POSADAS. Dicen que cuando el río suena es porque algo trae. Se avecinan vientos de tormenta en los alrededores de la Escuela de Oficiales de Miguel Lanús. Un grupo de padres se apresta a denunciar tratos inhumanos, más bien bestiales, en el cursillo de adaptación de los aspirantes a cadetes de esa institución de formación policial.Uno de ellos, inclusive, de 17 años, regresó a su terruño natal, en Jardín América, y debió ser trasladado a una clínica privada debido al mal estado en general que presentaba.Allegados a este chico contaron que en una sola jornada, en la del miércoles, bajó dos kilos debido al tremendo esfuerzo físico.La madre apuntó directamente a los instructores como responsables y aunque evitó brindar su identidad, no antes de encontrar abogado, contó algunos aspectos de un trato brutal, feroz.Fuentes de la institución aseguraron que al menos veinticinco aspirantes fueron dados de baja después de ser, literalmente, quebrados física, emocional y psicológicamente durante la maratónica sesión del miércoles.Los padres indicaron que los jóvenes fueron sometidos a una rigurosa exigencia física. “Los hicieron ranear durante horas sin darles un descanso, ni una gota de agua”, señaló uno de ellos.El adolescente de 17 años, incluso, tenía lesiones importantes en las paredes internas de la garganta debido a que le dieron agua, con supuestas sales hidratantes (los denunciantes aseguraron que se asemejaba más a salmuera) que le provocaron quemaduras debido a tantas horas sin ingerir líquidos. Y lo peor, durante una rigurosa y maratónica sesión de ejercicios físicos.Hubo quejas también respecto del tiempo que tenían los cursillantes para desayunar o ducharse. En el primero de los casos les daban cinco minutos para bañarse entre cinco en una ducha a gotas. En el otro debían tomar una tasa de mate cocido casi hirviendo con media galleta en el lapso de dos minutos. La pregunta es ¿para qué?, sino no preparan soldados para la guerra.Muchos jóvenes terminaron quebrados física y psicológicamente. A uno en particular les tiemblan las manos y se come las uñas.Ayer, justamente, iba a tener una entrevista con un psicólogo.No es una historia menor, se trata de chicos con ilusiones, proyectos y anhelos que las autoridades de la Escuela de Oficiales deberían cuidar y proteger, y no abusar de ellos.Muchos llegaron a la Escuela con vocación de policías, porque tenían en serio el sueño de vestir un uniforme.El Policía, antes que nada, debe ser una persona de bien; porque lo cortes no quita lo valiente. La formación debe ser integral, férrea en recursos y valores. Porque se preparan personas para brindar un servicio vital a la sociedad, no bestias entrenadas para vivir como ermitaños en la selva, a base de hierbas y frutos silvestres. Un cambio de mentalidad Justamente en el mismo mes de marzo, pero de 2010, PRIMERA EDICIÓN reflejaba la pesadilla que había atravesado un aspirante en el Instituto Superior de Formación Técnica de Policía (Isfotep), quien permaneció internado en terapia intensiva del hospital Samic de Oberá por secuelas de lo que su familia consideró “terribles” sesiones de gimnasia en ese centro de “capacitación”. Jamás se supo si la investigación iniciada por Jefatura llegó a buen puerto y si hubo responsables apartados, o no, de su cargo.El aspirante fue Mario Brítez (20), cuya historia y destino se perdió en medio de la investigación.Lo más llamativo fue la declaración del entonces titular de ese Instituto, quien pareció justificar los excesos en que “formamos a futuros policías para situaciones conflictivas o que superan el límite de sus posibilidades para que las superen con creces. Por ahí plantean que se los dejó una hora o dos en el sol y puede ser, porque es parte del ejercicio, ya que los policías estamos a veces hasta doce horas en el sol”.Claro, no hubo en ese entonces espacio para recordarle al general que se preparan aspirantes a policías y no ‘comandos’ capaces de tomar por asalto la residencia de un líder talibán, sunita o chiíta; o cual Rambo en medio de las tropas del Viet-cong.Incluso, era para discutir eso de “las más de doce horas en el sol”, una situación que no sucedía hacía años y tampoco sucede en la actualidad. Primero porque los muchachos encuentran siempre una esquina con buena sombra y segundo, porque esa cantidad de horas puede llegar a darse sólo ante una manifestación social de significación, como la que protagonizaron días atrás los docentes misioneros.Pero en el caso de los aspirantes se trata de jóvenes que se aprestar a iniciar una carrera policial y que más adelante, en todo caso, pueden realizar, si les compete, un curso de perfeccionamiento o superar las pruebas para formar parte de grupos de elite o especializados como el GOE, por citar un ejemplo.Los excesos en los organismos de formación policial no son nuevos, pero por un motivo u otro jamás terminan o son erradicados. Quizás falte un cambio de mentalidad en la conducción.





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