POSADAS. La cantidad de actividades que despliegan “Los abuelos piolas” del club Centenario, ubicado en la avenida homónima, entre Tomás Guido y Santa Catalina, hace que la categoría “pasivos”, con la que se los identifica desde el Estado, parezca desacertada. Por estos días, a las clases semanales de yoga, danza folklórica, coro, teatro, juegos de mesa, gimnasia y caminatas por la costanera, de la que participan los y las abuelas de esta asociación civil, se suma la organización de su cumpleaños número 30. La fiesta, seguida de discoteca y conjuntos musicales, se realizará el viernes -es decir, el mismo día del aniversario- desde las 17, en el Club Atlético Posadas.Un estilo de vida“Si no existiera el club estaríamos mal, encerraditas en nuestras casas. Pero tenemos este lugar y venir acá es una diversión”, destacó a PRIMERA EDICIÓN Eva María Teresa Rodríguez (71), quien desde el 15 de mayo pasado ocupa el cargo de directora de la asociación. “En la tercera edad es como que volvemos a ser jóvenes, vivimos con mucha alegría, y eso es terapéutico, porque las dolencias que por ahí uno tiene a esta edad se sienten menos”, destacó mientras analizaba junto a la vicepresidenta, Laura López (75), y Kelita Rocha (82), ex presidenta, la factura de Emsa, que como todos los meses, deben pagar. Para ese gasto y los de teléfono y agua que requiere el funcionamiento de su salón sólo cuentan con la cuota societaria de los 230 abuelos -abonan 10 pesos cada uno- y lo que reciben por cada persona que retira el módulo alimentario de Pami -5 pesos por bolsón- ya que hace diez años ese espacio es boca de entrega.Cumplir un sueño“Treinta años son treinta años y queremos festejarlos de la mejor manera. Quiero que sea una fiesta abierta porque queremos compartir nuestra alegría”, señaló Kelita. La semana pasada se reunió con representantes de otros centros de jubilados, ocasión que aprovechó para recordarles la invitación a la fiesta aniversario. “Yo les dije ‘tengo un sueño de hacer una gran fiesta, si todos colaboramos con un poco de comidas y bebidas, ¿ustedes creen que se va a poder cumplir? Y todos los abuelos me dijeron ¡sí!’”, relató emocionada a este matutino.Si bien a algunos funcionarios les prometieron colaborar con la discoteca para el evento, los abuelos no se quedan de brazos cruzados esperando que las cosas lleguen. Tal es así que al instante Kelita se dirigió a los abuelos que se encontraban en el salón merendando y les dijo: “Escuchen todos. Tenemos una torta que nos donaron, así que ya compré un talonario para vender una rifa. Esa platita que juntemos nos va a servir para la fiesta”. En seguida comenzaron a repartir los numeritos para que cada abuelo los venda entre sus vecinos y allegados.Otro cumpleañosEl 7 de septiembre los abuelos volverán a festejar. En este caso celebrarán los catorce años del salón construido gracias a las innumerables gestiones y pedidos a autoridades del Ministerio de Desarrollo Social y a ventas comunitarias de rifas y comidas.“Yo estoy hace 28 años en el club, y gran parte de esta sede se construyó con nuestras tortas fritas con anís”, resaltó Kelita. La abuela recordó que el primer año se reunían en el salón comunitario, ubicado a pocos metros de la sede. “Pero luego deambulamos 16 años de casa en casa: cada año nos reuníamos en la casa de un abuelo. Y a cada uno le fuimos arreglando lo que hacía falta, si tenía una gotera, si faltaba pintar el lugar, etcétera”, dijo.En las buenas y en las malasComo podrá apreciarse, la vida de cada uno de estos abuelos gira en torno a la asociación, y lo hacen con gran compromiso y buena fe. la visita de este matutino señalaron que una abuela, “una de nuestras artesanas”, como llaman a Alpina Benítez, perdió su casa en un incendio. “Por un momento pensamos en suspender la fiesta aniversario y dedicarnos de lleno a ayudarle a recuperar sus cosas. Pero al final pudimos solucionar; con ayuda de los vecinos conseguimos muebles, ropa y todo lo que necesitaba. Así que ahora nos preparamos para nuestra fiesta”, dijo Rodríguez.Esas paradojas…El club de abuelos comparte el predio fiscal -que es abierto, sin rejas y cuenta con una cancha de fútbol- con el salón comunitario. Este espacio fue construido hace al menos cincuenta años con colaboración de todo el vecindario. “Yo tenía un almacén y colaboré mucho con la construcción del salón”, recordó Rodríguez. Lo contradictorio es que desoyendo toda esa historia solidaria, hoy el salón permanece bajo llave y quien las tiene -una mujer entrerriana con influencias políticas- lo alquila a 1.000 pesos todos los fines de semana. Los altos costos hicieron que los abuelos no pudieran celebrar su fiesta en la que, podría decirse, es su casa.




Discussion about this post