PANAMBÍ (Enviados especiales). La saña fue mucha e inexplicable. La descubrieron los policías al ingresar a la habitación matrimonial de la casa del kilómetro 7 de la ruta provincial 5, en Panambí. Allí, cuatro encapuchados maniataron a una familia, la rociaron con alcohol y la prendieron fuego para llevarse alrededor de 460 mil pesos que habían cobrado horas antes de la venta de una carga de machimbre.Sucedió el último domingo por la noche y ayer, minutos después del mediodía, el feroz asalto se cobró su primera víctima. Se trata de Graciela Mojfiuk (42), madre de Cristian (25) y una nena de doce años, y esposa del empresario maderero Carlos Knack (43), quienes hasta anoche permanecían internados en gravísimo estado en el Parque de la Salud de Posadas.Según pudo saber PRIMERA EDICIÓN en la escena de los hechos, la pesadilla comenzó alrededor de las 19.30 del último domingo en la casa familiar, emplazada al lado de la maderera de la que son propietarios los Knack, a unos 7 kilómetros de Puerto Panambí.A esa hora llegó hasta el lugar en su Ford Focus uno de los hijos de la pareja, Cristian, quien arribaba desde Corrientes. Había viajado a la provincia vecina para cobrar unos 460 mil pesos de un negocio concretado por su padre.En la casa lo esperaban sus progenitores y su hermana de doce años. Apenas ingresó, irrumpieron en la escena al menos cuatro delincuentes encapuchados. Uno de ellos portaba un arma de fuego; los otros tenían cuchillos. Comenzaron entonces las amenazas de los malvivientes, quienes pusieron especial énfasis en la niña, a la que amagaban constantemente con ultimar de un disparo si no se les entregaban efectos de valor.Una versión -entre las tantas que circulaban en las últimas horas- indicaba que en un primer momento el dueño de casa se resistió al asalto y que por eso los ladrones enfurecieron y optaron por actuar de la manera en que lo hicieron.Haya sido o no así, lo cierto es que los cuatro encapuchados recorrieron las habitaciones de la casa hasta dar con el dinero en efectivo. Recién entonces decidieron ocuparse de sus víctimas, a quienes tenían encerradas en la habitación matrimonial.Primero tomaron prendas de vestir, cinturones y medias con los que las maniataron de pies y manos. Después llegó el momento del horror: tomaron varios frascos de alcohol etílico -que se presume, encontraron en el baño de la casa- y comenzaron a rociar a la familia. A gritos, en medio de un ambiente espeso por el olor a alcohol, la pareja y sus hijos pedían por favor que no llevaran a cabo lo que planeaban.Los ladrones no tuvieron compasión. Cubrieron a la familia con el colchón de dos plazas, tomaron un encendedor y, lejos de cualquier atisbo de piedad, los prendieron fuego. Después, con el dinero en sus manos, huyeron por donde habían llegado.Las llamas cubrían a los cuatro y les producían heridas irreversibles cuando Cristian logró liberarse de sus ataduras y desató a sus padres y a su hermana. Todos corrieron hacia el jardín de la vivienda y se arrojaron al pasto, que estaba mojado por la lluvia de la tarde.Apenas logró apagarse las llamas, Carlos Knack corrió unos 500 metros por la banquina llena de barro de la ruta provincial 5. Llegó hasta la casa de un vecino al que le pidió auxilio. Sus ropas estaban completamente quemadas y el fuego había llegado hasta su piel (ver página 35).Aquel habitante de la zona dio aviso a la comisaría de Panambí, subió a su camioneta y llegó hasta la escena del hecho prácticamente a la par de la Policía. Junto a otro vecino se encargaron de trasladar a Cristian y a la niña al Hospital Samic de Oberá. Sus padres fueron transportados por el móvil policial. Había sido una madrugada de terror. Una pesadilla que terminó siendo real.InvestigaciónApenas conocido el hecho arribaron al lugar efectivos de la dependencia local, de la Unidad Regional II de Oberá y de la Dirección de Criminalística. Trabajaron durante la noche en busca de pistas y ayer por la mañana continuaron en la escena, ya con la presencia del comisario general Juan Carlos Tainski, director general de Seguridad de la Policía de Misiones, y de efectivos de la Dirección de Investigaciones y Delitos Complejos.Mediante el “trabajo de campo”, los uniformados determinaron que los delincuentes entraron a la vivienda por una puerta de aluminio de la parte posterior, donde no hay rejas, algo común en una zona tan tranquila como la de Panambí.La principal sospecha es que los ladrones hicieron inteligencia previa y esperaron durante varias horas a que el joven llegara con el dinero de la venta. Cuando lo vieron entrar con el auto, ingresaron a la casa y llevaron a cabo el plan. Habrían estado en el lugar por lo menos unos 20 minutos, en los que torturaron y no se descarta que también hayan golpeado a la familia.Con respecto a las pistas que tienen los detectives, este diario pudo saber que de la escena se levantaron huellas dactilares que podrían ser cotejadas en caso de que se produzcan detenciones.Además, otro detalle llama la atención de los investigadores y es que la escopeta de Knack apareció en un pinal ubicado frente a su casa. El arma de fuego fue secuestrada y sospechan que los delincuentes pudieron haberla “sacado” de la vivienda para evitar una reacción del maderero en caso de que lograra escapar del infierno.Hasta anoche la Policía tenía a dos personas en la mira: una de ellas, un exempleado de Knack, fue detenida preventivamente en averiguación del hecho. Una de las principales dificultades de los investigadores tenía que ver con que los sobrevivientes estaban internados