PUERTO IGUAZÚ, OBERÁ y SAN VICENTE. No sólo el costo de los sepelios deben cargar los deudos de un fallecido. Además del dolor y la angustia, deben afrontar la decisión de qué servicio elegir (tal como publicó PRIMERA EDICIÓN el domingo) y también cuál será la morada final de su ser querido. En la mayoría de las localidades del interior misionero, el cementerio municipal es la única opción y muchos de ellos están saturados, como es el caso de Puerto Iguazú y San Vicente. El único cementerio de la Ciudad de las Cataratas, El Salvador, de propiedad municipal, ya está colapsado y todos los saben. Es por ello, que los familiares deciden sepultar en la misma parcela de tierra a varios de sus seres queridos.De esa manera, va quedando un cajón encima del otro y, según contaron, hay espacios donde han quedado tres cajones juntos. La situación del camposanto es de abandono y cada familia tiene que encargarse de mantener en buenas condiciones donde se dio descanso a su deudo, pero el lugar carece de perímetro y de seguridad por la noche.Instituciones como Gendarmería Nacional construyeron su propio pabellón de nichos, los cuales van formando un perímetro al límite del cementerio. En otros casos, van buscando lugar bajo tierra, sobre cajones que nadie ha reclamado, y de esa manera se van encontrando espacios nuevos en un saturado lugar.En la ciudad no hay una sala velatoria pública, a pesar de que existe una ordenanza que lo contempla. Las únicas dos salas velatorias son privadas y de una sola empresa que ofrece el servicio. Las familias sin recursos no tienen otra opción que realizar el velatorio en sus domicilios y pedir el servicio de inhumación del Municipio.Un servicio velatorio no baja de los 5.000 pesos y los montos van variando conforme la calidad del cajón y del confort de la sala. El básico ofrece el espacio, el cajón, servicio de café y té. En el caso de la obra social Pami, solamente reintegran unos 1.800 pesos, por lo que en tan doloroso momento siempre ayudan a pagar los familiares no tan directos del fallecido.Para sepultar a un ser querido se debe abonar al Municipio el valor de la parcela por el término de un año y el derecho a inhumación, es decir, 385 pesos. El derecho a construcción es de unos 200 pesos. Para los menores, la parcela cuesta 260 pesos. Los nichos cuestan 440 pesos anuales, mientras que por un panteón, solamente el espacio para la construcción, se debe abonar por año 2.050 pesos. La exhumación cuesta unos 130 pesos. En OberáDesde la Municipalidad de Oberá, Carlos Gross, director de Inspección General y Tránsito, explicó que “la inhumación en primera categoría (en nicho ataúd) tiene un costo de 200 pesos, tablón de primera categoría más el arrendamiento de sepultura. Para los indigentes o las personas de bajos recursos que no puedan pagar el servicio, se hace sin cargo. Después de cuatro años, el cuerpo puede ser colocado en un nicho de reducción. El arrendamiento del cementerio por cinco años tiene un costo de 150 pesos para nichos de reducción, el de tierra 200 pesos y en doble fosa 300 pesos”.El funcionario reconoció que “hay gente que debe 30 años de arrendamiento, generalmente las terceras generaciones son las que no se hacen cargo, pero todavía no se hizo ninguna exhumación. La Municipalidad tiene las herramientas legales a disposición y llegado el momento los cuerpos podrían ser colocados en el osario común”. Por otro lado, “actualmente la Municipalidad negocia la adquisición de dos hectáreas y media de tierra para ampliar el espacio del cementerio”, adelantó Gross.En San VicenteEn varias oportunidades este diario denunció que el cementerio de San Vicente estaba colapsado. Primero se tomó la determinación de reciclar tumbas de las que se había perdido la identidad del difunto, pero el año pasado se amplió el predio hacia el Parque Industrial. El terreno es de unos 6.000 metros cuadrados y ya está prácticamente lleno de nuevo: sólo queda espacio para algunos meses. Una de las alternativas fue la de construir sepulturas de cemento y mampostería en el perímetro de la necrópolis. Una empresa privada levantó una parte como prueba hace más de cuatro años y no hubo demanda, por lo que esa estrategia quedo prácticamente descartada.Por otra parte, el campo santo sanvicentino no tiene luz eléctrica ni agua corriente. Esto provoca quejas de los visitantes, que cada vez que van y quieren arreglar o limpiar las tumbas no tienen agua, a menos que quieran usar la de los floreros de las demás tumbas. Incluso, cuando se construyen las lápidas, los albañiles deben llevar agua y herramientas para hacer la mezcla a mano y poder realizar el trabajo.





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