POSADAS. Estaba declarado en “rebeldía” desde el 12 de junio de 2012, fecha en la que estaba previsto que comience el juicio oral por el crimen que cometió. Pero cuando la Justicia le pisaba los talones se pegó un tiro en la cabeza. Se trata de Luciano Contín, de 62 años, quien se quitó la vida de un disparo el pasado miércoles a la noche, cuando estaba rodeado por la Policía de Misiones. Tal como se publicó ayer, el dramático episodio se registró a las 21.30, dentro de una vivienda tipo dúplex ubicada frente a la terminal de ómnibus de Posadas (avenida Santa Catalina casi calle 120). A ese lugar llegó una comisión de la Dirección de Investigaciones, que lo buscaba desde hace varias semanas (vía oficio de un Juzgado correntino). Contín se acercó a una ventana del segundo piso del inmueble que alquilaba junto a su pareja, una mujer mayor de edad. Observó por unos segundos y según revelaron algunos uniformados, corrió rápidamente la cortina, en evidente signo de que se había percatado de la presencia policial. Posteriormente se supo que, efectivamente, el prófugo hasta en los últimos minutos de vida no perdió su olfato de fugitivo, ya que en anteriores ocasiones había logrado escurrirse de la Policía. Luego y por testimonio de su acompañante trascendieron detalles que muestran la frialdad que mostró el individuo. “Escondete en el ropero, yo voy a bajar”, le habría dicho a su pareja, con el evidente objetivo de evitarle que observe el momento en que se volaba los sesos. Acto seguido, se dirigió a la planta baja de su departamento, apagó las luces y tomó un revólver calibre 38 largo. Apoyó el cañón en su sien derecha y antes de apretar el gatillo seguramente se convenció de que una vez más escapaba de las autoridades, aunque por última y definitiva vez.Cuando los uniformados misioneros ingresaron a la vivienda, tras forzar una reja y la puerta de acceso con barretas, se toparon con el cadáver del fugitivo. La mujer, atemorizada, continuaba oculta, acatando la orden de su ya extinta pareja. EscurridizoContín esperaba el juicio oral y de un día para otro desapareció de suelo correntino. Iba a ser juzgado por el alevoso crimen de Fabián Hidalgo, un joven de 28 años, perpetrado en 2004 (ver recuadro). Tras el hecho, que conmovió a la pequeña localidad de Caá-Catí, Corrientes (de donde son oriundos los involucrados), el imputado solicitó a través de su abogado permanecer en libertad por problemas de salud. Nunca más se presentó a las audiencias y fue declarado en rebeldía por la Justicia de su provincia. Ni siquiera su defensor lo podía ubicar luego. En varias ocasiones la Policía de Corrientes intentó ubicarlo en Misiones, pero se escapaba. Durante un año se ganó la vida en Misiones trabajando en el Mercado Central, donde comercializaba naranjas.




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