anoche en estado desesperante y no estaban en condiciones de brindar detalles. Lo único que alcanzaron a decir antes de entrar al quirófano fue el testimonio que sustenta la teoría del robo de los 460 mil pesos, principal hipótesis.Al cierre de esta edición Knack y sus dos hijos permanecían en estado crítico, mientras que su esposa, que había sufrido graves quemaduras en más del 80 por ciento del cuerpo, lamentablemente falleció ayer en el hospital Madariaga alrededor de las 13.20 (ver “La situación de los heridos”).Si bien la teoría del violento robo es la más firme, un grupo de investigadores no descarta otras hipótesis. En ese sentido, podría ser clave la declaración de un tercer hijo de la pareja, de 18 años, quien se salvó del horror gracias a que, cuando todo sucedió, estaba en casa de su novia. “Mirá lo que nos hicieron: me prendieron fuego a la familia”José Serfaz (38) aún tiene fresco en la memoria el momento en que llegó desesperado a su casa Carlos Knack, su vecino, para pedirle auxilio después del infierno que vivió junto a su familia.En diálogo co
n PRIMERA EDICIÓN, el hombre contó que alrededor de las 19.45 del último domingo cenaba junto a su familia cuando escuchó que alguien pedía socorro.“Salimos y vimos que era él. Pedía que llamemos a la Policía, que le ayudemos, porque le habían ‘puesto’ fuego a toda la familia”, rememoró Serfaz, todavía shockeado al igual que el resto de los habitantes de Panambí.El vecino reaccionó rápidamente y llamó a la Policía. Después, se subió en la camioneta y recorrió en segundos los 500 metros que separan su casa del lugar de los hechos. Cuando llegó, no podía creer lo que veía.“Ahí encontramos tirada a su señora, a la hija de doce años y al muchacho. Estaban todos en el pasto. Estaban desesperados, todos desnudos porque se les habían quemado las ropas. Él nos decía: ‘Mirá lo que nos hicieron, me prendieron fuego la familia’”, relató Serfaz con un nudo en la garganta.Enseguida los vecinos colaboraron con la Policía y se dividieron el traslado de los cuatro heridos hasta el hospital Samic de Oberá, a unos 35 kilómetros de distancia.“La mujer sólo decía que por favor le ayudáramos. ‘Fijate lo que nos hicieron, José. Nos ‘pusieron’ fuego y nos robaron’”, recordó sobre la desesperación de las víctimas en la noche del domingo.El shock del hombre y del resto de vecinos es difícil de describir con palabras. José hace silencio y vuelve a empezar: “Esa nena era amiga de mi hijita, estaba todo el día en casa. Imagínese, la encontré desnuda, la ropa totalmente quemada”, y se detiene. En el kilómetro 7 se conocen todos. Nadie pudo imaginar vivir algo así nunca.Antes de despedirse, Serfaz se hace eco del pedido del resto de los vecinos de la zona: “Ojalá se haga Justicia”, dice con la voz entrecortada, antes de regresar con el resto de familiares y amigos de las víctimas.El mismo pedido es el de Rubén Lago (42), quien vive del otro lado de la ruta provincial 5, a unos 200 metros de la casa de Serfaz. Él fue otro de los vecinos que recurrió en auxilio de la familia Knack.“Cuando llegamos estaban todos tirados en el pasto. La mujer y la hija estaban todas quemadas. Yo llevé al hijo hasta el Samic; estaba muy quemado, pero la chiquita estaba peor”, contó Lago.El vecino tampoco puede creer lo que sucedió y, como todos en Panambí, pide por el esclarecimiento del hecho y la detención de los autores: “Esto no puede pasar por alto, tiene que haber detenidos”. “Que detengan a los que hicieron esto”Conmovido por la situación que vive desde el último domingo, Ricardo Knack (41) habló con PRIMERA EDICIÓN y pidió a las autoridades que los responsables del dantesco episodio sean detenidos cuanto antes.“Me enteré por una llamada telefónica de un vecino. Querían plata y después de que mi hermano les entregó el dinero, le metieron nafta o algo y les prendieron fuego arriba de la cama”, relató uno de los hermanos de Carlos, el hombre que seguía internado anoche en grave estado en Posadas.Ante las consultas de este diario, Ricardo contó que su hermano jamás tuvo una amenaza y que tampoco notó algo raro en los últimos tiempos. “Es una barbaridad lo que pasó, no sé qué los llevó a hacer algo así”, analizó en medio del dolor.Con los ojos llorosos, el hombre dijo que “la Policía está trabajando”, pero que “hasta ahora no tenemos nada claro”. Dijo que habló con los vecinos de la zona, pero que “nadie vio ni escuchó nada”.“Pedimos que se haga justicia, nada más, que detengan a los que hicieron esto”, exigió ante este medio. Después, regresó junto a familiares y amigos, que se mostraban destruidos por el triste desenlace que acabó con la muerte de la mujer de su hermano. La situaciónde los heridosHasta anoche permanecían internados bajo pronóstico reservado en la terapia intensiva del Hospital Escuela de Agudos Ramón Madariaga de Posadas Carlos (43) y Cristian Knack (25). Ambos presentan quemaduras en entre el 70 y el 85 por ciento del cuerpo y se encuentran con asistencia respiratoria. Con respecto a la niña de doce años, continuaba internada en el Hospital de Pediatría con un 80 por ciento del cuerpo quemado. También cuenta “con asistencia respiratoria mecánica, sedación, tratamiento hídrico” e “inotrópicos como soporte vital”, según informó el Ministerio de Salud Pública a través de un comunicado oficial.En víctimas de este tipo de hechos resulta fundamental evaluar los daños que recibió el sistema respiratorio, ya que de encontrarse lesionado se dificulta gravemente la recuperación del paciente.




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