CAPIOVÍ. Casi cuatro meses nos separan de la Navidad. Sin embargo, para no dejar ningún detalle librado al azar, en este pequeño pueblo misionero tienen toda la festividad encaminada. Desde abril, un grupo de mujeres se reúne de lunes a jueves a partir de las 15 para comenzar el proceso de reciclado y transformación de botellas, tapas de dispenser de agua, botellas de soda, bolsitas de leche en polvo, restos de telgopor como bandejas y tapas de potes de helados en hermosas decoraciones para casas, árboles y plazas de la ciudad. Todo, con la intención de preparar a Capioví para que reciba la Navidad vestida para la ocasión.Marta Werle y Ursula Kleiner son quienes encabezan este grupo de alrededor de treinta mujeres que se reúne a trabajar, “aunque en realidad trabajamos en el proyecto, y durante todo el año, más de 300. Nosotras dos somos quienes vamos al taller y coordinamos, pero no nos podemos olvidar de la cantidad de gente que junta las botellas, las limpia, después nos las acerca, o de quienes trabajan en sus casas. Es una actividad de la que participa casi todo el pueblo. Hay personas que por temporadas ayudan en la confección, después, a fin de año, viene gente que colabora en la colocación de los adornos. Hay personas que trabajan en su casa, es mucha la gente involucrada”, aseguró Ursula Kleiner en diálogo con PRIMERA EDICIÓN.Este es el quinto año consecutivo que Capioví se decorará para la Navidad. “Empezamos a pensarlo dentro del grupo de Catequesis con la Iglesia. Pero entre pocas personas no lo podíamos hacer, necesitábamos más gente. Tuvimos la suerte de que al pueblo le gustó la idea y se prendió para participar”, indicó.Lo que se hace todos los años es reacondicionar lo que se utilizó el año anterior y sumar cosas nuevas, porque según Ursula “siempre tiene que haber algo nuevo”. Todos los adornos están guardados en distintos lugares y vuelven a ver la luz cuando se comienza con los preparativos. “Tenemos un lugar físico céntrico para que la gente vaya. De allí van saliendo las cosas listas, pero siempre tenemos que llevarlas a otro lugar porque necesitamos espacio, cuando armamos estructuras, por ejemplo”, afirmó.Una fiesta de interés“Navidad Capioví” adorna la ciudad gracias a la ayuda de todos los habitantes del pueblo. Es difícil no comparar el resultado con lo que arma la ciudad de Leandro N. Alem, cuya decoración ya lleva la denominación de Fiesta Provincial de la Navidad. “El año pasado estuvimos en Alem, lo que organizaron es muy lindo, y nosotros aspiramos a que el pueblo se sienta a gusto con lo que hace porque es un trabajo de todos. Yo me siento orgullosa cuando veo que la gente dedica tantas horas en el año a la decoración o cuando vienen a visitarnos personas de otros lugares. Eso a la gente la llena y las hace felices. Están incentivadas porque aman a su pueblo”, aseguró Ursula. Marta Werle, otra de las organizadoras, comentó que “nunca buscamos crecer tanto, preferimos afianzarnos más. Esta actividad que realizamos requiere de muchísimo tiempo, porque para nosotras dos que coordinamos es un trabajo obligatorio, pero el resto de la gente que participa lo hace desde la colaboración, no podemos obligarla en caso de que sea una festividad instalada en el calendario. No podemos saber qué va a pasar mañana, si la gente va a poder participar”. La decoración navideña está declarada de interés municipal. Ursula indicó que “avanzar a nivel provincial sería un premio más, pero no conocemos los contactos a nivel turismo. Nosotros nos dedicamos a armar las cosas y decorar, para que se sepa lo que hacemos armamos folletos, los repartimos e invitamos a la gente. Todo lo que la Municipalidad nos puede ayudar, nos ayuda. De Turismo quizás se pueda hacer algo más, como invitar a que la gente venga. Nosotros queremos conformar a la gente que trabaja y a la visita que siempre es bien recibida”.De igual manera, ambas afirman que en Alem es otro el nivel económico. “Allá vimos carrozas, lentejuelones, piedras. Lo que nosotros armamos es manual y viene del reciclado de las cosas. Recibimos donaciones de empresas privadas, con eso nos vamos manejando, pero no creo que podamos llegar a ese nivel”, declaró Ursula.El trabajo divididoPara hacer más operativa la actividad, se dividieron en grupos con distintas responsabilidades. “Tenemos muchas cosas para hacer: pintar, modelar, atar, calcar, y hay gente que es buena haciendo cada una de esas cosas, otros son muy minuciosos en los cortes, y así vamos viendo qué puede hacer cada uno”, indicó Ursula. Cada una tiene un sector encargado y si bien la decoración final incluye la ayuda de la fuerza de los hombres del pueblo, lo que es el armado de las flores queda exclusivamente en manos de las mujeres. “Todos donan su tiempo, no hay exigencias de ningún tipo. Nos sentiremos orgullosos con el resultado final y eso es lo que vale. Además de que, a través del reciclado, ayudamos al medioambiente de otra manera, eso nos pone felices”, finalizaron.




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