POSADAS. Por “atreverse” a observar decisiones del Iprodha, la familia Galarza sobrelleva una pesadilla hace casi seis meses, que recrudeció la semana pasada. “Podemos tardar un año más si queremos”, fueron las supuestas declaraciones del jefe de obras a la jefa de hogar, Carina Gladis Vera, al día siguiente de hacer público su calvario a través de PRIMERA EDICIÓN. Había tomado esa decisión porque estaba harta de esperar a que empiecen las obras de su vivienda solidaria. No obstante, al revés de lo que esperaba y mientras la salud de su esposo y su hija sigue empeorando, sólo reciben amenazas y represalias, según insistió al volver a denunciar a este diario. Su caso había sido expuesto en dos oportunidades, la primera vez cuando Carina decidió no aguantar más la desesperación de vivir en un rancho de cuatro por cuatro, porque la promesa de la casa no se materializó. Luego, ante nuevas promesas incumplidas por parte del Iprodha, insistió con la exposición pública y la “caza de brujas se desató”, según confió, porque su marido, quien se desempeñaba como sereno del obrador, en condiciones de informalidad y precariedad laboral, fue despedido.“Me vinieron a decir que si seguía hablando iban a tardar un año más si querían, pero no me quiero callar tanto atropello”, contó desesperada. Relató Carina: “Recién después de que hicimos público nuestro padecimiento, se acercaron los trabajadores sociales y técnicos de la empresa constructora para hablar con nosotros. Nos tuvieron cinco meses sin que aparezca nadie, por más que fui muchísimas veces a preguntar qué pasaba”. “Después de la primera nota se acercaron con la promesa de que iban a empezar la obra y nos mandaron a demoler la parte de la estructura que todavía quedaba en pie, para hacer el baño. Pero la obra se paralizó allí. Ahora tenemos que soportar estos días de lluvia y frío, fueron la peor pesadilla jamás imaginada por la familia”, fue su angustiosa explicación.Lo cierto es que a días del artículo, un grupo de obreros rellenó la zona que rodea la vivienda con tierra, que quedó al borde de la casa y, con estos días de mal tiempo, no sólo hay barro por doquier sino que el agua acumulada por la lluvia ingresó a la casa. “Se nos mojó todo y ahora no sabemos donde meternos. Mi hija (quien padece la afección renal irreversible) está alojándose en la casa de una vecina que vive más arriba porque no tengo dónde acostarla. Tengo cinco hijos y sólo dos camitas que están secas, ahí nos tenemos que acomodar todos. Es un tormento. Hoy (por ayer) los llamé para que vengan a ver y supuestamente iban a hacerlo (pero al cierre de esta edición nunca aparecieron). Nadie se hace cargo de nada, estamos todos afectados en la salud, con problemas pulmonares por tener que vivir en esta casa. Es tanta la humedad que no tenemos ropa, ni siquiera las camas secas. Desde el Iprodha me dicen que ellos no se pueden hacer cargo de la situación, pero ellos me dijeron que rompiera mi casa porque iban a empezar las obras y ahora me hicieron a un lado”.“Cuando los ingenieros me dijeron que rompa la casa y me haga esta pieza para aguantar hice lo que me pidieron. Siempre hice y seguí todo al pie de la letra, pero ¿cuántos meses pasaron y no hicieron nada? “Cuando se hizo insostenible la situación y nunca me respondieron, hicimos público nuestro caso, ahí amenazaron a mi marido de que lo iban a dejar sin trabajo, pero decidimos hacerlo porque esto ya es inhumano”, declaró angustiada.




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