POSADAS. Declaró ayer por primera vez el único detenido e imputado por el crimen de la maestra Isolina Jazmín Stang, ultimada de una puñalada en el pecho el 6 de este mes, cuando aguardaba el colectivo en una parada ubicada en la avenida 147, de acceso a Itaembé Miní.Las expectativas por lo que pudiera decir Eduardo Luis Guzmán se desplomaron a medida que aumentaban las pruebas en su contra. En la previa se daba por descontado que intentaría mejorar su situación procesal y así fue.Reconoció que apuñaló a la docente de 34 años, pero en su defensa adujo que se trató de un accidente. Es decir, forcejearon por la cartera y ella cayó encima de él, justo encima del cuchillo que atravesó su corazón.Sin dudas, una coartada con un objetivo unívoco: tratar de eludir un procesamiento que lo pueda llevar a una sentencia a perpetuidad.No es lo mismo matar a una mujer tirada en el suelo, indefensa, de un puntazo en el corazón a que ella haya caído accidentalmente sobre el arma homicida. Claro que una cosa es la versión que el acusado dio del hecho y otra, muy diferente, la que maneja la Justicia, en base a pruebas de peso e inobjetables sobre su conducta criminal.En otro segmento de su declaración indagatoria, Guzmán reconoció que al momento del crimen estaba drogado, que durante toda la noche había consumido cerveza, vino y clonazepam.Por eso, quizás, argumentó que no recuerda nada de lo que hizo o dijo después de atacar a Stang.Es decir, en otras palabras, no recuerda que escondió deliberadamente el arma homicida, que lavó sus prendas de vestir para ocultar las manchas de sangre de la víctima y que siguió bebiendo vino con coca con una frialdad que estremece y pone la piel de gallina.Es probable que, por el cúmulo de pruebas en su contra, la suerte estuviera echada para él mucho antes de que pidiera ampliar su declaración indagatoria.De alguna manera guió a los investigadores hasta el lugar donde estaba escondido el cuchillo; el malezal en que abandonó la cartera de la maestra jardinera; y como si fuera poco, fue identificado por la testigo clave en rueda de sospechosos.Justamente, el testimonio de esta mujer resultó decisivo para el esclarecimiento del hecho. Ella aportó la descripción física del menor, de trece años, que participó en el homicidio de Isolina Jazmín Stang.“Cabello rasurado en los costados y mechón rubio al medio”, habría dicho sobre el adolescente. Una mujer policía escuchó la descripción y rápidamente adivinó de quién se trataba.Así comenzó a resolverse la muerte de Stang, tan injusta como sinsentido.Dicen que Guzmán lloró cuando escuchó por primera vez que podría afrontar cargos que podrían llevarlo a prisión perpetua. Es probable que haya tomado dimensión de lo que hizo, pensando quizás más en él que en la víctima, que dejó tres chicos en esta vida y una familia partida al medio por el dolor y el sabor amargo de la injusticia. Lo que se vienePara los investigadores y también para la Justicia, el caso Stang está cerrado. Es más, el juez del fuero penal Marcelo Cardozo, a cargo del Juzgado de Instrucción 7 de Posadas, ya tiene en mente el auto de procesamiento.No porque lo haya dicho o adelantado opinión, sino por el cúmulo de pruebas en contra del único criminal imputable en este caso, Eduardo Luis Guzmán (el otro, aunque menor, permanece alojado en el Instituto Correccional y de Menores de Miguel Lanús).Desde ayer se transformó en un homicida confeso. En la Unidad Penal VI aguardará el momento del juicio oral, aunque es más probable que acuerde un abreviado.





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