela”, dijo Sánchez. También está la escuela de inspectores que en 2013 reunió a 14 personas y este año a 20, que se acercan a la Escuela para hacer su formación teórica. “Luego son acompañados a hacer las prácticas en la vía pública pero salen a la calle con un refuerzo teórico bien fundado”, aseveró Sánchez. “Es más difícil corregir a los experimentados que a los jóvenes”César Oscar Blanco es uno de los evaluadores. Entra en escena luego del curso teórico y la prueba escrita que consta de 40 preguntas generales, y otras quince que dependen de la categoría que el aspirante pretende conducir (motocicleta o automóvil). “Tenemos una pista exclusiva en la que los motociclistas deben mostrar cómo salvan obstáculos, el equilibrio, y un circuito en el que simulamos la vía pública, con peatones y semáforos”, contó. Cuando se trata de vehículos, se sienta junto al conductor en el habitáculo y lo observa. “Hacemos hincapié en el cinturón de
seguridad -que es primordial-, en la comodidad del chofer, en los espejos retrovisores y el manejo en sí, y realizando las maniobras correspondientes como si estuviéramos en la vía pública”, ejemplificó. También cuentan con un lugar de estacionamiento donde se enseñan las maniobras, las señales de giro, utilizar la baliza para que los que vengan conduciendo un auto detrás se prevengan de dichas maniobras, disminuir la velocidad en las sendas peatonales, detenerse por completo y ceder el paso al peatón, salida en pendiente, retroceso, y finalizando en los boxes.Coincidió con Sánchez al recordar que “hay personas que llegan con la mejor voluntad del mundo porque tienen la experiencia de familiares y amigos que pasaron por aquí. Los que no tienen conocimiento de lo que es la Escuela Vial vienen con un poco de temor, rezongando por la distancia. Y es notorio que les incomoda venir tres veces (una a la charla, otra al teórico y otra al práctico) pero, en definitiva, salen muy conformes porque hay cosas que nunca vieron o escucharon fuera de lo que es la Escuela”.Evaluador desde hace dos años, manifestó que tiene conocimiento por sus colegas de tránsito que se movilizan por la ciudad haciendo controles rutinarios de documentación, del uso de cinturón, del casco, de alcoholemia, que “se percibe una mejoría, se ve un progreso. No es del 100% porque para eso falta trabajar muchísimo. Esperemos que en breve podamos llegar a un 80%”, subrayó.A quienes poseen carnet desde hace muchos años, es obligación en los controles de rutina “hacerles ver los errores porque muchos creen que porque tienen un carnet que en su momento se había otorgado sin tanta exigencia, lo que hacen, está bien. Es nuestra obligación educarlo e invitarlo a que se acerque a una charla, que no le vendrá nada mal”, aconsejó.Errores frecuentesSegún Blanco, al principiante le cuesta adaptarse. “Tiene que ser algo espontáneo, subirse al vehículo, acomodar el asiento, los espejos, colocarse el cinturón. Les decimos que son responsables del vehículo y de las personas que llevan dentro, por eso antes de comenzar la evaluación, les damos unos minutos para que reflexionen, piensen, y no hagan todo a las apuradas. Aún así se cometen errores: no se colocan el cinturón y tampoco invitan a que el acompañante lo haga, no se detienen en la senda peatonal, pasan el semáforo en rojo. Muchas veces, al darse cuenta de lo que acaban de hacer nos dicen: ´pero esto es la Escuela Vial. Y enseguida aclaramos que esto se asemeja mucho a lo que es la ciudad de Posadas y por ende se debe hacer todo como corresponde”, aseguró. Para Blanco “es más difícil reeducar que educar porque las personas que conducen hace muchos años creen que los que ellos hacen o saben es lo correcto. Y a veces no es así. Hay una diferencia al decir a un joven de 17, esto es lo correcto y lo tenés que hacer. El 40% de los asistentes son adolescentes que están terminando la secundaria y quieren tener su carnet de conducir. Toman mucha conciencia porque en las evaluaciones el 90% sale bien. De cien personas que hacen el examen, 85 salen bien. Eso para nosotros es un logro”.





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