OBERÁ. Lo que en un principio parecía un sueño o hasta una locura se hizo realidad para los mellizos Pablo y Javier Malczewski hicieron cumbre en el Aconcagua (Mendoza), a 6.962 metros sobre el nivel del mar, en la montaña más alta del continente.“Es algo que veníamos soñando y armando hace mucho tiempo. Nos preparamos desde hace un año, cuando surgió la idea empezamos a buscar información porque ninguno tenía ningún tipo de experiencia sobre esto. Así que buscamos información sobre la indumentaria, la preparación física y todo lo que tiene que ver con la montaña. Salimos a entrenar con la indumentaria que íbamos a usar allá, también cargando la mochila, que iba a tener mucho peso. Nos comunicamos con una empresa de Tucumán que nos ayudó en la parte principal, que es la experiencia en la montaña. Fuimos a hacer algunos cerros y eso nos sirvió mucho porque nunca habíamos hecho algo parecido”, contó aún emocionado Pablo.La expedición se llamó “Apuna matata”. Fue una inolvidable experiencia de este grupo de cuatro amigos, que sigue sorprendiendo: Pablo y Javier Malczewski, Gabriel Monsú y Franco Mauri“En diez días hicimos cumbre. Salimos el 28 de diciembre y el 7, a las 15, hicimos cumbre. Para bajar a la base del cerro demoramos otros tres días. El nombre de la expedición surgió de Gabriel Monsú, cuando hicimos cumbre en el cerro Negrito de Tucumán, por la situación de apunamiento por la falta de experiencia. Se le ocurrió el nombre y nos pareció simpático llamarla así. Nosotros nos apuramos un poco porque el plan original incluía más días, pero llegás allá y te encontrás con diferentes grupos, cada uno con su plan. En la montaña pasa algo muy específico que son las ventanas para poder hacer cima, porque el clima no es bueno. Hay mucho viento, tormentas, y vas consultando en los campamentos base cómo está el clima para poder seguir. Te dicen muchas veces ‘apurá el ritmo’, para llegar a la ventana. Nos pasó a nosotros, hicimos macana por eso. Gaby y Franco llegaron a 6 mil metros, que es altísimo y falta mucho oxigeno. Todos los sentimos de diferentes maneras”, agregó.El sentido de compañerismo es fundamental para una aventura como la que se propusieron y el hecho de que los cuatro hayan juntos al rugby ayudó y tuvo mucho que ver por la filosofía de equipo.“Los cuatro nos conocemos desde muy chicos, el haber compartido un deporte como el rugby nos afianzó. La actividad es costosa, para nosotros fue bastante cara, porque compramos casi toda la indumentaria. Hay que probarla y usarla antes. Tenemos intensiones de seguir haciendo esto, conocimos mucha gente, la experiencia es fantástica. Nos invitaron a ir a El Chalten. El día de mañana queremos hacer algo más alto. Nos enamoramos de esto y queremos seguir porque es algo muy emocionante”, finalizó el joven.





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