BAGDAD, Irak (AFP-NA). Las fuerzas de seguridad iraquíes tenían ayer a punto una contraofensiva en el norte del país, donde han empezado a arrebatar algunas posiciones a los yihadistas que con una campaña trepidante llegaron a menos de 100 km de la capital.Las tropas iraquíes han recuperado la localidad de Ishaqi y la zona de Muatasam, en la provincia de Saladino. En la primera encontraron los cadáveres calcinados de 12 policías.El viernes por la noche, la policía y los vecinos ya echaron a los sunitas extremistas de otra ciudad de esa provincia, Dhuluiyah.En la provincia de Diyala, las fuerzas regulares impidieron además que los insurgentes tomaran la ciudad de Muqdadiyah, según un coronel de la policía.Según un comandante militar, las fuerzas iraquíes quieren lanzar una vasta contraofensiva desde Samarra, una ciudad a 110 km al norte de Bagdad que alberga un importante santuario chiita. Allí llegaron el viernes refuerzos de la policía y el ejército.El comandante dijo que el objetivo es recuperar Tikrit, capital de la provincia de Saladino, y las localidades de Dur y Baiji. Las fuerzas están a la espera de órdenes para lanzar su contraataque.Los yihadistas del Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), fogueados en el conflicto sirio, se hicieron esta semana con el control de la provincia norteña de Nínive, que incluye la ciudad de Mosul; Tikrit y otras zonas de la provincia de Saladino, y sectores de las provincias de Diyala (este) y Kirkuk (norte), lo que los ha colocado a menos de 100 km de Bagdad.El EIIL, que quiere instalar un Estado islámico entre Siria e Irak, cuenta en sus filas con miembros de las fuerzas de seguridad del ex presidente Sadam Husein, según expertos militares.Irán ofreció ayuda La preocupación a nivel internacional es tal que Irán ha ofrecido a su viejo enemigo Estados Unidos cooperar contra los insurgentes en Irak, si Washington se decide a intervenir.“Si vemos que Estados Unidos actúa contra los grupos terroristas, entonces podemos pensar” en una cooperación, “pero por ahora no hemos visto ninguna acción por su parte”, afirmó el presidente iraní, Hasan Rohani.El régimen chiita de Irán, que en los últimos meses se ha acercado a Estados Unidos gracias a un acuerdo temporal sobre su programa nuclear, ve con muy malos ojos el avance fulgurante de extremistas sunitas en el vecino Irak, donde el gobierno está también dominado por chiitas.El presidente norteamericano, Barack Obama, dijo el viernes que estudia “todas las opciones”, salvo el envío de tropas, retiradas en 2011, ocho años después de la invasión que terminó con el régimen de Sadam Husein.Obama precisó que su país no va a intervenir “de la noche a la mañana”, y advirtió que “sin esfuerzos políticos, cualquier acción militar está abocada al fracaso”. Poderes ilimitadosEn un comunicado publicado el viernes, el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, también comandante en jefe del ejército, indicó que su gobierno le ha otorgado “poderes ilimitados” contra los insurgentes.El gobierno anunció además el viernes un plan especial de seguridad para defender Bagdad, donde muchos comercios seguían cerrados por miedo a la llegada inminente de los yihadistas.El ejecutivo de Al Maliki hizo un llamado a voluntarios para combatir a los extremistas sunitas, al que han respondido miles de civiles. El viernes, el dignatario chiita más importante del país, el gran ayatola Alí al Sistani, hizo un llamamiento similar.La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indicó que unas 40.000 personas han huido de los combates en Tikrit y Samarra, y más de 500.000 se han ido de Mosul, la segunda ciudad del país.El gobierno británico anunció el desbloqueo de una “ayuda humanitaria de emergencia”. Estados Unidos lo hizo El rápido avance de los yihadistas sunitas en Irán tiene sus raíces en la invasión de Estados Unidos llevada adelante en 2003, que dejó a su paso un enorme vacío de poder y un sangriento conflicto sectario.Para los detractores del expresidente George W. Bush y los “halcones” que lo rodeaban, la toma de la provincia de Nínive y de ciertas ciudades situadas al norte de Bagdad por parte de militantes del Estado islámico en Irak y el Levante (EIIL) es una prueba más de la falta total de discernimiento de Washington en 2003.“Se puede culpar a mucha gente de la debacle en Irak. Pero no hay que perder de vista que la decisión catastrófica de iniciar una guerra en 2003 es el punto de arranque” de los tormentos que vive el país en la actualidad, dice a la AFP Bruce Riedel, un exagente de la CIA hoy experto en la Brookings Institution.Juan Cole, profesor de Historia de la Universidad de Michigan, añade que el caos en Irak se asimila a “un acta de acusación” contra la administración Bush, que inició la guerra bajo el falso pretexto de que existía una guerra entre el régimen de Sadam Husein y Al Qaida.Pero al ocupar y “debilitar” Irak, la administración Bush -irónicamente- creó las condiciones que permitieron a Al Qaida “tomar y retener territorio hoy en día”, escribió.





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