SAN VICENTE. “Creo que la denuncia que me hicieron fue para dar un ejemplo, una maniobra mafiosa, para que nadie se meta, para que nadie reclame lo que le corresponde”, dijo Carlos Riveros (59) al comenzar la charla con PRIMERA EDICIÓN. Riveros, quien es bioquímico y trabaja en el hospital de San Vicente, fue noticia a primera hora de ayer, cuando desde la Jefatura de Policía informaron que “fue detenido por ingresar a una oficina del IPS armado y amenazar a los empleados porque no había llegado su pedido de medicamentos”.Este Diario dialogó con el acusado, quien negó haber portado un arma e incluso aclaró que al estar frente al juez de Instrucción 3, Demetrio Cuenca, tuvo acceso a la denuncia que radicaron contra él y allí no figura que haya estado armado. “Me acusaron un grupo de personas, porque había varias firmas en la denuncia, que yo dije ‘voy a buscar una metralleta a mi casa y les voy a volar la cabeza’. Cuando jamás dije algo así y nunca disparé un arma. Me incautaron una escopeta que yo tenía en mi casa, en un placard y que es un recuerdo de mi padre, quien solía cazar vizcachas cuando vivía en La Rioja. Lo que sucedió fue el viernes pasado, a las 11 en la oficina de la delegación San Vicente del IPS No había llegado mi pedido de insulina, pese a que estaba previsto que tenía que llegar ese mismo día desde el IPS Posadas. Entonces les planteé a los empleados que debían conseguirme dicho medicamento, que es vital. También les expliqué que no suministrarle ese remedio a una persona que padece diabetes, es como ponerle un arma en la cabeza a una persona, es decir que lo ponen en riesgo de morir. No creo que personas inteligentes hayan malinterpretado estas manifestaciones, salvo que actuen con malicia, por algún interés perverso. Lo cierto es que no me consiguieron la insulina y la obtuve en forma particular, por un favor que me hicieron porque no tengo el dinero para poder comprarla. Pasaron los días y el martes llegó la policía a mi vivienda, con una orden de allanamiento. Al llegar el oficial me advirtió que yo fui denunciado por ‘proferir amenazas’, y que si encontraban el arma de fuego iba preso. Para ahorrarle la búqueda a los efectivos, les dije donde estaba el arma, una escopeta calibre 28 que es recuerdo de mi padre. Los uniformados me trataron bien aunque no así el médico policial”.Finalmente, Riveros, explicó que además de darles el ejemplo del arma en la cabeza, le dijo a los empleados que “todos tenemos derecho a la vida. Y si ustedes no me solucionan la insulina están cometiendo el mismo delito que una persona que ametralla a otras. En este caso sería abandono de persona y puedo denunciarlos. Creo que eso les molestó y a modo de ejemplo para la sociedad, me denunciaron. Fue un correctivo. Además, me enteré que una de las delegadas del IPS San Vicente y que me denunció, es pareja de un alto jefe policial de la Unidad Regional VIII”.




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