PARAGUAY (Medios digitales). Un paraguayo de 18 años con capacidad intelectual disminuida y las piernas sin movilidad vivía enjaulado por decisión de su padre en una casa humilde del pueblo sureño de San Ramón (departamento paraguayo de Misiones), informó ayer la policía.El comisario policial Ramón Bacigaluppo dijo a los periodistas que fue alertado por una llamada telefónica anónima acerca de la situación de Richard Valdez quien "sólo puede gatear, no habla y aparentemente tiene retraso mental".La vivienda se encuentra en el pueblo de San Ramón en el departamento de Misiones, a unos 270 kilómetros al sur de Asunción."El papá Antonio Valdez nos dijo que tuvo que construir una jaula de metal para tenerlo adentro a su hijo para evitar que se hiciera daño gateando por la casa y el patio mientras él salía a trabajar", comentó el jefe policial.El fiscal de la zona Egidio Jara informó, por su lado, que ordenó a los médicos forenses una inspección para conocer el diagnóstico pero como medida de urgencia solicitó la donación de una silla de ruedas.La semana pasada se conoció un caso similar en nuestro país cuando salió a la luz que una adolescente estuvo durante nueve años encerrada en un garaje junto a un perro y un mono, bajo guardia provisoria de una pareja de adoradores de "San La Muerte". Precisamente hace una semana puso fin a su calvario al ser rescatada, gracias a una hermana biológica que la buscó. La adolescente de 15 años estuvo 9 años esclavizada por una pareja en un domicilio de Villa Lugano. La infortunada víctima pesaba 20 kilos. Vivía en un garaje de una vivienda de clase media de la ciudad de Buenos Aires con un perro y un mono enjaulado mejor alimentado que ella. Sus padres adoptivos -que la sometían a una dieta de pan, agua y levadura y no la mandaban a la escuela- están detenidos por «reducción a esclavitud y a servidumbre, lesiones graves y privación ilegal de la libertad». El caso se conoció a raíz de la orden de detención de los padres, Daniel Gómez y Adriana Barros, pero la muchacha ya había sido rescatada hace semanas a raíz de las averiguaciones que hizo su hermana biológica, de 18 años, que no la veía desde hacía nueve y que le había perdido el rastro después de que los adoptantes se mudaran a otra dirección del mismo barrio. La pareja tiene hijos biológicos más grandes que aparentemente convivían con esa realidad como si se tratara de algo normal. La adolescente, de nombre Julieta, habría sido entregada en 2001 por su madre biológica -que ya tenía siete hijos y vivía en una situación económica muy precaria-, cuando tenía apenas un año. El juez otorgó a la familia una adopción provisoria o guarda.





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