POSADAS. Sólo le bastaron unos pocos segundos a los concejales posadeños para dar por abordada la totalidad del plan de labor previsto en el orden del día de la sesión de ayer del Concejo Deliberante local. De un plumazo, sin enumerar el número de dictámenes que se trataba y sin un cuestionamiento al absurdo y vergonzoso procedimiento al que se recurría, validó, por unanimidad 36 de los 37 dictámenes (pertenecientes a cinco comisiones de trabajo diferentes), dando un inesperado y rápido curso a la vigésima plenaria ordinaria.En la oposición se notaron algunas caras de desconcierto y sorpresa, aunque sumaron su voto a la posición mayoritaria, que logró la unanimidad de los trece munícipes presentes. La única banca vacía era la del renovador Julio Vivero, quien había anticipado su ausencia.Sordera e hipoacusia infantilesEsa flagrante violación al Reglamento Interno del cuerpo -cuya peculiar interpretación es moneda corriente en cada plenaria-, quizás para no aparecer tan brutal, respetó, sin embargo, la consideración de un dictamen de ordenanza para instituir en el municipio un programa de control y detección precoz de aquellos niños que presenten deficiencias auditivas. Una iniciativa del camionero Alejandro Velázquez que se suma a otra similar suya destinada a los niños con problemas visuales, sancionada hace unas semanas.Aunque previo a ello, en una sesión que se inició con más de cincuenta minutos de retraso, a las 9.52, el oficialismo debió soportar una andanada de críticas y cuestionamientos sobre la demorada radicación de familias allí residentes y la urbanización de la chacra 145; y una serie de irregularidades en el proceso electoral y elección de la comisión vecinal del barrio El Progreso. La nota barrial denuncia entre otros aspectos que el oficialismo retuvo su conducción por solo dos votos, con el agravante de que se habrían traído vecinos de otras barriadas cercanas para marcar esa pequeña diferencia. Un Reglamento que se soslayaResulta difícil catalogar el vergonzoso -para sus protagonistas, irrespetuoso para la democracia y la ciudadanía- procedimiento con que ayer, de un plumazo y en un instante, se soslayó la consideración y el conocimiento público de más de medio centenar de dictámenes de comisión, aprobado mediante el ahora ineludible voto electrónico. La decisión viola -aunque no es la primera vez que se soslaya al Reglamento Interno- las disposiciones de éste sobre el procedimiento en la plenaria (capítulos 14 y 15, artículos 88 a 115). Profundiza además un comportamiento hasta la supina ignorancia, algunas veces, de éste, que se vino profundizando en los dos últimos años, durante la prolongada gestión de la actual titular Magdalena Solari. Hasta ahora, aunque no en la totalidad de la forma correcta, los temas venían aunándose de acuerdo a las comisiones de estudio y cada una de ellas -salvo excepciones- procedía de la forma que ayer se hizo global: se los aprobaba en bloque, con la sola lectura o presentación de la carátula del primero de los expedientes. En algunos casos, el miembro informante iba más allá y lo exponía.Hace tiempo se dejó de leer buena parte de las carátulas de los asuntos entrados: las notas y respuestas del Ejecutivo y las presentaciones particulares, salvo algún pedido puntual en contrario. Desvalorizando, en éste y el caso anterior, la esencial función de los taquígrafos como fiadores de la sesión. Pero además, ayer se volvió a quitar otra potestad al cuerpo: se dejó en mano de los presidentes de comisiones la determinación de algunas definiciones sobre el destino del análisis de los proyectos, que hasta ahora era propio del plenario.




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