POSADAS. Desde hace más de una década las selvas y paisajes misioneros de Alberto Mathot “son mundos para explorar y descubrir, donde la esperanza sólo permite seguir rayos de luz que nos señalan un camino, un punto donde comenzamos a recorrer la obra. Todo sugiere que estamos invitados a entrar en ella, a dejar de ser espectadores para, en parte, pasar a ser protagonistas”, una sensación que también supo transmitir con el pesebre nativo que expuso en la Fiesta de la Navidad, que se llevó a cabo a fines de diciembre en su ciudad natal, Leandro N. Alem.Sobre la obra, de características únicas, puesto que no se encontraron evidencias de que exista un pesebre con estas particularidades, realizado con este material, el artista comentó que “está modelado en masilla epoxi, llevó aproximadamente once kilogramos. Como el factor tiempo apremió bastante, porque el trabajo era paralelo a otras actividades, la escenografía de fondo es una copia de uno de mis cuadros, para dar el marco apropiado al monte”.Sin embargo la composición no terminó aquí, “actualmente me estoy dedicando al modelado de aves y distintos animales que existen en nuestra selva, para completar la obra”, explicó Mathot, al tiempo que confesó que “a pesar de no ser aborigen, ni tener antepasados en ellos, me siento parte de esta cultura que nos han legado y que debemos preservar, igual que la naturaleza que tanto aman y cuidan, mejor que el hombre blanco”.Esta idea surgió a partir de la muestra de pesebres del mundo que se presentó en el marco de la Fiesta Nacional del Litoral de la Navidad, para la que se tuvieron en cuenta distintos escenarios para el nacimiento de Cristo.Así fue que se adquirieron distintas figuras de pesebres y las escenografías y vestuarios, que realizó Graciela Vallerino, una de las integrantes de la comisión. “Fue allí que se encontraron con que no había nada que nos identificara como misioneros y buscando a alguien que se animara a representarlo, el presidente de la comisión organizadora del encuentro, Marcelo Dacher, me preguntó si quería intentarlo. Como me gustan los desafíos, la idea me dio vueltas en la cabeza, pensando materiales posibles, escenografías, figuras y demás cosas necesarias, así comencé algunos bocetos y luego con el modelado, primero un armazón en alambre, que luego forré y cubrí con epoxi”, contó el autor a PRIMERA EDICIÓN. Mientras que detalló que “buscando en los medios posibles no hallamos referencias de que se haya realizado otro pesebre de éstas caracteísticas aún, lo que no quita que exista y no lo sabemos”. Y fueron muchos los que colaboraron, dado que Alberto recurrió a modelos de su familia para tomar proporciones, como así también a la lectura de imágenes de aborígenes, para modelar lo mejor posible; además algunas de las alumnas del taller que dirije aportaron material fotográfico. “Jesús también nació así, de manera natural, despojado de todo lujo, para que podamos entender el verdadero significado de su venida y, sobre todo, vino para todos por igual, así nos demostró que es lo que realmente importa”, expresó el artista misionero, amante de su tierra colorada y su naturaleza.




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