POSADAS. Michel Andrey es uno de esos hombres, como tantos otros, que adoptó a Misiones como su lugar de nacimiento. Vive como un argentino, pese a que nació y se crío completamente en Chatel – St. Denis, un poblado de Suiza, el país que figura como lugar de nacimiento en su documento de identidad. Es una persona normal, está casado y tiene un hijo de 24 años. Le gusta viajar y hacer deportes, si hasta se considera a sí mismo como un “maratonista”. Vive en la Argentina hace quince años porque su señora es posadeña, y dentro de este gusto por recorrer tierras lejanas, tras su jubilación llegó a Misiones. Su castellano está todavía muy teñido por el francés de su lengua natal, porque es el idioma que habla en su casa, “para no perder la costumbre ni olvidarnos”, comenta. Lo que hace a este “misionero por adopción” distinto, es su importante colección de estampillas. Michel, además de suizo, maratonista, viajero y deportista, es filatelista. Esta pasión la lleva desde chico, cuando recuerda que a los seis años su mamá coleccionaba y él, siguiendo esta especie de tradición familiar, ya seleccionaba algunas cosas que le resultaban interesantes.Esta incipiente “pasión” se incrementó aún más cuando comenzó a trabajar en Swiss Post, una empresa de correos de su país natal. Allí estuvo desde el año 1960 hasta cuando se jubiló, armó las valijas y se vino para Misiones. Comenzó como un empleado pero su arduo trabajo lo llevó a ser jefe del Servicio de los Expresos de la parte francesa de Suiza. Fue responsable del programa Federal sobre la reorganización de Swiss Post en Ginebra, Berna y Basilea. También es instructor de la Protección Civil y fue miembro del Comité Central del Sindicato de Comunicaciones. En estas diferentes funciones adoptadas a lo largo de su trayectoria laboral, trabajó en países como Francia, Noruega, Canadá, Costa de Marfil y Malasia.Comenzó con la colección de estampillas en el año 1949 y ésta no cabe dentro de una sola valija. Tiene alrededor de cien mil y de todas las formas, colores y de todos los países imaginados, porque según el mismo lo dice, “un coleccionista es aquel que tiene algo que otros no tienen”. Entonces comenzó a buscar qué era aquello que los demás no tenían. En esa búsqueda notó una coincidencia con uno de los personajes históricos argentinos más importantes: María Eva Duarte de Perón. Su fecha de nacimiento -no año- coincide con la fecha de fallecimiento de “Evita” y su esposa nació en el mismo año en que la “abanderada de los humildes” murió. Estas coincidencias hicieron que se interesara por la vida de esta mujer. Hoy la colección con estampillas, postales y fotos de su infancia, inundan una valija. Pero conseguirlas no fue fácil. “En Suiza ella no es muy conocida, justamente por eso me interesé en su vida pero encontrar fotos de su juventud o de cuando era chica es casi imposible, porque nadie imaginaba que iba a llegar a ser la primera dama de la Argentina y mucho menos lo que fue después”, sostiene. “Se la puede amar o se la puede odiar, lo que no se puede es borrar un parte de la historia argentina”, con eso en mente, Michel compró a cualquier coleccionista argentino que divisaba por Suiza una parte de la historia de este país donde Eva era protagonista. Como conseguir fotos de su infancia era una misión, como mínimo, difícil, comenzó a completar esa parte de su colección con fotos de lugares donde Eva había crecido, su escuela, si hasta tiene la tarjeta del lugar donde la señora conoció a Perón. Más adelante su colección se amplió cuando comenzó a incluir estampillas con el perfil característico de Evita. Hoy suma más de 2 mil estampillas de la mujer de Perón. Esta colección fue expuesta en Suiza y también en la Argentina. “Siempre veíamos las mismas cosas, yo buscaba algo distinto”, asegura. Los pequeños defectos “de fábrica” en las estampillas con la imagen de Eva son marcados en su colección. A esto hay que agregarle unos mapas de la Argentina del año 1954. En ellos se leen grandes los nombres de la actual Pampa como Eva Perón y Santiago del Estero como Juan Domingo Perón, nombres borrados de la faz de la tierra, literalmente, tras la Revolución Libertadora del año 1955.En su colección de mapas también se encuentra uno muy particular: es del año 1886 donde Misiones es mucho más grande que la Misiones que conocemos hoy. En ese entonces el territorio de la tierra roja era de 55 kilómetros cuadrados, hoy la superficie es de 29,801.Una búsqueda de 35 añosDentro del amplio baúl de colecciones de este ciudadano suizo, están las tarjetas postales. Michel ansiaba hacerse con una en particular: buscaba la que tuviera el sello con su fecha de nacimiento. Se le hacia esquiva, intercambiaba con otros coleccionistas, compraba a otros colegas pero no aparecía. Esa intensa búsqueda, que había comenzado hace más de treinta años, tuvo un desenlace algo particular. Un amigo le dijo un día: “tengo varias postales que mi mamá coleccionaba y no las quiero más, te las vendo por 500 pesos”. Michel aceptó la oferta y se llevó a su casa la bolsa de tarjetas y estampillas. Las dejo ahí, esperando el momento para abrirlas y organizarlas como buen filatelista que es. Cuando tuvo un tiempo y lo hizo, grande fue su sorpresa al ver que dentro de ese montículo de postales se encontraba la que había buscado durante 35 años, la del sello con la fecha 26 de julio de 1943, el día de su nacimiento. “Por esta razón me gusta coleccionar estampillas y postales, las dos con sus fechas hablan de la historia”.Las seis que faltanMichel se propuso otra meta en su vida como coleccionista. Completar una plancha de estampillas del año 1858. La misma posee 240 estampillas, que fue comprando y ordenando en una carpeta exclusiva para tal fin, sin embargo en la imponente colección se erigen seis faltantes que Michel sigue buscando. “Si voy a Internet va a ser fácil, pero yo no utilizo a la web para mis colecciones. Esta búsqueda que finalmente terminó en la colección de estas 234 estampillas la hice sin buscar en Internet. Paciencia debe ser la mayor virtud de un coleccionista, así llegué a conseguir estas y sigo esperando que aparezcan las seis que faltan, porque la reconstitución completa de una plancha de estampillas es algo que nunca va a haber”, indica.Su conocimiento lo convirti&
;oacute; en instructor de filatelia, actividad que realiza hace más de 35 años. Fue jurado de varias exposiciones internacionales. Es un gran conocedor del valor real y actual de las estampillas y puede cotizar a valor nacional e internacional colecciones, documentos y estampillas del mundo. Es que de todo ésto, algo sabe. El castellano para un suizoEn Suiza se hablan tres idiomas oficiales: francés, italiano y alemán. El pueblo donde nació Michel tiene como lengua oficial al francés y es ese el idioma que se entremezcla con el castellano cuando se habla con él. Su esposa es posadeña, pero vivía en Suiza cuando se conocieron, es más, allí se casaron, entonces no tuvo inconvenientes en aprender a hablar castellano con ella, pero sí debió hacerlo cuando se mudaron para la Argentina. Dentro de este plan de aprender un nuevo idioma, tomó un curso de castellano en su país natal y después, ya en la Argentina, a reunión que concurría lo hacía con una libretita donde anotaba todas las palabras que le sonaban “raras”, para después estudiarlas con más tranquilidad en casa. Pero en el hogar donde vive con su señora e hijo, “se habla francés, para no perder la costumbre”, como él mismo dice.




Discussion about this post