POSADAS. “¿Cómo lo van a golpear así?, les dije… y uno de ellos me contestó: ‘Lo que pasa es que hace cuatro semanas que le viene molestando a mi mina’”. La frase pertenece a Rogelio Correa, uno de los dos testigos que ayer relató con precisión y sin titubear su versión de los violentos acontecimientos de la madrugada del 19 de marzo de 2006, donde falleció el joven estudiante Iván Mercol (22). Las declaraciones de ambos coincidieron en ubicar a la víctima y a los imputados a la salida del boliche, donde se perpetró el salvaje y mortal ataque. Uno de los testimonios más esperados ayer era justamente el de Correa. No defraudó. Fue el más contundente en lo que va del juicio oral y público que se le sigue a los acusados: Diego Ariel Cantallops Simonetto (29) y Carlos Sebastián Ruiz (30). Al comparecer ante el magistrado César Jiménez, titular del Juzgado Correccional 2 de Posadas y a cargo del tribunal unipersonal, Correa expresó: “Estaba saliendo del boliche y en eso veo un tumulto de gente y a ‘Seba’ Ruiz pegando a Iván. Le daba muchos golpes de puños y patadas, mientras Iván se defendía. En eso Diego (Cantallops) le da una cachetada (a Iván) con un vaso o una copa, entre el hombro y la cabeza, de costado. Intenté separarlos y entonces intervinieron los de seguridad y le llevaron a Iván y me voy junto con los que lo agredieron, quienes también son agarrados por los de seguridad. Cuando regresé vi a Iván (Mercol) sentado. Tenía los ojos abiertos y con lágrimas de sangre, estaba tenso y lo llamé por su nombre, pero no respondió. Entonces los de seguridad me pidieron que me vaya. Una vez afuera me encontré con los agresores. ¿Cómo lo van a golpear así?, les dije… y uno de ellos, ‘Seba’ (Ruiz), me contestó: ‘Lo que pasa es que hace cuatro semanas que le viene molestando a mi mina’”.Finalmente el testigo refirió un detalle que no sería relevante hasta el testimonio siguiente: “Antes de ver cómo lo golpeaban, escuché como un sonido de botella que explota”. El botellazo El operador de radio Diego Betancur también estuvo esa trágica noche y brindó su versión de lo sucedido: “Estaba esperando a un amigo a la salida y entonces vi una pelea. Un sujeto le dio un botellazo con su mano derecha a Mercol y luego con la izquierda le pegó con una copa. Entonces vino otro individuo y le empiezan a pegar entre los dos. Reconocí por los diarios a Mercol, no sé quiénes eran los agresores”. Cabe consignar que la defensa de Cantallops pidió que este testigo sea investigado por falso testimonio, sin embargo el juez Jiménez denegó la solicitud. El misterio del “patovica fantasma”¿Quién es Sebastián Bueno? ¿Acaso no es el patovica que falta identificar y que nadie dijo conocer? ¿Se trata del empleado de seguridad que arrastró, auxilio o redujo a Iván Mercol luego de que fuera agredido? ¿Existe esta persona y alguien trata de ocultar su presencia la noche del homicidio? Estas y otras preguntas tratarán de develarse en las próximas audiencias del juicio oral que pretende esclarecer el crimen del estudiante de Ciencias Económicas. La identidad del llamado patovica “fantasma” fue puesta en escena ayer por el abogado defensor de Carlos Sebastián Ruiz, el letrado Hugo Zapana. Se cree que no sería casual que este empleado tenga el mismo apellido de quien era la jefa de seguridad de la disco posadeña en momentos de perpetrarse el crimen. Es más, el nombre de Sebastián Bueno figura en la lista de patovicas (integrada por policías y civiles) que el boliche presentó en su momento ante la Justicia. Sin embargo, la pareja del propietario de la conocida disco ubicada sobre la avenida Corrientes negó conocer a esa persona.Se trata de Aurora Elizabeth Schultz, quien dijo ante el juez, los abogados de los imputados y la Fiscalía que “seguridad se encargaba de seguridad, yo estaba en la boletería, y desconozco a quién contrataban, tanto civiles como policías, de eso se encargaba Marisa Bueno”. Además, la mujer reconoció que uno de los 25 integrantes de seguridad que figuran en la lista que presentó el boliche ante la Justicia es su primo (de apellido Franco Monges). Respecto a la madrugada en que fue agredido Mercol, la testigo afirmó no haber observado la pelea. Además, admitió que el boliche le ofreció a la familia de Mercol, cuando éste aún estaba con vida, “un avión y hacerse cargo de todos los gastos”, que se trata de una acción “común” cuando algo inherente a la salud le sucede a un cliente a la disco y que además es por una cuestión de “deber moral”. También declaró el apoderado legal de la disco, Gabriel Petta, quien aseguró que “la empresa no tuvo acuerdo indemnizatorio alguno con la familia de Iván Mercol tras el hecho” y que “ante la compañía de seguros se radicó la denuncia por el siniestro”. Durante la jornada de ayer hubo otros dos testimonios: un joven que acudió aquella noche y que conocía a los imputados, Jorge Manuel Zayas Ayala (alias “Sapirri”) y un policía que era seguridad en ese entonces, Jorge Luis Silva. Ninguno de ellos aportó mayores datos a la causa. Finalmente no se presentaron tres personas citadas para la audiencia de ayer, una de ellas considerada como una de las testigos claves e identificada como María Paula Sanz Berro, quien -de acuerdo a los dichos de una amiga suya- le contó cuando la víctima recibía un botellazo. El juicio pasó a un cuarto intermedio hasta hoy a las 8.30. El libro de guardia A pedido de las defensas técnicas de ambos imputados y de la Fiscalía, el juez Jiménez giró los dichos de dos policías a la Fiscalía de Instrucción en turno para que determine si incurrieron en falso testimonio durante el presente juicio. Se trata de quien era la jefa de seguridad de la discoteca donde fue agredido mortalmente Mercol, la oficial Marisa Raquel Bueno, y del efectivo Walter Cantero, quien dijo estar de guardia el día del hecho (a las 6.55 del domingo 19 de marzo de 2006) en la comisaría Segunda (jurisdiccional). Dicha solicitud se sustentó en el libro de guardia de esa seccional, donde en la citada fecha constan numerosas diferencias en cuanto a lo que testimoniaron los funcionarios policiales con respecto a lo plasmado en el documento o instrumento pú
;blico que representa dicho libro. Una de las irregularidades más graves es que figura que Cantero jamás estuvo en el boliche tras ser notificado a las 6.55 de ese día de un “desorden”, como él mismo dijo. Allí consta que estaba en un accidente de tránsito. Además, Cantero ratificó durante el juicio que dejó a una agente -Karina Da Silva- de custodia o consigna en la disco, cuando en realidad, según el libro, dicha policía ya se encontraba de franco de servicio. Por si fuera poco, figura en ese documento un llamado de la oficial Bueno desde el boliche donde era jefa de seguridad. Hasta allí nada extraño, pero resulta que está escrito que brindó nombre y apellido de la víctima, cuando ella misma sostuvo en un careo que llamó a la Segunda desde el hospital Madariaga, donde -según ella- recién se enteró de la identidad de Mercol.





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