POSADAS. La historia de los Piriz impacta, golpea, sacude y más para quien está acostumbrado a desviar la mirada cuando ve a quienes recogen cartones o revuelven en los contenedores de basura, en busca de comida o algo que pueda servirles para engañar al estómago. Detrás de cada uno de ellos hay una historia de cómo llegaron a esa situación, un por qué… y a pesar de los duros golpes que recibieron en la vida, hay quienes están dispuestos a salir adelante, a superarse y se atreven a soñar con un mejor pasar.Sergio Piriz (39 años) es “padre y madre” de Sergio Miguel (8 años) y Elizabeth (6), sus hijos que lo movilizan a levantarse cada día para enfrentar la lucha en búsqueda de “algo para subsistir” y rezar “para que no haya tormentas”, porque ni siquiera tienen un techo donde refugiarse.La imagen de Piriz con su carrito y los dos pequeños llamó la atención de los vecinos del barrio Cristo Rey (Chacra 32-33) de Posadas, quienes poco a poco fueron descubriendo que no se trataba de ningún alcohólico, que no pedía dinero, trataba muy bien a sus niños y no los “explotaba” laboralmente. Así empezaron a colaborar con él y con los pequeños, al punto que le consiguieron una pequeña carpa para que se instale hasta que encuentre un lugar mejor y hasta le prestaron la ducha para que se higienicen, además de donarles unas ropitas, juguetes y brindarles un plato de comida.“Hace cuatro años vivíamos en Cerro Azul y yo trabaja en un pinal, cortando y cargando a ‘nuca’, a mano. Trabajé toda la vida en la chacra. Un día vino un hermano carnal para vivir en casa y lo encontré en situación de adulterio con quien era mi esposa, cuando mis hijos en ese momento tenían dos y cinco años y estaban bajo el mismo techo”, comenzó explicando sin rodeos Sergio Piriz a PRIMERA EDICIÓN.Luego siguió narrando que “en ese momento hice la denuncia en Alem para retirarme de mi casa, porque yo no podía permitir eso. Mis hijos quedaron con ella durante unos seis meses y después me enteré de que vendieron la casita que teníamos. Allí ella (su ex señora) dejó a los chicos y se fue, por lo que yo los traje conmigo. Ahora ya están grandes, pasamos frío, alegrías y tristezas. Vine a Posadas porque creí que acá habría más rebusque y me volqué al cartón para conseguir unos pesos”.La realidad le mostró a Piriz que no sería tan sencillo progresar con el cartoneo, pero se juramentó no separarse jamás de sus hijos y los consejos de “las fuerzas públicas” le infundieron temor para buscar asistencia social. “Yo me iba al centro a cartonear de noche y las fuerzas públicas me hablaron bien y me dijeron que no puedo hacer ese trabajo con menores a la noche, ‘porque te topás con alcohólicos y drogadictos, asistencia social te puede sacar los chicos´. Pero a donde voy ellos están conmigo porque me quedé totalmente en la calle después de aquella situación en lo que era mi hogar”, explica.Según los vecinos, aquella advertencia de la Policía caló muy profundo en Piriz, que no quiere acudir en busca de algún tipo de ayuda social por temor a que lo separen de sus hijos. “Quiero que mis hijos estudien y no les pase lo que a mí me pasó. Que digan que papá hizo lo imposible para que estudien y sean personas de bien”, resaltó el hombre que además del golpe emocional muy grande tuvo un accidente que le provocó la rotura de una pierna que quedó “a medio arreglar”. “Tengo un platino con doce clavos y quedó medio abierto, eso hace que ninguna empresa me quiera tomar, porque yo hago trabajos de todo tipo, incluso como albañil y pintor, no le huyo al trabajo porque es lo más digno, soy pobre, pero quiero salir adelante por mis hijos”, apuntó.Durante los dos años y tres meses que llevan en Posadas vivieron en las plazoletas de la avenida Mitre, cerca de la placita del Puente.Ayuda de los vecinos Susi Castro y su familia es una de las vecinas que se solidarizó con los Piriz, que están ahora con su carpita sobre Lavalle frente a la mueblería Zitelli. “Están los tres solitos. El señor tiene una herida grande en su pierna y le conseguimos unos remedios. Pedimos a alguien que pueda ayudarlos no con donaciones de dinero, sino que él necesita un trabajo. Son limpios, correctos, precisan de un techo. Hasta le prestamos el baño para que puedan asearse. También colaboraron el padre Javier, la hermana Ramona y otro señor Miguel. Necesita una mano de todos para que puedan tener una mejor calidad de vida. La comida que se les da él casi ni come, se lo da todo a sus hijos”.Susi imploró: “Sé que casos como estos hay muchos, pero no estamos exentos de que nos pueda pasar lo mismo a cualquiera. No es alcohólico y como ciudadanos deberíamos ayudarle”.





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