POSADAS. “¿Qué es un desaparecido? En cuanto esté como tal, es una incógnita… Si reapareciera tendría un tratamiento ‘X’, y si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento tendría un tratamiento ‘Z’. Pero mientras sea desaparecido no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido”, dijo Jorge Rafael Videla; y es a ellos a quienes el Equipo Argentino de Antropología Forense, en un trabajo casi silencioso, intenta devolver su identidad, una labor que el director Miguel Rodríguez Arias presenta al público en “Buscadores de Identidades Robadas”, que presentó ayer la Universidad Nacional de Misiones (UNaM).En el marco de las actividades por la “Semana de la Memoria por la Verdad y la Justicia”, la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales proyectó el filme del reconocido documentalista en el que narra cómo el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) inició la enorme tarea de intentar identificar los restos -enterrados como NN- en distintos cementerios, víctimas de la última dictadura militar; y que en la oportunidad contó con la presencia de Federico Wittenstein, editor y asistente de dirección en la ardua tarea que significó llevar a la pantalla tantos años de historia.El EAAF nació en el contexto de inseguridad aún reinante de los años 1984-1985 y sólo era conocido por los familiares empeñados en encontrar a sus parientes.“Rodríguez Arias llegó al Equipo por una entrevista para el documental ‘Civiles y Militares SS’, en el que se cuenta con la participación de Luis Fondebrider -uno de los fundadores del grupo- es así que a pesar de ser muy reservado, casi no da entrevistas, y como la trayectoria de Miguel es muy amplia, tiene trabajos como, por ejemplo, ‘El Nüremberg argentino’ y documentales que hicieron historia dentro de la ‘documentología’ argentina, accedió a cuenta gotas y en el transcurso de tres años pudimos tomarle entrevistas a la mayor parte del equipo fundador”, comentó a PRIMERA EDICIÓN el editor.Y agregó que “cuando hacés un documental lo importante es primero juntar la mayor cantidad de información posible para llegar a la isla con un espectro abarcativo de diferentes cosas, después el archivo de dirección, Miguel Rodríguez Arias es un archivista muy importante, le va dando el concepto, nosotros utilizamos, por un lado, una proyección casi cronológica pero por otro, con entrevistas a familiares, fuimos tratando casi como una excusa el Equipo Forense para explicar otras situaciones que tienen que ver más con represiones en zonas rurales y metropolitanas, por ejemplo”.Mucho de qué hablarWittenstein explicó a este diario que en este “trabajo, apoyado por el Instituto de Cine (INCAA) y con producción propia de Rodríguez Arias, no contamos con voz en off, no tenemos ningún guía que nos lleve por la película, sino que el filme es archivo contra archivo que se va explicando enérgicamente no sólo el trabajo del Equipo en Argentina y otros países del mundo sino también la temática represiva, como se fue dando en nuestro caso, que tenemos el lamentable récord de ser uno de los primeros países en los cuales los equipos de antropología forense se dedican a buscar gente que no tiene identidad”.Asimismo, destacó que es muy importante “el lenguaje audiovisual que, a través de entrevistas y archivos de televisión, aparece, por ejemplo, una parte de un almuerzo con Mirtha Legrand, entrevistas en distintos medios y canales donde ellos fueron dejando su huella, como cuando se halló a Léonie Duquet en las costas del Uruguay, hay distintos componentes de los medios de comunicación cotidianos que en el documental funcionan como piezas en rompecabezas que lo terminamos de ver a través de todo el documental”.Además, resaltó que “el final es muy abierto, porque el trabajo de ellos continúa y el tratamiento de los números se trabaja un poco con pinzas porque todos los días el equipo los va actualizando entonces no queríamos ser fatalistas en decir éste es el número y de acá no se movió, solamente aparece un texto al principio porque dada la proyección internacional queríamos dejar sentado que el Equipo Argentino estudia el tema de la desaparición de 1974 a 1983”.Cómo llevar la muerte a la pantallaEl editor de “Buscadores de Identidades Robadas” explicó que “el tema de derechos humanos es muy delicado para tratarlo audiovisualmente, pues se cae en victimizar a la víctima, eso hace que sean documentales insoportables de ver, dado que el horror aplasta cualquier tipo de conflicto que pueda tener uno, entonces lo que tratamos de hacer, de una forma muy didáctica es, sin victimizaciones, sin apartarnos de lugares comunes, dejar hablar a los protagonistas e ir mechando del archivo y viendo en qué momento de la historia se tuvieron que enfrentar, por ejemplo al Punto Final, a la Obediencia debida”.Mientras que subrayó que el Equipo Argentino “trabajaba en silencio, le decían el cardumen, porque salían todos juntos, principalmente porque no se sabía muy bien para dónde iba la democracia y ellos tenían información muy importante”.Por otra parte, mencionó que “nosotros tenemos un gran respeto por los cuerpos porque usamos los mismos elementos que nos dio el Equipo Argentino, como ellos trabajan, ellos son muy respetuosos, de hecho no les llaman cadáveres ni huesos, para ellos son personas, son personas que perdieron su identidad, que están en un limbo de la historia en el que fueron ‘desaparecidos’ y ellos devuelven una identidad y dan la posibilidad a sus familiares de darle una sepultura dependiendo de la religión que tengan para generar una paz, para saber que están muertos, pero que están ahí, que son sus huesos”.Y dejó en claro que es “un equipo que puede ser uno de los pocos orgullos que tenemos que tener los argentinos porque se sigue replicando internacionalmente y lo único que espera es que se lo respete y la Justicia tome su trabajo”. Gran documentalista Miguel Rodríguez Arias ha realizado más de treinta documentales, cuatro de ellos directamente vinculados a los derechos humanos. “El Nüremberg argentino” fue el primero sobre el juicio a las Juntas Militares, para el que trabajó con las 530 horas de grabación que había.Antes presentó una biografía de José Luis Cabezas, a cuatro meses de su asesinato. Después, &ldquo
;Civiles y Militares”, en 2009. Sin embargo, uno de sus proyectos más recordados es “Las Patas de la Mentira”, de 1990, en el que por primera vez se puso en práctica el recurso de utilizar imágenes de archivo, dado que apareció en formato video como un trabajo de investigación, con un criterio de crítica a los discursos de la clase dirigente, políticos, periodistas y comunicadores.





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