BAGDAD, Irak (AFP-NA). Al menos cincuenta personas murieron en una ola de atentados en Irak este miércoles, el mismo día en que los insurgentes seguían ganando terreno a las fuerzas de seguridad en la convulsa provincia Al Anbar. A sólo tres meses de las elecciones generales previstas en abril, se trata de un nuevo doble revés para las autoridades iraquíes que tratan de atajar un recrudecimiento de la violencia desde hace un año. Diplomáticos como el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, han urgido al Gobierno iraquí a buscar una reconciliación política para resolver la violencia y los enfrentamientos en Al Anbar. Pero el primer ministro Nuri al Maliki ha descartado cualquier diálogo con los insurgentes mientras sus fuerzas llevaban a cabo operaciones masivas de seguridad. Los atentados de este miércoles mataron a por lo menos cincuenta personas e hirieron a varias decenas, según fuentes de seguridad y médicas, la mayoría en Bagdad. Veinticuatro personas murieron y varias decenas resultaron heridas en la explosión de al menos siete coches bomba con unos minutos de intervalo. Uno estalló en un mercado abarrotado de Chaab (norte) y otro delante de un restaurante muy concurrido de la calle Saná, donde podían verse rastros de sangre e importantes daños materiales, según las mismas fuentes. Al nordeste de la capital, al menos 16 personas murieron y otras veinte resultaron heridas cuando un kamikaze detonó su cinturón de explosivos en el funeral de un miliciano anti Al Qaeda de las milicias Sahwa, según un oficial de la policía de esta ciudad cercana a Baquba y fuentes médicas. Otras seis personas, entre ellas tres soldados, murieron en ataques dentro y en torno a la ciudad de Mosul (norte). Mientras tanto, al oeste de la capital, las fuerzas gubernamentales continuaron perdiendo terreno en la provincia de Al Anbar frente a los yihadistas sunitas del Estado Islámico en Irak y Levante (EIIL, vinculado a Al Qaeda). Estos rebeldes tomaron el control en las últimas semanas de varios sectores de Ramadi, capital de la provincia situada a 100 kilómetros de Bagdad, y controlan, junto con otros combatientes tribales antigubernamentales, la ciudad de Faluya, distante de 40 kilómetros. Es la primera vez desde la insurrección posterior a la invasión estadounidense de 2003, que militantes de Al Qaeda -hoy una fuerza importante en el conflicto en la vecina Siria- toman tan abiertamente el control de zonas urbanas en Irak.





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